Jungkook siempre aceptó lo inusual que él era, pero a veces se preguntaba qué clase de persona veían en él que lo catalogaban como raro.
-Soy agnóstico pero ahora mismo... ¡Dios, dime el nombre de ese chico!
-¿Él? Se llama Park Jimin.
-De hecho, hay...
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Pudo ser cualquiera. Pero elijo un camino rubio que tiene por nombre Jimin y lo describe su pelo desalineado como alfalfa. Con un futuro a su lado y una gallina llamada petunia.
Creí que lo entendía todo,—que torpe fui.—Porque vi tus ojos y la felicidad insistía en decir que no existía. La tristeza reclamaba como suyo tu mirar. Y cruelmente tu voz nunca se ha podido escuchar. No sé dónde es que tu corazón se encuentre ahora. Pero de lo que estoy seguro, es que ha dejado un camino de hojas regadas y estoy en busca de ellas. Buscaría cada letra que tenga una parte de ti. Y cuando por fin logre juntar todas las partes que arrancaron de ti, será la prueba viviente de tu existencia en este mundo de caos se llama tranquilidad.
Porque entiendo que a veces el amor, es lo más difícil de darte a ti mismo.
—Por favor vete.
—¡Señor Harry, Jungkook me está corriendo de nuevo!
Beomgyu, como todos los días, vino a desayunar. Su platillo favorito desde que tengo memoria había sido: Café latte y waffles en forma de ositos acompañado de trozos de fresas. Recuerdo que cuando era niño solía llorar cuando sus waffles no tenían forma y alegaba que un desayuno de cualquier niño debería llevar dibujos que nos hicieran sentir superhéroes.
Sonreí un poco al recordarlo en cuanto llevé su pedido a la mesa y notar que su sonrisa al comerlo era la misma. Que sus ojos tenían brillo cuando asentía de lo delicioso que era. Y reí de cómo se atragantaba porque, nuevamente lo había comido demasiado rápido.
—¿Tú ya desayunaste?—preguntó con sus mejillas regordetas por la comida en ellas.—¿Quieres mi último osito?
—Ya desayuné. Es sólo que me gusta ver cuando comes.
Beomgyu carraspeó un poco la garganta y casi se quemó por tomar el café caliente. Me reí por esto y seguí con las órdenes. Así hasta que se dio casi el mediodía y fuimos juntos a la Universidad, ya que de nuevo, y como siempre, me espero. Pero justamente en la entrada me detuve al ver a Jimin cerca de uno de los arbustos, con sus rodillas inclinadas y después el como tomó una de las flores amarillas; la arrancó y la puso detrás de su oreja.
Boom, boom. <<muchos llaman así el sonido que hace el corazón cuando ves a la persona que te gusta>> pero el mío no sonaba así. Era como si sólo dijera: Jimin Jimin Jimin Jimin Jimin. Sin parar.
Porque de alguna manera, el cielo se parecía a él. Y tenía los ojos más soñadores para alguien que la tristeza ha intentado hurtar su brillo.
Así que sin pensarlo comencé a caminar hacia él. Tenía esa prisa por sentarme a su lado y admirarlo todo el día. Observar la flor amarilla tras su oreja y acariciar sus mejillas.
Y tal vez sea un egoísta. Pero, de la vida no quiero mucho. Solo pido tomar su mano. Cepillar su cabello con mis dedos y saber que mi hombro es su lugar seguro.