Stand Out, Fit In—One ok rock
Uso la palabra sustantivo para describir mi vida.
Siempre creí que tenía un nombre, porque cuando hacía lo que se suponía que debía hacer, era llamado su hijo, sumando otros sustantivos como el mejor. Pero un día solo quise ser yo, y entonces ya no era su hijo, ni tenía un nombre. Al parecer, siempre fui un sustantivo que cambiaba a merced de las emociones de mis padres, porque cada vez que se sentían decepcionados, uno nuevo aparecía: imbécil, bueno para nada y, el más grande de todos, decepción.
Estaba nuevamente tirado en mi habitación viendo el techo. Sumándole a mis ojos otro día en el que mis párpados quemaban por el sol que entraba a la habitación cual bomba explosiva dispuesta a quemarme.
Desde que Jungkook había dejado la residencia para mudarse a vivir con Jimin, la habitación se sentía muy solitaria. Había noches en que Taehyung se escabullía de los guardias y se quedaba conmigo, pero cuando no lo lograba, las noches eran tan sombrías y pesadas.
Y es que, ¿se supone que el mundo termina para todos al mismo tiempo?
Porque una guerra comenzó dentro de mí hace tanto que me pregunto si el mundo se acabó solo para mí.
Y no puedo evitar cuestionarme si esta es mi catástrofe.
Los sonidos de la puerta me sacaron del letargo, aunque la cama parecía querer arrastrarme de vuelta. Las cobijas eran como sogas que me ataban, impidiendo que me levantara. Incluso dormir hacía que mi cuerpo doliera un poco más.
Avancé hasta la puerta y, al abrirla, Taehyung entró en la habitación, cerrando la puerta tras de él. Plantó un beso en mis labios, de esos que empiezan tiernos y terminan apasionados.
—Buenos días —murmuró, separándose apenas del beso—. ¿Te gustaría saltarte las clases hoy? Podemos tumbarnos aquí y abrazarnos... —Sus palabras se mezclaron con otro beso, suave, pero lleno de intención.
Y luego, sus labios rozaron mis mejillas.
Después, mi cuello, y una descarga de electricidad recorrió mi cuerpo al sentir sus manos grandes recorriendo mi pecho.
—T-Taehyung... espera...
Tomé sus manos entre las mías, acercando mi rostro a su pecho, hundiéndome en él como si nunca quisiera salir de ahí.
¿Recuerdas el primer día que nos conocimos?
Te conté sobre Re menor y cómo todas mis composiciones llevaban esa sinfonía, mezclada con Do menor, creando un efecto de decaimiento.
Y si pudiéramos regresar a ese momento, te diría que el decaimiento es como sentir que te apagas desde adentro. Una sombra que envuelve lentamente cada rincón de tu ser, dejándote vacío y tan agotado. Y cada paso que das, se vuelve más pesado, como si algo te estuviera arrastrando hacia lo más profundo de ti mismo.
Pero ahora sé que, incluso en medio de esa oscuridad, hay un destello, casi imperceptible al principio. Y es tan pequeñito, pero está ahí. Y a pesar del dolor, algo en ti sigue latiendo. Y es en ese susurro, en ese pequeño espacio entre el dolor y la esperanza, donde sientes que, aunque despacio, algo en ti empieza a sanar. Como si la misma herida que te consume te enseñara, poco a poco, cómo volver a vivir.
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LOS SONIDOS DEL SILENCIO
FanfictionJungkook siempre aceptó lo inusual que él era, pero a veces se preguntaba qué clase de persona veían en él que lo catalogaban como raro. -Soy agnóstico pero ahora mismo... ¡Dios, dime el nombre de ese chico! -¿Él? Se llama Park Jimin. -De hecho, hay...
