XII

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Vi mi vida caerse en pedazos frente a mis ojos en cuanto presencié aquella escena. Aquél beso entre mi hermana mayor y quien se suponía que era su mejor amiga. Me había dado cuenta de una manera tan horrible que Chaeyoung era repugnante. Era una desviada, una pecadora, una enferma. Era igual a mí y ese hecho me provocó un espontáneo llanto que me exigía huir del lugar.

Todo el mundo las estaba viendo, y no les importaba. No se ponían a pensar en lo que la gente haría o diría de ellas, estaban más concentradas en la otra que el mundo se desvaneció alrededor de ellas, y me aseguré de que todos los presentes, incluyendo a Megan y a Minho «el cual estaba borrando aquel rayo pintado en su cara con un paño húmedo», estuvieran observando la misma escena que yo y que ésto no fuera realmente un delirio mío.

Pero estaba pasando. Todos estábamos viendo lo mismo y eso me obligó a correr lejos de la escena. Corría porque quería estar lejos de mi propia hermana, quería estar lejos de todo lo que me llevara a recordar esa imagen de ella besándose con otra mujer. Corría porque ella y yo éramos igual de asquerosos, con la única diferencia de que yo quería curarme y seguir el camino que me correspondía.

Mas a Chaeyoung no le daba ningún tipo de interés cambiar por el bien de los demás. A ella solo le importaba ser una persona egoísta y hacer lo que quisiera, y ahora esa era la imagen que tenía de ella. Ya no veía a la Chaeyoung con la que compartí tiempo durante toda mi vida, ahora la veía como una persona distinta. Alguien que no conocía.

Mis piernas se detuvieron cuando de repente me encontré en un estacionamiento algo alejado de la ciudad, había corrido tanto con tal de alejarme de ese sitio que en el camino ni siquiera me puse a pensar a dónde iría. Solamente huí por puro impulso, ese momento de la fiesta fue malditamente desagradable. Tanto que incluso estaba llorando por eso, pero no comprendía tan bien porque de todas las reacciones el llanto tenía que ser el primordial.

Me senté en la vereda, reposando mis brazos en mis rodillas, pensando en cómo podía ser posible que todo este tiempo mi propia hermana fuera una enferma al igual que yo. Incluso pasó por mi mente el pensamiento de... «¿Acaso yo la contagié

Mierda, esa pregunta rondando por mi cabeza no ayudaba. Bueno, quizá sí en algo, y eso era hacerme sentir el doble de miserable. Mi familia estaba destruyéndose y sólo tenía cerebro para creer en que todo era mi culpa, pero que también era la de Chaeyoung por no hacer lo mismo que yo; intentar sanar con ayuda de Dios.

Mientras seguía sollozando en ese solitario estacionamiento, mis oídos captaron el sonido de una motocicleta deteniéndose a mis espaldas. Ladeé la cabeza hacia la derecha, con tal de mirar quien era ese motorizado detrás mío. Me esperaba que fuera Minho, pero aún así mis ojos se abrieron levemente de la impresión cuando nuestras miradas se encontraron debajo de este estrellado cielo.

—¡Ji! —exclamó el mayor mientras se bajaba del vehículo.

Se acercó a mí y sentí su brazo sobre mi espalda mientras se sentaba a mi lado, observándome con una expresión preocupada y a la vez confundida. Él había visto todo, incluso cuando me fui, y sabía bien que había decidido seguirme para hablar conmigo sobre lo que había sucedido. Y, francamente, no tenía ganas de tocar el tema.

Sin embargo... no dijo nada. Se mantuvo en silencio y eso me extrañó. Acaso... ¿Estaba respetando mi espacio?

Solo sentía su mano acariciando mi espalda con suavidad, en un intento de tranquilizarme y demostrarme que me apoyaba en ésto. Sentía cómo en mis mejillas aparecía un sonrojo difícil de captar gracias a la oscuridad, al mismo tiempo que mi corazón latía desenfrenado y yo no podía entender porqué, si ni siquiera estaba pasando algo emocionante. Solamente era un momento cómodo y a solas junto a Minho.

Pecador [ Minsung ] [ ✓ ]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora