You don't know—Katelyn Tarver
El infierno está vacío, todos están aquí. En un mundo cruel dónde todos son egocéntricos creyéndose Dioses.
¿Habrá un cielo que nos rescate de nosotros mismos?
Las fiestas me desinflan al momento que me asfixian. Y no sé por qué.
Tal vez sólo las odiaba, ya que nunca festeje mi cumpleaños, o tuve alguna celebración. Y obviamente jamás había recibido un regalo. Pero hoy, tontamente ese estúpido chico me había dado uno, prometiéndome que jamás alguien me lo quitaría.
Era raro en todos los sentidos. Su manera de caminar, de sonreír. Tan raro al intentar acercarse a mí. Y definitivamente era tan extraño su amor por las gallinas.
Y es que, yo estaba roto, y él estaba lleno de pedazos que me faltaban, y eso es lo que más odiaba.
Creí que se alejaría cuando me burlé de él. O cuando comente sobre el cabello rojo. Nunca creí que de verdad se lo teñiría. Sólo quería que me dejara en paz, pero a cambio obtuve mi primer regalo de cumpleaños: Un globo que se fue volando al cielo. Una flor amarilla y una color rosa.
Y es que, yo amaba las flores.
Era de las pocas cosas que aún me hacían sentir feliz.
Después de que me dejará en mi casa, abrí la puerta y entré a esta. Iba caminando por la sala mientras acariciaba la flor tras mi oreja. Tan sólo tenía que subir las escaleras y entrar a mi habitación.
Sólo eso.
Encerrarme en mi habitación.
Pero el dolor en mi espalda al sentir que algo la golpeaba me detuvo. Y mis piernas temblaron.
Tenía tanto miedo.
Pero sabía que sí no volteaba y lo encaraba, nuevamente me golpearía.
Así que a pasos lentos giré hasta encontrarme con mi padre y a juzgar por su aspecto, estaba más que ebrio.
—¡¿Qué mierda crees qué haces?!—señalo mientras tomo un libro del estante.
—Iba a mi habitación.—respondí aferrándome a la flor.
—¿Habitación? ¡El maldito lugar a dónde deberías de ir es al panteón!
El primer aliento de mi vida, fue el último del de mi madre. Y si pudiera hacer algo para cambiar el que ella viviera en mi lugar, lo haría.
—¡Ven aquí!—volvió a señalar mientras me aventó el libro a la cara.—¡De rodillas y más te vale que lo señales bien!
—Lo siento. Nunca debí haber nacido y lamento ser un asesino. No merezco ser amado y mucho menos comprendido.
Estaba de rodillas frente a él. Rogándole a quien sea que esto parara. Aferrándome a la flor amarilla que sentía que también destruiría si la seguía tocando.
Porque yo destruía todo lo bueno de este mundo.
Es por eso, que lo odiaba.
Odiaba a Jungkook.
Me dolió mucho, un dolor indescriptible: la fuerte patada que dio en mi estómago me hizo casi vomitar lo que sea que hubiese ahí dentro. Y caí al suelo. Tomó mi mentón y me hizo levantar mi vista para verlo: su mirada siempre me asustaba, parecía que el infierno vivía en sus ojos y sus cejas eran un bosque oscuro que me aterrorizaba todas las noches.
ESTÁS LEYENDO
LOS SONIDOS DEL SILENCIO
FanfictionJungkook siempre aceptó lo inusual que él era, pero a veces se preguntaba qué clase de persona veían en él que lo catalogaban como raro. -Soy agnóstico pero ahora mismo... ¡Dios, dime el nombre de ese chico! -¿Él? Se llama Park Jimin. -De hecho, hay...
