Christmas Tree

5.7K 504 911
                                        

Christmas Tree—V

El tiempo se desliza en nuestros dedos.

Y, aunque termina una noche y empieza un día, tus dedos siguen rozando mi piel. Tu sonrisa tímida me embriaga cuando cierro los ojos, y por las mañanas se posa en mis labios, reclamando ser su hogar.

Y siento que me he vuelto loco.

Porque necesito más de lo que una vida me piensa regalar.

Necesito ser árbol y que sea mi sombra la que escoges. Que sea yo a quien pienses cuando escribes canciones. Al que llames ladrón por colarme en tus pensamientos e intruso en tus sueños. Que tu color favorito ahora sea mi nombre y que me mires por quien soy y me entiendas por quien eres.

Pero me conformo con querer que seas tú cuando me escuchas sin escucharme y poder ser yo cuando te hablo sin hablarte.

"Está helando allá afuera, ¿verdad?"

La panadería estaba vacía. Había terminado casi todos mis deberes, así que nos sentamos con el señor Sangho a tomar un poco de chocolate caliente mientras veíamos la nieve que había congelado las calles por fuera.

"Es demasiado bonito. Nunca había visto tanta nieve."

"¿Nunca? ¿Vivías en el extranjero?"

El señor Sangho era muy curioso en muchos temas, o tal vez solo tenía curiosidad sobre mí. No lo sé. Pero yo seguí viendo aquella ventana, recordando mis nevadas pasadas.

Nunca había visto tanta nieve porque había pasado 19 nevadas dentro de mi antigua casa. Y cada una había sido diferente; como la vez que papá les dio vacaciones a todos los empleados solo porque quería embriagarse y golpearme. O la otra ocasión, cuando de niño intenté hacer un muñeco de nieve, pero terminó casi asfixiándome en ella al verme jugar, desde entonces le tuve un poco de miedo a la nieve, pero ahora...

Ahora todo era diferente.

Las horas pasaron entre pláticas en mi bloc de notas y en la pizarra del señor Sangho. Mis manos me dolían un poco por el frío, ya que tuve que fregar los pisos con el agua un tanto helada, y sentía cómo se partían gracias a eso.

Estaba por ir a casa. Caminé solo unos pasos fuera de la panadería cuando de pronto vi a Jungkook parado afuera, y sin poder evitarlo, corrí hasta él.

—¿Qué haces aquí? Está helando.

—Por eso mismo vine, toma. —Extendió una chamarra en mi dirección, y sonreí.— Había pensado en traer a Pichirila, pero se atascó por la nieve, así que tendremos que volver así.

También había traído unos guantes consigo, pero solo un par. A lo que él se puso uno en la mano derecha y me puso a mí uno en la mano izquierda. Por lo que nuestras manos sin guantes las entrelazamos y caminamos así a casa. Bajo la nieve blanca, en pisadas que me hacían sonreír cuando caminábamos y nos hundíamos un poco en el piso debido a la nieve. En leves sonrisas que Jungkook me daba. Y en pensamientos de querer 80 nevadas más, para así tener 100 años y ver mi última a su lado.

¿Qué deberíamos hacer? No tenemos calefacción y tampoco alguna chimenea para poner madera y hacer una fogata para calentar la casa... —Señaló un poco preocupado en cuanto entramos a la sala.

LOS SONIDOS DEL SILENCIOHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora