La frustración que sentía Konig en ese momento era tan fuerte que hacía su pecho doler.
El hecho de ver que hicieras una expresión como esa y no poder hacer nada para ayudarte, para aliviarte, incluso para siquiera consolarte, lo hacía sentir tan inútil que incluso estar enterrado bajo tierra, sería menos desesperante.
Te apretó fuertemente, cerrando sus ojos, en busca de algún tipo de alivio, buscando que el dolor en su pecho se aligerara, y al sentir tus temblorosas manos apretar la parte trasera de su camiseta, se sintió peor.
Peor, porque ese abrazo disfrazado de consuelo no era más que él buscando alivio para sí mismo
Te apretó más fuerte.
Incluso al punto en que empezaste a sentirte un poco ahogada. Nunca nadie te había abrazado de esa manera antes. Tan significativamente.
Trataste de apartarte de él delicadamente, y lo miraste, su expresión atormentada.
Te forzaste a ti misma a sonreír.
-Estoy bien –dijiste tratando de recomponerte-, no te preocupes. Eso fue hace mucho tiempo.
-Pero...
-No pasa nada –dijiste pasando tu mano por su brazo tratando de reconfortarlo-. Está todo bien.
Y el dolor en su pecho se hizo más agudo.
¿Por qué eras tú la que estaba tratando de consolarlo a él? Cuando claramente debía ser él quien estuviera consolándote en ese momento, se sentía tan inservible.
Puso una mano en tu mejilla, acunándola, y al ver cómo te estremecías y te sonrojabas ante su tacto, cayó en cuenta de algo.
Quizás sus habilidades no le daban la capacidad de consolarte con palabras como le gustaría, quizás no era capaz de decir algo lo suficientemente ingenioso para hacerte sentir mejor, pero tal vez, con sus manos, podía hacerte olvidar, aunque sea por un rato, de todas las cosas malas de tu pasado, aunque sea un poco, aliviar toda la tristeza que tenías guardada.
Con sus manos, con su boca, con todo su cuerpo.
Konig apretó tu cara con su mano, desconcertándote por un momento y te atrajo hacia sí y estampó un húmedo beso en tus labios.
Tu roja cara de sorpresa y confusión después de eso, lo hizo sentir satisfecho, pues ya no había rastro de la sombría expresión que le había afectado tan profundamente momentos antes.
Procedió a jalarte hacía él nuevamente y a besarte frenéticamente, apretando tus brazos, tratando de acercarte más a él cuando ya estabas pegada, besándote fuerte, casi agresivamente, como si estuviera desesperado.
Algunos jadeoss abandonaron tu garganta, quedando casi sin aliento.
Konig deslizó sus labios hasta tu cuello.
-Machen Sie sich keine Sorgen,mein liebe –susurró contra el mismo, poniéndote la piel de gallina-. Ich werde den Schmerz aus dir herausficken.
-No hablo Alemán –gemiste frustrada.
-¿Qué hay de inglés? –preguntó sin separarse de tu cuello.
-Un poco más.
-I'll fuck the pain out of you, love. –dijo y mordió la piel sensible de tu cuello, haciéndote dar un respingo.
Toda la situación te descolocaba, no entendías a que venía tanta intensidad repentinamente, pero no te desagradaba. Pudiste empezar a sentir como la humedad bajaba por tu ropa interior.
El hombre te hizo sentarte sobre él y con sus manos condujo tus caderas para que te movieras sobre su erección. Cada estocada te hacía sentir más presión en tu vientre, gemidos involuntarios saliendo de tu garganta mientras Konig seguía besando y lamiendo tu cuello.
Se separó un momento y subió tu camisa, para tener acceso a tus pechos, los removió del sostén y puso su boca a trabajar en ellas. Tus pezones sensibles y duros automáticamente.
Te apretó con sus brazos y se levantó alzándote como si fueras una muñeca, te dio la vuelta y te acostó sobre la cama rápidamente, acto seguido, empezó a quitarte el pantalón y la ropa interior.
Antes de darte tiempo a reaccionar, clavó su boca en tu parte y comenzó a devorarla, haciéndote curvar la espalda del placer, clavaba su cara fuertemente contra ti y tu en respuesta empujabas tus caderas. Pusiste ambas manos en su cabello, jalándolo un poco mientras tratabas de reprimir los gemidos.
De repentes sentiste como el hombre empezaba a darte besos húmedos, por tus pliegues, yendo a tus muslos rítmicamente, cuando llegó a la cara interior de tú muslo izquierdo, mordió fuertemente, haciéndote soltar un pequeño grito ahogado. Cuando el hombre oyó el sonido que hiciste, puso sus ojos en ti y volvió a morderte.
Era dolorosamente placentero.
Sabías que eso iba a dejar marca, pero no te importó. Apretaste tus muslos en su cabeza, atrapándolo por un momento, Konig sonrió.
Subió para darte un beso en los labios, pero antes de poder volver a bajar, lo agarraste con los dos brazos y lo apretaste, empezaste a empujar tus caderas contra su erección.
En ese momento de distracción aprovechaste para empujarlo en la cama y ponerte sobre él. Trató de levantarse, pero sujetaste sus brazos contra la cama. Obviamente tenía más fuerza que tú, pero te dejó ser.
-¿Por qué todavía estás vestido? –preguntaste con el ceño fruncido mientras le desabrochabas el pantalón torpemente.
El hombre levantó su cadera para que se te hiciera fácil retirarlo, lo hiciste, revelando su gran erección atrapada aún en su ropa interior. Le sonreíste con sorna.
Empezaste a frotar tu húmeda parte sobre la suya que aún estaba cubierta por su ropa interior. Un par de gemidos salieron del hombre.
-¿Te gusta eso? –preguntaste hipnotizada por su expresión de placer.
Bajaste su ropa interior y empezaste frotar su parte contra la de él sin meterla adentro. Empezaste a ver estrellas con cada frotada, su parte contrayéndose y palpitando, el hombre apretó tus caderas con sus fuertes manos, sin medir su fuerza cegado por el placer haciendo que un rojas marcas empezaran a salir en tu piel alrededor de donde corrían sus manos.
Aumentaste la velocidad, y los sonidos húmedos no hacían más que ponerte más de lo que ya estabas.
Llegó un punto después de un rato, donde el hombre no aguantó más y se vino, tras fuertes gruñidos, haciendo un pequeño desastre sobre sí mismo, pero no te detuviste, seguiste moviéndote sobre él, y la sensación que te otorgó su pegajosa descarga, te dio una sensación de satisfacción aún más profunda de lo que ya tenías.
Pequeños en parte gruñidos/lloriqueos de parte del hombre pues su sensible parte no tenías descanso debajo de tu palpitante parte sólo ayudaron a que te vinieras de una manera tan fuerte que casi sientes que te ibas a orinar encima.
Finalmente tumbada sobre él respirado agitadamente, sentiste como acariciaba tu cabello y tu espalda desnuda con cariño. Dio un par de pequeños besos en tu hombro.
-¿Te sientes mejor? –preguntó Konig en voz baja mientras seguía haciendo círculos en tu espalda con sus dedos.
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König x lectora
FanfictionLlevabas ya un tiempo compartiendo habitación con Konig, al principio la idea no te había convencido del todo, pues se suponía que la distribución de los compañeros de habitación no eran mixtas, pero al ver que el hombre no protestó en ningún moment...
