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CAMINÉ hacia la casa de los Grimes, había acordado con Rick y Michonne cuidar de la pequeña Judith ya que ellos tenían que solucionar unos asuntos en Alexandria.
Llamé a la puerta y me encontré la morena, su hija se hallaba entre sus brazos.
- Hola cariño.-Posó un beso sobre mi frente y la pequeña se agarró a mi cuello indicando que la agarrara y así hice.
- ¿Cómo estás cielo?
Suspiré cansada, todos me preguntaban lo mismo al verme.-Bien, mejor que ayer.-Sonreí leve.
-Me alegro, luego nos vemos.
Esta cerró la puerta.
-¿Quieres jugar, Juds?
Esta aplaudió de felicidad y me indicó que quería bajar al suelo, con cuidado la dejé y salió corriendo a la salita.
-¡Espera, enana!
La seguí hasta llegar al rincón en el que se hallaban sus juguetes y sus libros.
-¿Te leo un cuento?
Esta asintió.
-Érase una vez una princesa de cabello muy largo y rubio...
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EL SONIDO de la puerta principal me sobresaltó y fui a abrir, no esperaba a nadie a decir verdad.