Capítulo XVII

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Era una tarde tranquila, estabas ocupada arreglando la parte alta de unos estantes de medicinas antes de terminar tu turno para que así Gloria no tuviera que subirse a esas empinadas escaleras que te parecían demasiado peligrosas para alguien de su edad.

Te ocupaste de que cada caja y frasco estuviera ubicada de una manera uniforme, que cada nombre estuviera visible, así al momento de que se estuviera buscando algo en específico fuera más sencillo, ya que siempre era terriblemente difícil encontrar cualquier cosa en el desastre que había ahí anteriormente.

En las semanas que habías estado ahí te habías encargado de dejar las cosas un poco mejor, así tanto a Gloria, como a la asistente de enfermería, tendrían la cosa un poco más ligera cuando regresara. Te habían comentado que eso sería pronto, puesto que la chica que estaba de reposo ya se encontraba mejor.

Te ponía un poco triste el pensar que tu estadía ahí estaría concluyendo pronto, pero tratabas de no pensar al respecto.

Terminaste de situar las cosas y sonreíste orgullosamente al ver lo ordenado que todo se veía.

-Vaya, que maravilla –oíste a Gloria detrás de ti haciéndote sobresaltar y casi caer de las escaleras.

-¡Gloria! –dijiste sujetándote con fuerza.

La mujer rió desvergonzadamente mientras se acercaba para sujetar la escalera que se tambaleaba, permitiéndote bajar seguramente.

-Nunca había visto este lugar tan ordenado –dijo con una sonrisa-. No tenías que molestarte, cariño.

-No es molestia para nada –respondiste restándole importancia-, tenía algo de tiempo libre, casi no hay pacientes hoy, ha sido una tarde tranquila.

-Muchas gracias, estoy segura que ya no tendremos que durar media hora buscando una maldita aspirina.

Te reíste, eso sí les había sucedido un par de veces.

-Por cierto, encontré esto afuera –dijo extendiéndote una rosa roja-. Me parece que es de tu admirador secreto/no tan secreto.

La tomaste sintiendo como el calor te subía a la cara.

Últimamente no veías mucho a Konig, ya que se la pasaba en misiones prolongadas, pero de alguna manera, se las había arreglado para hacerte llegar una de esas cada día que no estaba ahí.

Era curioso, él no se veía del tipo de hombre romántico, pero te sorprendía cada vez con ese tipo de detalles.

Gloria ya lo conocía, pues lo había pillado espiando en varias ocasiones en la ventana de la enfermería. Le hacía mucha gracia que alguien tan grande se comportara como un adolescente enamorado.

-Llevo días sin ver al grandote –dijo riéndose al ver tu cara como tomate-, ¿sabes cuándo vuelve?

-Supuestamente hoy –respondiste tratando de fingir serenidad-, aunque no me sorprendería que se prolongue otra semana.

-Ay, mi niña, lo extrañas mucho ¿verdad?

Antes de poder responder, fueron interrumpidas por un gran estruendo con una patada en la puerta, seguida de un hombre cargando a otro, casi arrastrándolo, ambos sucios y llenos de sangre.

Eran hombres llegando de la misión pasada, la misión a la que habían enviado a Konig.

-¡Ayuda! –Gruñó el hombre que cargaba al otro tambaleándose en sus piernas.

Te apuraste a ayudarlo, te pusiste del otro lado del hombre para ayudarlo con el peso del que tenía cargado y lo llevaron a la camilla más cercana.

Cuando te separaste, sentiste los brazos y hombro bastante mojados, cuando miraste por qué, estabas toda llena de sangre del hombre.

-¿Qué les pasó? –preguntaste alarmada.

-Nos atacaron en una emboscada cuando veníamos de regreso –dijo acelerado sentándose en el suelo, al lado de la camilla donde habían situado al otro hombre que se encontraba inconsciente-, eran 10 veces más que nosotros.

Te apresuraste a ayudar al hombre a levantarse, para llevarlo a otra camilla, cuando vieron llegar por la puerta otro montón de hombres heridos, todos golpeados, cojeando y llenos de alarmantes cantidades de sangre.

