Capítulo XIX

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-Konig, detente, hay mucha gente alrededor –Susurraste tratando de separarte de él, pero sus fuertes brazos te impedían moverte.

La manera en que estaban acostados eran de lado, tú dándole las espaldas y él abrazado a tí, por lo que podía sentir como su erección en clavaba en tu trasero.

Cada vez que rozaba su parte contra ti podías sentir su caliente respiración en la parte de atrás de tu cuello, poniéndote los vellos de punta.

-Oye, te estoy hablando -dijiste un poco más severamente-, para. Nos van a descubrir.

El enmascarado planto un beso húmedo en tu cuello que hace que casi se te escape un gemido, así que decidiste usar tu fuerza para levantarte, pero te jalo de vuelta haciéndote quedar de frente a él.

Lo miraste con atención, tenía la máscara ligeramente subida, por lo que podías ver su boca en una sonrisa torcida, pensaste que quizás todos los analgésicos y anestesia lo tenían mareado como si estuviera ebrio, la idea no te desagrado del todo, pero sabías que no podías dar tu brazo a torcer o no sabrías hasta donde podía escalar la situación.

-Eres tan hermosa –susurro el hombre arrastrando las palabras-. Me gustas mucho.

-Duérmete ya –soltaste fulminándolo con la mirada-, no entiendo como con toda esa medicina aún...

Te callaste abruptamente al sentir como Konig subía su mano y ponía uno de sus dedos en tus labios. Acariciando delicadamente la comisura de ellos lentamente y posando sus ojos sobre ellos, con una cara de concentración que te sorprendió. Pasó la lengua por sus labios mientras te veía con atención y acto seguido metió uno de sus dedos en tu boca.

Su mirada subió a tus ojos, serio, como evaluando tu reacción, sacó un poco el dedo y lo volvió a meter nuevamente, jugando con tu lengua, su erección más dura contra tu vientre.

Respiraste lentamente, sin fuerzas para oponerte, un calor quemándote por dentro, empezando a subir desde tu vientre.

La verdad es que también lo habías extrañado mucho, su voz, su olor, la manera en que te tocaba...

Pusiste tu mano sobre la suya, sin quitar tus ojos de su mirada, agarraste dos de sus dedos, y los metiste a tu boca. Pudiste escuchar como sacaba el aire de sus pulmones lentamente.

Sacaste sus dedos y empezaste a lamerlos lentamente, de abajo hacia arriba, aun manteniendo el contacto visual, los besaste para luego volver  a meterlos en tu boca completamente.

Sacaste sus dedos nuevamente y esta vez dirigiste su mano a tus pantalones, encima de tu parte, y apretujaste su mano entre tus piernas. Viste como sus ojos se oscurecieron. Rápidamente empezó a desabrochar tus pantalones y a meter su mano dentro de él, pero cuando estiró su brazo para poder hacerlo correctamente se sobresaltó al sentir el dolor punzante de la herida en su brazo.

Eso te hizo caer en cuenta de lo que estaban haciendo y de donde estaban nuevamente.

-Konig, no está bien, no podemos hacer esto acá –susurraste tratando de separarte nuevamente-. Y estás herido, te puedes lastimar más.

Te sentaste y estiraste las piernas para bajarte de la camilla, pero sentiste como posaba una de sus manos en tu brazo y apretaba con una fuerza que te hizo gemir. 

-No te vas –oíste como susurraba con una voz gruesa y firme-. Mírame.

Te jaló y te puso encima de él, miraste a los lados nerviosa, verificando si todos seguían dormidos. Konig agarró tu cara con su mano y la giró en su dirección.

-Que me mires –ordenó, esta vez un poco más alto.

Pusiste ambas manos sobre su boca, alarmada por como subía su tono de voz.

-Está bien, está bien –susurraste rápidamente-. Pero baja la voz por favor.

Konig pasó su lengua por la palma de tu mano haciéndote retirarla.

No comprendías como era posible que alguien te pudiera hacer sentir tan molesta y caliente al mismo tiempo. 

Lo miraste frunciendo el ceño, podías sentir su erección bajo de ti, y sentiste el impulso de moverte sobre ella y cabalgarlo hasta que dejara de molestarte, pero sabías que no ibas a  ser capaz de hacer eso en silencio. Su parte era demasiado grande para permitirte hacer algo así en silencio.

Pusiste un dedo en tu boca como señalándole que tenía que hacer silencioso.

-Un solo ruido y me voy, ¿entendiste? 

El hombre te miro, sopesando tus palaras por un momento y asintió.

Aflojo su agarre permitiéndote moverte, y se sorprendió un poco cuando te vio bajando a la altura de sus pantalones, metiéndote bajo la colcha que los había estado arropando anteriormente.

Desabrochaste sus pantalones y los bajaste, el te ayudó levantando un poco su cadera para que los bajaras con más facilidad. Su ropa interior ya forzada con el bulto de su erección luchando por salir y un poco húmeda de líquido preseminal. Bajaste su ropa interior liberando su parte y respiraste lentamente al ver nuevamente su gigantesco miembro tan de cerca. 

Tomaste su miembro con tu mano y lo primero que atinaste a hacer fue darle un beso en la punta, el enmascarado pudo sentir como todos sus músculos se tensaban. Sonreíste un poco y pasaste tu lengua lentamente por la punta, lamiendo el líquido preseminal que se encontraba ahí, Konig apretó los puños en las sabanas de a camilla.

Empezaste a pasar tu lengua de abajo hacia arriba, acariciándolo también con tu mano, rítmicamente, podías oír como el enmascarado jadeaba un poco, tratando de suprimir gemidos.

Lo metiste en tu boca y procediste a chuparlo, metiéndolo y sacándolo, no lograbas meterlo completo ya que era muy grande, pero empezaste a sentir como empujaba un poco con sus caderas. 

No paso mucho rato hasta que puso su mano en tu cabeza y la empujo hasta que su miembro estuvo completamente en tu boca, tosiste un poco y sentiste como las lágrimas se asomaban por tus ojos.

Konig no pudo evitar asomarse bajo la manta y mirarte.

-Lo siento –se disculpó sin aliento.

Cuando te vió, toda roja, con las lagrimas ya corridas, despeinada y un poco de saliva en los alrededores de tu boca, no pudo evitar quedarse paralizado un momento, acto seguido sentiste como una descarga caliente salpicaba en tu cara, seguida de un pequeño gruñido ahogado de su boca y los músculos de sus glúteo contrayéndose. 

Te quedaste pasmada al ver que había terminado repentinamente sin previo aviso, solamente ¿al ver tu cara?

König x lectora Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora