Emotonial

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Emotonial—Harlem Yu

Intenté escapar de un enemigo, le tenía tanto miedo. Corría para que no me alcanzara. Y en mi habitación, me encerré para evitar que me siguiera. Fue tan horrible caminar al espejo y ver que mi enemigo era yo mismo. Y la sombra de la que tanto temía estaba pegada a mí, en la oscuridad parecía desaparecer; pero en realidad se hacía más grande al punto de querer asfixiarme. Nunca me tuve tanto miedo como cuando no podía escapar ni de mi propia piel.

La sensación de soledad se volvió abrumadora mientras me enfrentaba a la realidad de que no podía escapar de mis propios pensamientos oscuros. Cada intento por liberarme de la sombra parecía en vano, y la tristeza se aferraba a mí como una pesada carga. En medio de la oscuridad de mi habitación, me sentí perdido y atrapado en un laberinto de autodestrucción. La lucha contra mi propio ser se convirtió en un tormento constante, y anhelaba desesperadamente encontrar una manera de encontrar la luz en medio de la oscuridad abrumadora.

Y entonces, llegó él.

Donde en el cielo, entre estrellas que no he podido contar, las veía reflejadas en sus ojos y parecía que viajaba a la galaxia para comenzar a hacerlo sin temor a que me echará.

Sabía que no importaba cuántas estrellas llenaran el cielo, ninguna brillaría con tanta intensidad como lo hacía él en mi vida.

Pero me conozco, mis manos son bombas listas para explotar. Así que tengo miedo de que sueñe con tomarlas. Mi ira, esa que escondo muy dentro de mí, está lista para quemar lo que sea que se quiera acercar.

Y no es que no quiera, pero dentro de mí habita un antagonista que le gusta el drama y provocar problemas cuando encuentro solo un poco de paz.

Él era una persona soñadora que observa las nubes, encontrando formas, y marcha como soldado solo para hacer reír a sus amigos. Y a mí, la tristeza me consume, haciéndome inclinar la cabeza hacia el suelo, colocando el peso de un dolor que no se va, impidiéndome ver las estrellas que él tanto cuenta en el cielo.

Lunes por la mañana y yo no había podido dormir absolutamente nada desde el sábado y eso tenía un porqué—Jungkook—.

Después de nuestra cita, logré subir por el árbol y entrar a mi habitación; mi padre jamás se dio cuenta que salí y eso me puso demasiado feliz. Tanto que, aunque mi cuerpo dolía, tomé la pintura que llevaba meses haciendo para el Festival de Flores de Cerezo y comencé a romperla.

Tenía que presentar una pintura del arte figurativo: dónde en este tipo de arte, se representa a las personas y objetos de manera reconocible y realista, pero aún permite cierto grado de interpretación y estilo personal por parte del artista. Y el haber estado con Jungkook estos días, me hizo darme cuenta que la pintura que estaba rompiendo sobre una manzana podrida, ya no quería que fuera algo que me representará. Así que tomé otro lienzo y comencé a delinear; combinar colores, y sentir algo extraño en mi pecho por primera vez en toda mi vida al pintar.

Y eso me llevaba a hoy: un Jimin sin bañarse, adormilado pero feliz al ver terminada mi nueva pintura.

Coloqué una bolsa que cubría la pintura y entré a ducharme. Después me cambié por unos vaqueros ajustados y una camiseta que destacaba el bordado de un sol. Después de vestirme, me paré frente al espejo y empecé a peinarme el cabello. Apliqué un toque ligero de loción, me puse mi reloj, tomé la pintura envuelta en una gran bolsa negra y salí de mi habitación.

LOS SONIDOS DEL SILENCIOHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora