Capítulo XI

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Cuando giraste, el hombre que te estaba molestando había desaparecido.

-Diablos, ni tres segundos necesitó para esfumarse -bufaste.

Al oír como arrastrabas las palabras Konig apretó la mandíbula.

-¿Siempre tienes que beber tanto? –preguntó con mala cara.

-¿Disculpa? –Preguntaste ofendida- Sólo me has visto borracha en dos ocasiones, contando esta ¡Y para tu información sólo he tomado un vaso esta noche!

-Eso no lo hace mejor –dijo negando con la cabeza- ¿Con tan poco te pones tan mal?

-No es eso, es que olvidé que estoy tomando analgésicos. Como puedes ver la combinación no me va bien.

Dijiste, aunque sabías que no necesitabas combinar para no tener aguante con el alcohol. Pero no lo ibas a admitir claro.

Te sentías irritada. ¿Por qué siempre tenía que aparecer en el momento exacto para salvarte? No intentabas ser malagradecida ni nada, pero no disfrutabas sentirte como una princesa en apuros que necesitaba ser rescatada. No sabías si eran los efectos del alcohol pero te sentías más susceptible de lo normal.

-En fin, gracias por la ayuda, pero lo tenía bajo control –murmuraste con mala cara-. Yo misma le podía tirar los dientes si seguía acercándose demasiado.

-Sé que sí.

Su respuesta te tomó por sorpresa, y te hizo sentir un poco mejor.

-¿De verdad lo piensas o sólo lo dices para no discutir con una borracha?

Una pequeña carcajada salió de su garganta. Sentiste una sensación cálida en el pecho. No lo oías reír a menudo.

-De verdad lo pienso. Sé que eres plenamente capaz de defenderte por tí misma.

Oír eso te hizo sentir bastante satisfecha. Inconscientemente sonreíste grandemente.

-Bueno... -hiciste una pausa- Sí me disculpas, regresaré.

Trataste de caminar lo más derecha que podías,  inconsciente de lo mucho que te tambaleabas, a Konig no le hizo gracia.

Te agarró suavemente por el brazo.

-¿No estás cansada? –Te detuvo- Quizás sea mejor idea que vayas a descansar ya ¿no crees?

Te agradó el hecho de que no lo formuló como una orden, sino como una pregunta. Giraste sobre tus talones y lo miraste con atención.

-Te ves bastante sobrio.

-Lo estoy.

-¿No tomaste nada hoy? –negó con la cabeza- ¿Por qué?

-No me gusta.

-¿No te gusta tomar? –negó con la cabeza nuevamente- pero la otra vez...

-Eso fue una ocasión en especial –te cortó- sentí que lo ameritaba. Pero normalmente trato de evitarlo.

-¿Por qué? –Sabías que estabas haciendo muchas preguntas, el alcohol te soltaba la lengua.

-Siento que... -trató de formular- pierdo la sensatez.

Ambos estuvieron en silencio por un rato.

-Deberías beber más a menudo entonces.

Eso último lo dijiste sin pensar. Sentiste como todo el rostro se te ponía rojo. Konig pareció no reaccionar, pero tuvo que respirar profundamente para mantener el control.
«Está borracha» pensó. «Sólo está hablando sin pensar»

-Volvamos para que puedas dormir un rato ¿sí?

Asentiste y empezaron a caminar en dirección a la habitación. Trataba con todas sus fuerzas de mirar en otra dirección. El comentario que habías hecho le había afectado.

König x lectora Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora