Me quedé callada mientras intercambiábamos miradas con el Damián, que por su parte lamentó la interrupción de la tal Millaray con una sola mirada. Me susurró un pequeño "espérame" y luego volvió a colocar su vista en ella.
Cosa que me hizo enojar, por alguna extraña razón esperaba un "no" de su boca, que me tomara de la mano y nos fuéramos, pero ¿A quién quería engañar? Esas cosas no iban a pasar, fuera cual fuera el caso, el vínculo que los unía a los dos debía ser mucho más fuerte que el que me unía a mí con él.
—Vamos a mi pieza—Le habló con normalidad y la expresión neutra—, pero hazla corta, no tengo mucho tiempo.
Ella asintió.
—Obvio.
Me lanzó una mirada rápida y luego dio media vuelta, retrocediendo por el pasillo y dirigiéndose a una de las tantas puertas que había por el mismo lado izquierdo.
El Damián se volteó, guiñándome un ojo.
—Nuestra conversación queda pendiente, princesa.
Tragué saliva y no dije nada, simplemente me limité a ver cómo su figura desaparecía al entrar por la puerta.
Mi corazón dio un vuelco, y algo raro se sintió en mi estómago. La verdad estaba nerviosa y muy curiosa de lo que podían estar hablando o haciendo, aunque al menos no estaba tan insegura ya que el Damián no había cerrado su puerta por completo, estaba junta.
Quizás si me acercaba, podía escuchar algo...
La pensé varias veces, y a pesar de que estaba en contra de mis ideales espiar por la puerta, la curiosidad que tenía iba mucho más allá de cualquier otra cosa. Necesitaba confirmar mis sospechas, aunque eso me convirtiera en una hueona copuchenta.
Me saqué los tacones para que no escucharan mis pasos y así poder indagar mejor.
Caminé lentamente por el pasillo, rogando para que no se dieran cuenta de mi presencia, ni mucho menos alguien externo, familiar del Damián se diera cuenta que lo espiaba a él y a su cuñada.
No tuve que acercarme mucho a la puerta para cachar el panorama que había más o menos.
Sentía mis mejillas ardiendo.
—No sabía que tenías polola—La voz de la Millaray era dolida, como si estuviese reclamándole algo.
—¿Tenía que contártelo? —Respondió el Damián con un tono de voz de pocos amigos.
Pasé el peso de mi pierna hacia la otra mientras encontraba una buena postura para oír mejor.
—No lo entiendo. ¿Por qué estás así conmigo? Sabes muy bien que las cosas iban a terminar así, Damián. Yo estoy con tu hermano y ahora, en unos pocos días más, seré su esposa. Ese fue el camino que escogí y tú estuviste de acuerdo. ¿Ahora por qué te comportai de esa manera?
Me mordí el labio. ¿Cómo la estaría mirando ahora?
¿Triste?
¿Enojado?
—Estoy igual que siempre, y así como tú decidiste seguir tu vida, yo también estoy siguiendo con la mía—Le dejó en claro—. Además, ni tú me debes explicaciones, ni yo te las debo a ti. Así que no esperes que te cuente si estoy con alguien o no, no es tema tuyo.
—Nunca quise que las cosas terminaran así...
¿Cómo se habían conocido?
¿El Damián había traicionado a su hermano realmente?
No podía creerlo.
Acerqué aún más mi oído.
—Diría lo mismo, pero jamás tuvimos futuro, Millaray—Podía lograr imaginar su sonrisa amarga—, ¿Desde cuándo resulta una relación entre profesora y alumno? No seai ingenua, las cosas están bien así y punto. Nada de cursilerías, hace rato que esta hueá murió.
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Condiciones
Novela JuvenilDonde la Denise actúa como alguien que no es y el Damián la descubre.
