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Lo vi a través del reflejo del espejo y me di vuelta para mirarlo, ya me estaba cansando de que me siga todo el tiempo, estuvo estos dos años tratandome pésimo y ahora quería tratar de hacer esas cosas conmigo.
—Sí vas a decirme algo, yo no estoy haciendo bromas por todo el castillo hace semanas —Exclamé con sinceridad y cruzándome de brazos, él negó con la cabeza y fue acercándose a mí, por cada paso que él se acercaba yo me alejaba.
Hasta que choqué contra la pared, el guardia dorado puso sus manos a los costados míos, sintiendo una ola de nervios al ser acolarrado contra el muro —Te he consolado con el fallecimiento de tu pareja... ¿No crees que deberías pagarme con algo? —. Preguntó contra mi oído, el guardia dorado puso sus manos debajo de mi camisa y pegó sus caderas a las mías, cuando deslizó sus palmas hacia mis omóplatos pegó su pecho al mío, me puse un poco tenso y empecé a empujarlo así alejarlo. Me sentía incómodo con lo que hacía.
— Oye... Puedo pagarte con caracoles o lo que sea... M-menos con ésto —Dije con la voz temblorosa, su cabeza estaba fija en mí, no sabía si me estaba viendo dado a la oscuridad de la máscara que escondía esos ojos magentas tan fríos cómo el hielo o probablemente, cómo el corazón de tu ex.
Se alejó de mí y lo miré con odio, acomodé mis prendas y salí corriendo del lugar, no miré hacia mis costados y evité prestarle atención a las miradas burlonas de los guardias desenmascarados, y los que si estaban con la máscara, traté de no escuchar las conversaciones que se trataban sobre el fallecimiento de Jerbo y mi homosexualidad, cubrí mis oídos y tareando una canción de cuna entré a mi habitación, al abrir los ojos vi una carta de color.
Me sorprendí y me dirigí a aquella, sostuve la carta entre mis manos y la examiné con la mirada, la hoja de adentro era blanca como la nieve, solo que tenía una salpicadura de café en una de las esquinas de aquella, acerqué mi rostro a la mancha e inhalé el aroma de la mancha, un aroma a café invadió mis fosas nasales, ush... Yo detesto el café y fijé mi mirada en la imprenta minúscula del papel y leí en voz alta.
"Cada vez que pienso en ti, mis ojos rompen en llanto; y muy triste me pregunto,¿por qué te quiero tanto?".
Levanté una ceja y releí con una mueca curiosa, y dejé el sobre sobre el escritorio sin antes voltearla y buscar algún nombre. — Tendrás que adivinar quién fue... — Dije en voz alta, leyendo esa letra blanca de detrás del sobre color vino, y lo primero que pasó por mi mente fue Jerbo. Estoy seguro que él sigue vivo y que solo quiere hacerme una broma de mal gusto... Bueno, Jerbo no es capaz de hacer bromas, mucho menos si son así.
Suspiré y rompí la carta en mil pedazos, creo que esto de ser gay, aparte de levantar enemigos, podría llegar a levantar un poco de ganado si es que existía algún otro homosexual en el castillo... Resoplando tiré las cartas al basurero junto a un escritorio de noche mío.
—Mañana va a ser mejor —pensé al hacerme uno con mis mantas y quedarme dormido al instante.
Me desperté como todos los días; con mi cabello alborotado, con dolor de cabeza y la garganta seca, hoy había un poco de diferencia... Me había creció un poco de bigote y barba la cual no voy a dudar en quitármelo, me levanté de mi cama y la tendí, cosa que nunca hago dado a que me gana la vagancia. Me puse el uniforme con rapidez y me dirigí corriendo al pasillo del terror, ¿Por qué pasillo del terror? Fácil, siempre que paso por ahí los guardias me insultan por ser gay y algunos llegan a agredirme físicamente.
Llegué a los baños y puse la máscara sobre mi cabeza, agarré la rasurada y fijé mi mirada en el rostro de mi reflejo, Titán. ¿Qué me había pasado? Desde la muerte de Jerbo me empecé a descuidar y la supuesta "pequeña barba" ya estaba al estilo dubble mediano, lo que me hacía parecer como un adulto de 30 años. Suspiré y de un morral pequeño que traía encima quité una espuma para afeitar, me la puse en la palma de mi mano derecha y guardé el embase otra vez en mi morral.
Esparcí la espuma en mis dos manos y me lo pegué al rostro, cubriendo mi pequeña barba verdosa con la espuma, quité la espuma restante de mi mano con el agua y agarré la rasuradora para proceder a afeitarme.
A comparación de veces anteriores, no me corté, lo cuál indicaba que ya estaba aprendiendo. Vivir toda mi vida con un padre ausente no era fácil, y ahora le daba cuenta. Supongo que si hubiera tenido a mi padre al inicio de mi adolescencia, desde el primer día en que me salió el primer bigote sabría afeitarme.
Me mojé el rostro y quité los bellos restantes que quedaron estampados en mi cara, froté mis ojos y apreté el mango de la máquina de afeitar, fijé mi atención en las cuchillas de aquella y mis ojos brillaron, un pensamiento preocupante que nunca conocía de mí apareció —Podría hacerme daño...—. Murmuré y deslicé la manga de mi uniforme sobre mi codo, dejando expuesto mi pálido y limpio antebrazo.
Limpio por no mucho tiempo, la ausencia de Jerbo empezaba a afectarme de más y no sabía con quién hablarlo, no podía desahogarme, todos me odian aquí, mis hermanas no me hablan ni mucho menos las personas que hacía llamar amigos, veo que cortarse es la única solución para desquitarme, ¿Verdad? Acerqué la cabeza de la rasuradora en el centro de mi antebrazo y lo moví bruscamente hacia un costado (cuando siempre para afeitarse es para frente).
Solté un quejido adolorido y apreté los ojos, y me causé un corte. El ardor no tardó en aparecer, la línea delgada en mi pálido antebrazo comenzaba a hacer visible un líquido bordado, lo que me daba a entender que era sangre.
No podía seguir si no quería sentir más dolor, pero por otra parte necesitaba hacer algo para no sentir más ese nudo en la garganta. Voces en mi mente comenzaban a murmurar cosas negativas como:
"Sería mejor que mueras".
"NADIE notaría tu ausencia".
"MEJOR NO ESTORBAR CON TU EXISTENCIA".
"Nadie querrá a un homosexual".
"QUIZÁ POR ESO JERBO SE MATÓ, NO TE AMABA Y AL NO SABER CÓMO TERMINARTE SE SUICIDÓ".
"ERES MOLESTO, MORIRAS SOLO".
Mis ojos se inundaron en lágrimas y colapsé mentalmente, mis piernas se pusieron tan frágiles que cuando empezaron a temblar me derrumbé al suelo, haciéndome un ovillo, todo mi cuerpo temblaba y no lo podía controlar, mi respiración se aceleró, esos pensamientos parecían un loop en mi mente y no tenían fin. Sé que estoy por morir.
Voy a morir, el aire me faltaba tanto a tal punto de sentir que estaba al borde de desmayarme, todo lucía borroso dado a las lágrimas que tenía estancadas en los ojos, el ardor de la nueva cortadura aumentó al chocar contra mi pecho, causando que dé un grito mudo, mi cabeza retumbaba y no paraba de pensar, ya me dolían las sienes.
Mi corazón dio un vuelco al oír que abrieron la puerta y alguien daba un grito ahogado acompañado con unas risas burlonas.
⌇˚.༄ #◞ . ‧₊◜·°˖˚♡ !! ✧ 🔞⌇# α ₊ ୭̥⋆*。 › ˎˊ˗
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¿Golden Guard..?// Goldric
FanficEl guardia dorado y yo somos enemigos desde el primer día que entré al aquelarre del emperador, no creía que era capaz de llegar a tener algo romántico con el guardia dorado y pensé que no llegaríamos ni a ser amigos, pero vaya que estuve equivocado...