La señora Gloria entró en acción inmediatamente, ubicando a cada uno en las diferentes camillas por orden de agravamiento de heridas, dándote órdenes de revisar primero a los que estaban inconscientes o se veían en peor estado.

Eran demasiadas personas para las dos, por lo que la mujer empezó a dar órdenes a los que se veían en mejor estado para que ayudaran a atender a los compañeros.

Tú intentabas centrarte en ayudar rápidamente y dar instrucciones a los demás que ayudaban para avanzar en la medida de lo posible, pero inconscientemente dirigías tu mirada a la puerta cada vez que alguien entraba, esperando que fuera Konig, pero no había señales del enmascarado.

Supusiste que quizás se encontraba atendiendo otros asuntos afuera con los otros soldados, pero empezaste a sentirte un poco mortificada.

Konig siempre que llegaba de misiones lo primero que hacía era ir a verte, incluso antes de poder ir a ducharse o descansar un poco, por lo que el no ver sombra de él en todo ese lapso de tiempo te daba mala espina. Pero no podías simplemente abandonar a la señora Gloria con todos esos hombres heridos ahí para ir a buscarlo.

El resto de la tarde pasó ajetreadamente, entre todos esos hombres heridos siendo atendidos, incluso las camillas no eran suficientes para todos y tuvieron que acostar a algunos en el suelo.

Intentaste preguntarles a algunos por el paradero de Konig, pero nadie te sabía dar respuesta.

Cuando ya la noche estaba entrada, y las cosas un poco más tranquilas, te mordías las uñas ansiosa, mirando por la ventana a todo el que pasaba, intentando ubicar al enmascarado, pero nada.

-¿Estás bien? –preguntó Gloria, al verte tan tensa.

Asentiste, pero dudaste un momento.

-Sé que hay mucha gente acá en estos momentos... pero, ¿cree qué...

-Ve –te ordenó sin dejarte terminar de hablar-, también estoy preocupada, es muy raro que no haya pasado por acá todavía.

Asentiste rápidamente y sin esperar, saliste apuradamente de la enfermería, empezaste a ver por todas partes a ver si divisabas a Konig, pero sólo veías a otros soldados correr de un lado a otro apurados.

De repente divisaste a uno de los que sabía que siempre se encontraba cerca de la división de Konig en las misiones, corriste a él y lo sujetaste del brazo.

-Buenas noches, disculpe ¿de casualidad sabe dónde se encuentra Konig? –preguntaste agitada.

El hombre giró hacía ti.

-Saludos, me parece que debe de estar en la enfermería.

-No, vengo de ahí, él no ha pasado por allá.

El hombre alzó una ceja.

-¿Segura? Me pareció que debía estar ahí pues se encontraba bastante herido.

-¿Qué?  -Abriste los ojos alarmada.

El hombre iba a decir otra cosa pero te apresuraste a correr al pasillo.

¿Herido? Empezaste a sentir como tu corazón te subía a la boca. ¿Qué tan herido? ¿por qué no había ido a la enfermería si estaba herido?

Pensar al respecto te hacía sentir un escalofrío en la espalda, nunca habías visto al hombre herido, nunca habías visto a nadie que lograra ponerle la mano encima a ese hombre.

Te apuraste a abrir la puerta de tu habitación, esperando encontrarlo quizás en la cama durmiendo y riendo al ver que todo había sido una exageración de tu cabeza, pero no fue el caso, la habitación estaba vacía.

Estabas parada mientras tu pecho subía y bajaba por lo acelerada que estaba tu respiración mientras pensabas en qué otro lugar se podía encontrar, cuando oíste un ruido de algo moverse en el interior del baño, que se encontraba con la puerta cerrada.

Te acercaste  como en trance, sin respirar, con un pitido en los oídos  y el corazón golpeándote el pecho. Cuando lo viste.

Un charco de sangre que salía por debajo de la puerta del baño.

König x lectora Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora