Back To Me

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Back To Me—The Rose

A veces, las personas no entienden realmente todas las promesas que hacen.

Y a veces, las personas no nos damos cuenta de que deseábamos tanto el amor, anhelábamos tanto experimentarlo, que queríamos que se sintiera visto y escuchado, sin importar de quién viniera. Tanto así, que olvidamos lo esencial, y al final, nos quedamos sin experimentar ninguna de esas cosas.

Y así llega otro ayer. Y seguimos sin saber cómo vivir un hoy.

Estaba sentado en las jardineras de la universidad junto a Beomgyu. El clima de hoy era especialmente suave, con una brisa ligera que acariciaba mi piel y el aroma fresco del césped recién cortado invadía mis sentidos. Las nubes blancas se movían perezosamente, como si no tuvieran prisa por llegar a ningún lugar.

—Entonces, el fin de semana me la pasé ordeñando vacas. Y mi mamá hizo mermelada. Traje para compartir con todos, pero en especial te traje un frasco entero para ti y otro para tu mamá.

Escuchaba su voz y observaba cómo gesticulaba, recreando escenas de su fin de semana. Pero mi mente estaba en otro lugar y, por más que intentaba concentrarme en él, no podía.

—¿A tu mamá... mejor dicho, mi suegra... le gusta la mermelada? —preguntó con una voz tímida, lo que me hizo girar para verlo.

Tenía las manos en las mejillas, que estaban teñidas de un rubor carmín. Su sonrisa era amplia, y sus manos temblaban ligeramente.

—S-sí —respondí, tartamudeando al escuchar aquello.

—Entonces me alegro de haber decidido traerla —dijo mientras sacaba un frasco de su mochila y me lo entregaba—. Te daré el tuyo más tarde.

—¿Más tarde? —repetí, alzando una ceja solo para molestarlo como siempre.

Apenas terminé de hablar, se levantó de un salto, como si tuviera un resorte, y se dio un golpe en la frente antes de recoger sus cosas esparcidas en el suelo y guardarlas en su mochila.

—¡Acabo de recordar algo! —casi gritó, y yo sonreí—. ¡Jimin tiene nuestro tesoro! Necesito ir a buscarlo para que me lo preste —respondió, para después agacharse a mi altura y dejar un beso fugaz en mis labios, haciéndome sentir como si acabara de tocar el cielo—. Nos vemos más tarde...

Lo vi alejarse a pasos rápidos, casi corriendo, y no pude evitar tocar mi corazón que latía con demasiada prisa.

—Eres cruel... Choi Beomgyu —dije en apenas un susurro y una sonrisa que no se iba.

Y deseaba tanto sentirme así, de esa manera, tal vez toda una vida.

Pero mi realidad era otra completamente distinta.

Después de que Beomgyu se alejó, me quedé unos momentos más sentado, dejando que el viento fresco me despejara un poco. Sabía que debía ir a mi clase de piano, pero me sentía atrapado en una constante marea de pensamientos que no podía controlar.

Así que me levanté y me dirigí hacia el edificio de música, pero mientras caminaba, mis pensamientos continuaban nublando mi mente, cada uno más pesado que el anterior.

Entré al salón, y el sonido familiar de las teclas me recibió. Me senté en el banco, tratando de concentrarme en el piano frente a mí, pero mis dedos no respondían. En su lugar, mis pensamientos bloqueaban cualquier intento de tocar aquellas teclas que sentía en ese momento, tenían espinas tan filosas que cortaban mis dedos.

LOS SONIDOS DEL SILENCIODonde viven las historias. Descúbrelo ahora