Keys—Rocco Vargas
El hecho de que ames no significa que la otra persona se sienta amada. Eso es irónico. Amar no significa que se suponga que funcione. Amar no es solo una palabra de dos vocales con dos consonantes. Sino una constante búsqueda egoísta a la cual llamamos «destino» y en el transcurso perdemos lo que ya teníamos, como una parte nuestra que intentamos arreglar las grietas desesperadamente que nos causamos con una persona.
Es por eso que el amor es algo de lo cual había estado huyendo, porque mi mayor miedo es que él me viera como yo me veo a mí. Terminar rompiéndolo para yo poder arreglarme. Que me odie tanto como yo he llegado a odiarme.
Es por eso que di un paso atrás.
O tal vez dos.
Hasta encerrarme por completo.
Y es que podría decir que estoy enojado y triste. Que la culpa que tengo al pensar que por ser quien soy, las personas se alejan. Y tal vez eso es todo lo que tengo que decir, que pediría que no se fueran, porque los podría amar toda una vida. Pero no quiero ser egoísta, así que lo único que me queda es amar una ausencia toda mi vida.
Había perdido la cuenta de cuántos días había estado encerrado en mi habitación. El primer día, apenas llegué temprano por la mañana de la casa de Jungkook, tal y como supuse, mi padre estaba esperándome en la sala. Con una botella de tequila abierta, y sus cejas fruncidas en las que habitaban tinieblas. Los golpes comenzaron, uno tras otro, que traté de ignorar al cerrar los ojos e imaginarme en otro lugar. El segundo día quise ir a la Universidad, pero estaba encerrado. Intenté escapar por la ventana, pero antes de siquiera poder hacerlo, mi padre llegó: —"Te advertí que los intentos de personas como tú no tienen finales felices. A menos que hagas todo lo que yo te diga y sigas siendo el mismo mediocre que todos odiamos, no les haré nada a tus ratas"—. Y el miedo, la desesperación, la confusión y el pánico se apoderaron de mí. —"No querrás que te quite a Jungkook como tú me quitaste a tu madre, ¿cierto?".
Y fue entonces cuando me di cuenta de que algunas personas están destinadas a ser solo tu anochecer, y que por más que quisiera ser egoísta y tener hasta sus amaneceres con besos a sabor a café por la mañana, no podría.
Ya no.
Estaba en mi cama tratando de averiguar cómo es que había vivido veinte primaveras pero no había visto ninguna. Todas parecían un eterno invierno.
No estaba encerrado por mi padre; esta vez fui yo quien decidió no salir más. Me aterraban mis pensamientos sobre lo que podría pasar si salía y vivía, si pasaba tiempo con Jungkook y las personas que ahora consideraba amigos. Si seguía en busca de ese trabajo para comprar un celular.
Se suponía que el frío estaba afuera, pero en este instante, justo aquí dentro, parecía querer matarme en lugar de darme vida.
Y así, con el paso de los días, despertaba cada mañana con el peso de este dolor que no se iba, sin fuerzas para levantarme y enfrentar el mundo. Pasaba mis días sumergido en los mismos libros, una y otra vez, buscando refugio en historias que me transportaran lejos de mi propia realidad. Entre páginas desgastadas que parecían querer cortar mis dedos, pero al cerrar los ojos, la tristeza volvía a sofocarme y susurrarme que esto era lo mejor.
Trataba de convencerme de que estos sentimientos se marchitarían como la hierba y finalmente desaparecerían.
Pero los días llevaban su nombre, se sentía como un tatuaje sin tinta que quedó en toda mi piel y que llevaría tatuado hasta el alma. Pero también entendía que quería defenderme, solo que estar a su lado lo hacía difícil.
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LOS SONIDOS DEL SILENCIO
FanfictionJungkook siempre aceptó lo inusual que él era, pero a veces se preguntaba qué clase de persona veían en él que lo catalogaban como raro. -Soy agnóstico pero ahora mismo... ¡Dios, dime el nombre de ese chico! -¿Él? Se llama Park Jimin. -De hecho, hay...
