Te pusiste de pie lentamente, te sentías mareada.
Tus rodillas flaquearon, todo a tu alrededor daba vueltas, una y otra vez, una y otra vez. Pusiste una mano en tu boca, las náuseas que te llegaron repentinamente te tomaron por sorpresa. Te doblaste sobre tu estómago, poniendo ambas manos en tus rodillas.
El sudor frío bajó por tu espalda, casi cortándote. Trataste de ingresar aire a tus pulmones pero te costaba, como si el oxígeno estuviera denso.
Escupiste al suelo, y te fuiste de bruces, tu cara muy cerca de la saliva que acababas de expulsar, el olor a químico te llegó rápidamente. Ahí te diste cuenta.
Algo te habían echado en la comida la noche anterior.
Trataste de concentrar toda tu fuerza en ambos brazos, empujando contra el suelo, para poder levantarte, pero a cada esfuerzo que hacías las náuseas te abrazaban nuevamente, pero sin señales de vomitar. Empezabas a hiperventilar, todo seguía dando vueltas.
Te quedaste quieta por un momento, tratando de recuperar el aliento cuando una idea llegó a tu cabeza.
Metiste dos dedos a tu garganta débilmente, lo más profundo que pudiste, hasta que sentiste que arcadas se aproximaban.
Luego de toser fuertemente un par de veces, sin éxito, te esforzaste por inspirar dos caladas de aire profundamente, lágrimas acumulándose en tus ojos; cuando sacaste los dedos de tu boca podías percibir el fuerte olor a químico.
Maldijiste para tus adentros.
Te pusiste de rodillas y volviste a meter ambos dedos en tu boca, tan profundo que sentiste como lastimabas tu garganta, segundos después, arcadas acompañadas de tus fuertes tocidos para después, sentir como el vómito caliente salía de tu boca, tu nariz, incluso pensaste que de tus ojos, todo te ardía; nunca nada te había escocido así en la vida, como sentías que la garganta te ardía en ese momento, como si hubieras vomitado ácido o algo así.
Respiraste entrecortadamente, aún de rodillas, con los codos clavados al suelo, gimiendo del escozor que sentías en ese momento, sujetando tu garganta con fuerza.
¿Qué mierda le habían echado a tú comida?
Estuviste de rodillas un rato, tratando de calmarte, pensando qué rayos estaba ocurriendo, hasta que un foco se encendió en tu cabeza.
Laura.
Escuchaste nuevamente lloriqueos a lo lejos, y volteaste rápidamente en esa dirección.
Alguien te había intentado drogar en la noche, eso estaba claro pero ¿para qué?
Un escalofrío te recorrió nuevamente la espalda.
Miraste el saco de dormir vacío de Laura.
Claro, para que no volvieras a interferir.
Sentiste la adrenalina llenarte rápidamente, te pusiste de pie y corriste en dirección a los lloriqueos. Seguías mareada, pero no tanto como antes, parece que el vomitar había sido una buena decisión.
-Por favor... -Oíste a Laura llorar, más a lo cerca.
Alentaste el paso, tu respiración aún acelerada, podías sentir los latidos de tu corazón en la garganta. Tus oídos sumbando.
-Detente por favor –la voz ronca de Laura aún más cerca-, te lo ruego.
-Cállate, maldita perra –oíste a alguien responderle agresivamente-. ¿Se te acabaron los chistes?
-Por favor...
Te asomaste, tras unos arbustos y pudiste ver al hombre con el que habían tenido el altercado anteriormente sosteniendo a Laura del cabello, quién estaba de rodillas, con las ropas todas rotas, las manos y piernas atadas, golpeada.
-Dale, dime otro chiste –escupió el hombre con una sonrisa de lado-. Si me haces reír, te dejo ir ¿va?
Laura lloriqueó, ronca, derrotada.
El hombre la miró por unos segundos, desde arriba, sin dejar de sonreír.
-Vaya, que lástima –sacó una navaja de su bolsillo, Laura al verla empezó a llorar más fuerte, retorciéndose en el agarre del hombre-. Tenía más expectativas de ti. Parece que sin tu amiguita, la novia del grandote, ya no eres tan graciosa ¿verdad?
-No, por favor –seguía llorando Laura, con lo que le quedaba de voz.
Lo siguiente que viste fue como el hombre levantó a Laura del cabello con uno de sus brazos y le cortaba el cabello con la navaja, haciendo que por la gravedad esta cayera al piso.
Sentiste como todo tu cuerpo empezaba a temblar, las náuseas nuevamente aproximándose, respirando artificialmente.
-Viejo... -uno de los amigos del calvo habló-, creo que ya te estás pasando, es suficiente. Vámonos de aquí.
El calvo pateó a Laura, que estaba tirada en el suelo como un ovillo y luego volteó a su amigo.
-¿Qué? ¿Ahora tienes miedo?
-No, pero...
-A la otra perra le puse lo suficiente para dormir a un caballo, no te preocupes, esa no despierta en tres días. –dijo ahogando una carcajada.
El hombre se puso de cuclillas y apretó la navaja contra la mejilla de Laura.
-Yo creo que con esto aprendes a respetar a los hombres. –apretó un poco más, Laura sollozando ante el tacto- ¿no es así?
Sentías todo tu cuerpo vibrando, todo dando vueltas otra vez. Querías hacer algo, pero no te podías mover, ni siquiera parpadear, esto te recordaba a...
-¿O todavía sientes que no has aprendido la lección? –Bajó la navaja de la mejilla, al cuello, luego a los pechos, para acto seguido desgarrar su camisa, dejando sus pechos al desnudo.
-Oye... -trató de interferir su amigo.
-De cualquier manera, por si acaso, me aseguraré de que nunca te olvides del día de hoy. Nunca se te va a olvidar que tienes que respetar a los hombres.
Y no supiste más de ti.
Cerraste los ojos y cuando los abriste, estabas encima del hombre, sujetándolo del cuello de la camisa, estrellando su cabeza contra el suelo, una y otra vez, una y otra vez.
Cubierta de sangre, tanta que hasta se te resbalaba el cuello de su camisa, ya el hombre no forcejeaba, su cara irreconocible, al igual que tus nudillos, destruidos.
Ya su cuerpo sin vida, como un pesado disfraz vacío, chapoteando en su propio charco de sangre mientras que seguías aplastando su cráneo ya destruido contra el suelo, crujiendo cada vez de la fuerza con la que lo empujabas.
Laura, a un par de metro gritando, horrorizada. Meciéndose de adelante a atrás sobre sí misma, sujetándose del poco cabello que le quedaba en la cabeza.
Todo tu cuerpo aun temblando, vibrando, tu garganta apretada, tus rodillas aporreadas de todo el tiempo que tenías tirada en el suelo sobre el cuerpo sin vida del hombre, te tuvieron que separar del cuerpo del hombre entre tres personas, uno de ellos el amigo que estaba antes con el calvo, que tuvo que ir a buscar ayuda.
Cuando lograron separarte del hombre, fue como si te pudieras ver a ti misma desde arriba, toda bañada en sangre, los brazos arañados por los intentos del hombre al resistirse, respirando pesadamente como si fueras alguna especie de animal rabioso. Retorciéndote, tratando de liberarte del agarre de esos hombres para volver a tirarte encima de ese hombre...
...del hombre que había osado tocar a tu hermana.
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König x lectora
FanfictionLlevabas ya un tiempo compartiendo habitación con Konig, al principio la idea no te había convencido del todo, pues se suponía que la distribución de los compañeros de habitación no eran mixtas, pero al ver que el hombre no protestó en ningún moment...
