Dear No One

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Dear No One—Tori Kelly

Un día decidí amarte, y otro día decidí olvidarte. Cuando me preguntaron si aún te amaba, respondí que no. No mentí, pero no se sintió correcto al decirlo, porque me di cuenta de que negarlo significaba negar el amor que una vez te tuve. Aunque te amé y decidí dejar de hacerlo, la persona que fui en ese momento no es la persona que soy hoy.

—¿Quieres ir al baile conmigo?

Entre sueños, escuchaba esa pregunta que me había estado molestando durante algunos días. Trataba de evitar que resonara en mi cabeza mientras intentaba seguir durmiendo, hasta que me di cuenta de que realmente alguien lo estaba diciendo.

—¿Eso es un no?

Abrí los ojos demasiado molesto, giré a la derecha donde en mi mesa de noche tenía el despertador; vi la hora y eran las 6:50 de la mañana.

—¿Quieres callarte? —dije molesto—. ¡Déjame dormir!

Tomé la almohada y la lancé con fuerza a dirección de Kai. A él parecía divertirle demasiado esta situación, pero yo ya estaba comenzando a hartarme.

—¿Están jugando o algo así? —me senté en la cama tomando parte de mi cobija entre mis dedos.

—¿A qué te refieres?

—Yeonjun y tú... ¿están jugando conmigo o algo así? —traté de mantener mi postura firme, a pesar de estar más que adormilado. Él me miró demasiado serio y se encogió de hombros.

—No sé de qué hablas. —Entró al baño a ducharse, y yo me tiré nuevamente en la cama.

Mientras veía el techo, no pude evitar sentir una extraña sensación sobre Yeonjun. No es que lo odiara, pero tampoco lo consideraba mi amigo; simplemente era una cosa muy molesta.

Cuando Kai finalmente salió del baño, entré yo a ducharme y al salir me puse unos jeans ajustados desgastados que eran muy cómodos y mi camiseta favorita de Led Zeppelin. Opté por unas zapatillas de skate desgastadas y añadí una gorra para darle un toque casual, junto con mi pulsera de cuero favorita.

Los días, a decir verdad, eran muy rutinarios. Me despertaba y lo primero que hacíamos era ir al club de lengua de señas, después clases, pero por las tardes nunca sabíamos qué iba a pasar. A decir verdad, casi siempre pasaba algo totalmente inesperado.

Caminé hasta una de las máquinas expendedoras donde me compré dos yogures y tres barritas de fresa. Mientras iba camino al salón, iba comiéndolas, pero entonces me detuve. Mis ojos de pronto eran una completa línea recta mientras suspiraba demasiado profundo para sacar el aire de la misma manera.

Yeonjun estaba a unos pasos de mí, creyéndose don galán recargado en uno de los árboles de la universidad. Al verme, se volteó directamente a mí con su fastidiosa sonrisa, y fue así que pude ver su estúpida playera que tenía un estúpido dibujo de una estúpida pipa que, en letras grandes, decía: "Esto no es una pipa".

—¿Es en serio? —dije tras llegar a él con mis yogures y barritas en la mano derecha.—¡¿Bajo la misma estrella?! —seguí al momento que con mi mano izquierda tomaba su playera.

—Para ser alguien que odia el cliché, has visto mucho sobre esto... —habló al momento de tomar mi mano con la suya y acercarse más a mí.—¿Todo eso vas a comértelo? —cuestionó con una sonrisa, alzando ambas cejas, mientras que con su otra mano limpiaba mis mejillas; el roce de sus dedos delineaba mis labios y yo tragué saliva.

—Aléjate de mí... —dije en un susurro más para mí que para él.

Parecía que iba a responder algo, pero llevó su vista a algo detrás de mí y frunció severamente el ceño. Me tomó por los hombros poniéndome tras de él, y yo trataba de ver qué era lo que acababa de ver para ponerse de esa manera, pero me distraje con su estrecha espalda y el estúpido dibujo que también tenía esta donde estaba un círculo y en letras grandes decía: "El arte de estar roto".

LOS SONIDOS DEL SILENCIOHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora