No sabía si aquellas miradas que descansaban en mí a lo largo de las clases o los recreos se debían a mí característico corte de pelo nuevo o simplemente porque se habían enterado de mi vida entera durante la semana pasada. Me inclinaba más por la segunda, pero trataba de hacer mi mejor esfuerzo en ignorarlas, convenciéndome en lo patéticos que eran por meterse en vida ajena.
Hice un bosquejo de algo sin sentido en mi cuaderno mientras escuchaba la voz del profe de Matemáticas. Ya estábamos a principios de Mayo, y claramente aún no se cumplían los días de suspensión de los chiquillos, debía admitir que mi mirada no paraba de colarse sobre el asiento del Damián, preguntándome si estaba bien, si había comido como debía hacerlo, si dormía por las noches, o si ya se habían arreglado las cosas en su casa...
Cerraba mis ojos a los segundos que esos pensamientos se avecinaban, recordando la decisión que había tomado y que debía cumplir por el bien de él. Había sido difícil sobrellevar el arrepentimiento que cargaba y la culpa también, sabía más que nadie en la complicada situación en la que se encontraba y sentía que me había hecho a un lado justamente cuando el más me necesitaba.
Me pasé las manos por mi pálido rostro, ignorando las ansias de escribirle. Debía parar de pensar tanto en él. ¿Cómo podía ser algo tan complicado? Tenía que calmarme y no envolverme ante su recuerdo del día que lo encontré en la plaza y lloró entre mis brazos.
—Denise—Habló bajito la Anto a mi lado. Le dediqué una mirada rápida y noté como apuntaba con su portaminas celeste hacia la hoja que descansaba en su mesa, claramente refiriéndose a una factorización de polinomios. Arrugó su frente—, ¿sabes qué resultado da?
Le quité el portaminas y tomé su hoja, resolviendo el ejercicio, distrayéndome por fin de mis traicioneros pensamientos.
—Ahí está—Dije a los cinco minutos.
Se quedó asombrada.
—Guau, siempre supe que no sólo eras una cara bonita. ¿Hay algo que no sepas hacer bien? —Me elogió a lo que sonreí negando con la cabeza.
—Créeme, muchas cosas.
Se me quedó viendo un rato, para después hacer un puchero.
—¿Te sientes muy incómoda hoy? —Cambió de tema tomándome desprevenida. Me encogí un poco pensando en cómo me sentía realmente, pero no había mucho qué decir, porque me sentía vacía, por más raro que sonase, por alguna extraña circunstancia, no lograba conectar con nada, como nunca me había sucedido.
—Lo normal, pensé que sería peor—Admití. Agradecía completamente la suspensión del Franco, aquello me había ayudado bastante, aunque sabía que tarde o temprano volvería y tendría que verlo, por más horrible y repulsivo que fuese.
—Deberías sentirte como una diosa, amo como te queda el pelo castaño—Me guiñó el ojo. —, y obviamente las miradas de todos es por lo hermosa que te ves.
Le di un pequeño empujón y sentí como mi corazón se llenaba de calor, los comentarios de la Anto tenían el gran poder de lograr atravesar la barrera que ponía ante todos, y por primera vez sentía que tenía una amiga en quién confiar y apoyarme de todo mal. Se sentía bien.
—Gracias—En la comisura de mis labios se curvó una pequeña sonrisa y sus labios formaron una o que por unos segundos se me hizo chistosa.
—¡Erís tan tierna! —Rodeó mi cuello con sus brazos y chocó su mejilla contra la mía, dándome un apretado abrazo—, y estoy muy feliz de haberte conocido, siento que estamos construyendo una amistad tan sincera que me llena el corazoncito.
Asentí repetidas veces porque era exactamente lo que yo pensaba.
Y sabía que era egoísta de mi parte aceptar su amistad cuando yo estaba llena de problemas, pero se me hacía muy difícil alejarme.
ESTÁS LEYENDO
Condiciones
Novela JuvenilDonde la Denise actúa como alguien que no es y el Damián la descubre.
