El resto del día pasó lentamente; durante el entrenamiento, sentiste como la mirada de Konig te seguía todo el rato y fue muy difícil concentrarte. Cada vez que encontrabas miradas con él, sentías como un escalofrío te bajaba por la espalda, y empezaste a preguntarte si en realidad si los había escuchado en el desayuno.
Ya en la noche empezaste a rezar porque lo hubieran mandado a una misión nocturna y así no tener que seguir lidiando con esa situación, estabas bastante cansada pero sabías que sí el ambiente seguía de esa manera no ibas a poder pegar un ojo.
Tus pensamientos fueron interrumpidos por el crujido de la puerta abriéndose dejando entrar al alto hombre.
-B-Buenas noches –Soltaste un poco más agudo de lo que planeabas.
El hombre sólo te miró por un momento y cerró la puerta tras de sí. Asintió con la cabeza a modo de respuesta y se fue directamente al baño. Unos segundos después oíste la ducha abrirse.
Suspiraste.
Las cosas no parecían fuera de lo normal ¿Todo lo del día habían sido imaginaciones tuyas? Era cierto que Konig solía observarte a veces mientras entrenabas, pero lo habías descartado como curiosidad de ver cómo se desempeñaba su compañera de habitación.
A ti también te daba curiosidad a veces y lo observabas mientras entrenaba. Pero las miradas de ese día se habían sentido diferentes, quizás sólo estabas sobrepensando. Te obligaste a ti misma a recostarte y pensar en otra cosa.
Antes de recostar la cabeza en la almohada, notaste que había algo en el suelo, era uno de los libros en los que Konig siempre estaba absorto, ''Tagebuch einer Leidenschaft'' Ponía en la portada, te levantaste y lo recogiste.
Lo abriste para ojear lo que había adentro. No entendías nada, estaba en Alemán. Pasaste algunas hojas cuando el sonido de la puerta del baño abriéndose te sobresaltó.
Un muy mojado Konig salió con el torso descubierto, se detuvo al verte parada en medio de la habitación
Te dirigió una mirada interrogativa.
-Disculpa -balbuceaste rápidamente-. Estaba en el suelo, así que lo recogí, no estaba revisando tus cosas ni nada, lo juro.
Konig se acercó a tí y sentiste como inmediatamente te tensabas. A esa distancia podías oler la fragancia de su shampoo, alguna especie de loción y como una crema de... ¿bebé? de alguna manera el hombre siempre olía bien, incluso cuando llegaba todo sudoroso de misiones; de hecho, especialmente en esas ocasiones su olor te agradaba.
Además, su torso desnudo no ayudaba. Trataste de girar la cara en otra dirección pues sentiste el calor subir a tus mejillas. Estaba tan cerca que podías sentir su respiración encima, la sensación te hizo estremecer.
-¿Te gusta?
El sonido de su voz te sorprendió, lo miraste aún con la cara encendida.
-¿Cómo? -Preguntaste.
-El libro -respondió-, ¿Lo quieres?
-Ah -te sentiste un poco tonta, la verdad es que habías escuchado la primera vez, pero te sentías tan nerviosa que te costaba procesar las palabras-, el libro.
Te miró fijamente por unos segundos, tragaste saliva.
-La verdad, me encantaría -sonreíste tímidamente-, pero no entiendo nada de Aleman, así que...
Konig te sostuvo la mirada.
-Además, parece que es algo que aprecias mucho –Extendiste el libro para regresárselo, también para poner algo de distancia entre los dos-, no puedo aceptarlo.
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König x lectora
FanfictionLlevabas ya un tiempo compartiendo habitación con Konig, al principio la idea no te había convencido del todo, pues se suponía que la distribución de los compañeros de habitación no eran mixtas, pero al ver que el hombre no protestó en ningún moment...
