You Are My Everything

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You Are My Everything—Gummy

Para ti, que te animaste a ir a la escuela aunque recibías burlas y empujones por no poder oír, que no te rendiste con los primeros no y luchaste para que te respetaran, aunque lo merecías solo por existir. Que me despertabas con los rayos del Sol cuando papá estaba tan molesto para hacerlo, y tú no podías oír un despertador, y me hacías sacar fuerzas de no sé dónde. Que aunque te dolía el cuerpo que tanto te lastimaron, en lugar de ponerte a llorar, te imaginabas estando en otro lugar. Esto es para ti. Porque solo tú y yo sabemos todo lo que hicimos para convencernos de que no eras un error. Por eso y por más, te doy tantas gracias, mi antiguo yo.

Fue algo que pensé mientras el suave toque del sol acariciaba mis párpados mientras me despertaba lentamente. Por primera vez, abrí los ojos con calma, permitiendo que la luz dorada inundara mi visión, y fue entonces cuando me di cuenta de que estaba en nuestra ahora cama, bajo el techo que podía llamar hogar. Una sensación de paz y tranquilidad me invadió al sentir las vibraciones de Jungkook en el piso, haciéndome dirigir la vista hacia la puerta, donde brincaba tratando de que yo lo escuchara. Con esa sonrisa que iluminaba mi vida, y en su mano izquierda una flor amarilla.

Buenos días. —en cuanto notó que lo veía se sentó en la cama, a lo que yo imité.

Buenos días. —respondí con una sonrisa mientras acercaba mi rostro a sus manos que colocaron la flor tras mi oreja.

Casimiro insistió tanto en estar tras tu oreja que no pude negarme a traerlo, ya que le conté que desde hoy vivirás con nosotros e insistió en querer verte.

Mi corazón había sufrido mucho, pero hoy quería volver a recuperarlo.

Gracias... —fijé mi vista en la suya y después acaricié un poco su cabello—. No solo por traer a Casimiro, sino también por tu amor... por tu paciencia, y porque me animaste mientras me guardabas espacio para crecer. Ahora estoy listo, quiero pelear esta guerra contigo.

Para ser sincero, gran parte de la noche no pude dormir. Tenía tanto miedo de que mi padre apareciera en medio de la noche; que tomara lo más preciado para mí y me lo arrebatara. Sentía náuseas solo de imaginar volver a estar encerrado en aquel lugar, quería llorar del pánico que sentía al pensar que si me dormía, al despertar todo hubiera sido solo un sueño.

Pero fue Jungkook quien me tomó entre sus brazos al sentir mi miedo. Acarició mi cabello y besó mis manos cuando estas trataban de asegurarse de que él estuviera realmente ahí.

No te prometo que mañana saldrá el sol, ni que todo estará mejor. Esto no se acabará mañana, pero te juro que se va a acabar. —interrumpió mis pensamientos al besarme la frente y luego sonreír un poco—. Por lo pronto, vivamos solo por hoy.

Estuvimos un rato sentados en la cama, sonriéndonos mutuamente. Después de algunos minutos, salimos a la cocina donde Jungkook preparó waffles. Me explicó que en su trabajo los hacía a diario desde que tenía dieciséis años, y también mencionó que por la tarde iríamos con el Señor Harry para empezar a trabajar allí y poder comprar mi celular.

Seguiremos yendo a la universidad, tenemos que graduarnos. —tomó un poco de su waffle y después me dio un mordisco.—Las cámaras que llevaron Yeonjun y Beomgyu solo eran para hacerle entender a tu padre que también lo estábamos vigilando. ¿Estás bien con eso?

LOS SONIDOS DEL SILENCIOHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora