Capítulo XX

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El agua fría en tu cara te hacía más consciente de lo que acababas de hacer.

Gruñiste un poco avergonzada, con la cara roja como un tomate, te maldijiste a ti misma por no ser capaz de controlar tus impulsos apenas Konig te calentaba la oreja.

Sabías que la situación pudo haber escalado rápidamente si alguien despertaba y los descubría, lo que hicieron minutos antes fue una total locura.

Sin embargo no podías negar que la sensación de poder ser descubiertos en cualquier momento durante el acto, llenaba tu vientre y tu pecho de una emoción que hacía que tu mojada parte palpitara de una manera que hasta a ti misma te sorprendía, negaste la cabeza sintiendo vergüenza de ti misma.

-¿Ya está mejor el grandulón? –preguntó Gloria haciéndote dar un salto del susto.

Sonrió viéndote a través del espejo.

-Sí –balbuceaste nerviosa-, mejor.

-Eso pensé. –Dijo aún con la sonrisa dibujada en sus labios, como si supiera algo que tú no.

Te removiste incomoda en tu lugar.

-Mañana vuelve mi asistente –dijo cambiando el tema-. Había olvidado comentarte. Ya se encuentra mejor. Así que estás eximida de tus obligaciones como mi ayudante.

-Ah –respondiste sin poder evitar reflejar un poco la decepción en tu cara-. ¿Es así?

Gloria no pudo evitar mirarte con ternura, puso una mano en tu espalda, dándote un par de palmadas.

-Pero eres bienvenida siempre que quieras cariño. La ayuda nunca está de más. Esta anciana mujer está muy agradecida del tiempo que estuvimos juntas, fue muy agradable, espero verte por acá de vez en cuando.

Al oír eso instantáneamente te sentiste reconfortada y sonreíste asintiendo.

-¡Vendré cada que tenga oportunidad! ¡No hay duda de eso!

Se dieron un pequeño abrazo rápidamente.

-Por cierto, quizás no tengas tanto tiempo libre a partir de ahora –dijo aún sonriendo.

-¿Por qué lo dices?

-Quizás haya tenido una alentadora conversación con el general sobre lo útil que fuiste todos los días que estuviste por acá; y quizás el general también haya mencionado su deseo de solicitar tu presencia en nuevas e importantes misiones de alto rango.

Abriste los ojos y antes de poder decir algo, ya Gloria se encontraba fuera del baño compartido, encendiendo la luz de la enfermería, y haciendo ruido para que todos despertaran.

Gloria era una mujer que tenía gran influencia en el alto rango de la directiva. Además de ser la doctora designada del cuartel, también era una camarada de alto rango, bastante apreciada por todos los superiores, por lo que siempre que decía algo, era escuchada atentamente por todos, incluso por el general.

El hecho de que te llamaran a más misiones importantes era una gran oportunidad para subir de rango, algo que deseabas y añorabas con fuerza, y Gloria lo sabía.

Saltaste un poco como una niña emocionada y saliste del baño con una gran sonrisa, a ayudar a Gloria a hacer la revisión matutina de todos los pacientes.

El día transcurrió sin problemas, salvo por un Konig de muy mal humor pues no le dieron de alta a pesar de que decía sentirse ya bien, pues la cantidad de sangre que había perdido, ameritaba tenerlo en observación por un par de días.

Muchos pucheros al negarte rotundamente cuando preguntó si podías al menos quedarte con él por las noches (Sabías que no tenías autocontrol en lo que a él respectaba por lo que no querías arriesgarte a hacer una escena como la de la primera noche nuevamente) y la cara horrorizada de los demás soldados al ver al enmascarado actuar de esa manera, pensando que quizás dentro de sus lesiones también se había golpeado la cabeza o algo y por eso actuaba de esa manera tan impactante para ellos.

La amenazante mirada de Konig, siempre que tenías que atender a alguien que no fuera él, ayudó a que la mayoría de los soldados ''Heridos'' se despacharan por sí mismo, dejando ya la enfermería menos llena de lo que estaba.

A la hora de comer, insistió en que lo ayudaras a comer, alegando que su brazo dolía demasiado como para hacerlo él mismo, cuando sabías que era zurdo y el brazo que tenía herido era el derecho, por lo que igualmente podría comer el mismo perfectamente, pero decidiste no entrar en discusión con él y alimentarlo.

Su cara de felicidad y satisfacción te hizo reír varias veces mientras desempeñabas la tarea.

El día llegó a su fin y el cansancio te pesaba en los hombros a medida que la noche se hacía presente.

-Quiero ir contigo –dijo cruzándose de brazos.

-Sabes que no puedes, debes quedarte acá –respondiste con tono cansado.

-Pero... No quiero dormir sólo.

-No vas a dormir sólo, hay bastantes personas acá, suficientes para hacerte compañía.

Después de una larga charla, lograste convencer al enmascarado a regañadientes, con la promesa de que irías al día siguiente a primera hora a verlo.

Fuiste a tu habitación y caíste dormida tan rápido que ni siquiera te dio tiempo de ducharte. A la mañana siguiente te levantaste con más energía, te aseaste y te cambiaste para cumplir tu promesa.

Te dirigiste a la enfermería cuando en la entrada te encontraste con una chica cruzada de brazos y mala cara en la puerta. Su ropa de civil no encajaba con el entorno.

-Buenos días. –Saludaste sorprendida de ver a alguien tan temprano en la puerta de la enfermería.

La chica giró a verte pero no respondió, sacaste una llave del bolsillo y esperaste a que se moviera para poder abrir la puerta.

La chica al reconocer la llave que antes era suya te miró de los pies a la cabeza.

-¿Y tú quién eres? –preguntó con mala cara.

König x lectora Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora