Capítulo XXII

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El sonido de una bofetada retumbó en la enfermería. Todos veían con los ojos de par en par y la boca medio abierta.

Konig también parecía bastante sorprendido, nunca le habían dado una bofetada antes. Tampoco es como si la máscara hubiera permitido que le hicieras mucho daño, pero aún así.

De no ser porque la persona quien le acababa de proporcionar la bofetada fuiste tú, ni  se hubiera podido acercar lo suficiente para contarlo.

-Quiero que sea la última vez que escucho que le alzas la voz así –dijiste con la cara seria- a alguien que sólo está tratando de ayudarte ¿Qué te pasa? ¿Por qué le gritas así?

-Pero...

-Pero nada. Compórtate. ¿No te da vergüenza poner en una situación difícil a estas mujeres? No eres un niño pequeño. No te comportes como uno. Discúlpate.

El hombre se levantó, y todo el mundo se echó hacia atrás con miedo de lo que iba a pasar. Tú seguías firme sin moverte de tu lugar.

-No necesito que nadie me ayude –dijo apretando la mandíbula- a menos que seas tú. Si ya no vas a estar aquí, pues menos yo.

Terminó de decir y se dirigió a la salida con pasos pesados, dejándote atrás, bajo la mirada de todos.

Les pediste disculpas a Laura, que parecía aturdida por la escena que acababa de presenciar, seguida de Gloria y te fuiste detrás de Konig.

Al salir de la enfermería ya no había rastro de él. Fuiste a su habitación con la intención de seguir regañándolo y no estaba, caminaste por gran parte del cuartel pero nada.

Te rendiste y decidiste ir a tu entrenamiento.

Pasaste el resto del día pensando al respecto. Eras plenamente consciente de que Konig había reaccionado de esa manera por la manera en que Laura trataba de provocarte, pero Laura era sólo una niña al lado de ustedes dos, no era sorpresivo que actuara como tal.

Te sentías un poco culpable por haberle abofeteado, porque a pesar de que su comportamiento no había sido muy maduro, sabías que no había hecho más que intentar defenderte en cierta manera.

Y la verdad, también sabías que tu manera violenta de reaccionar, había sido un poco influida por el hecho de que Laura te recordaba mucho a alguien de tu pasado, lo cual, inconscientemente, te ponía a la defensiva.

Al principio, cuando la viste por primera vez en la mañana, te sentiste aturdida por su parecido, no en las facciones, sino la postura, la expresión que tenía en su cara. Pensaste que parecía tener la misma edad que tenía ella cuando...

Sacudiste tu cabeza agresivamente de lado a lado. No querías pensar al respecto. Ya había pasado mucho tiempo.

De nada servía comerse la cabeza pensando en gente muerta.

Pensaste, mientras te dirigías a tu habitación, evitando el comedor lleno de gente, no tenías ánimo de comer nada.

Al entrar a la habitación, te encontraste a Konig, con un desastre de vendas y papel alrededor de su cama.

Te miró y apartó la mirada, un poco avergonzado.

-Nada de cena hoy ¿eh? –Dijo en voz baja.

Instantáneamente sentiste una punzada de culpabilidad en tu pecho. Sabías que habías actuado mal en la mañana con él. Quizás él no se había comportado de la mejor manera, pero él no se merecía que lo trataras así.

Cerraste la puerta tras de ti y te acercaste un poco.

-¿Me dejas ayudarte?

El hombre no respondió, bajando la mirada.

König x lectora Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora