CAPÍTULO 29

51 20 11
                                        

"CUMPLEAÑOS NO FELIZ"

Cuando se habla de cumpleaños, lo primero que se manifiesta en nuestra mente es la idea de festejar otra oportunidad para vivir, pero la verdad es que esta fiesta está lejos de tratarse de ello, ya que entre más se sume, más se resta.

Se cree que cumplir un año más de vida significa dejar ir el pasado para enfocarte en un nuevo tú, cuando en realidad se refiere a celebrar la existencia de todas esas versiones que has tenido desde tu primer año y unirlas a la reciente, pues sin ellas no estarías otra vez en esa fecha especial. Nunca se van, están presentes en diferentes situaciones.

20 de Mayo. Veintitrés años de edad y parece que mi cumpleaños perdió su gracia después del último año. No me siento entusiasmada como solía estarlo, planeando qué haría con mis seres queridos este día. De hecho, no creí que alguien en la mansión lo supiera hasta que Rosie tocó a mi puerta esta mañana y al abrir se abalanzó hacia mí con euforia.

Ahora a causa de su insistencia por levantarme el ánimo, las dos nos encontramos frente al tocador arreglándome un poco. Yo rizo mi cabello ondulado mientras ella me ayuda a untar en mis brazos la pomada para quemaduras.

Echo un vistazo a través del espejo y la veo sonriendo a medida que lo lleva a cabo: hay personas que realmente se recargan de energía al socorrer a otros. Sin embargo, que la esté observando se debe a mi admiración por su labial rojo porque en verdad le luce muy bien a su tez blanca. Me motiva a querer usar uno de ese color hoy.

―He terminado, mi niña ―menciona con su voz dulce―. ¿En qué más puedo apoyarte?

―No se preocupe, yo sigo sola de aquí en adelante.

―No, claro que no. ¿Qué tal si te maquillo?

―Justo estaba pensando en eso. Hace bastante tiempo que mi rostro no tiene color.

―¡Perfecto! Cuando yo estaba más cuerda, solía ser fanática de los cosméticos. En mi época, la técnica era distinta a la actual, pero si me instruyes, ambas lo lograremos.

―Solo déjeme elegir una blusa. ―Me pongo de pie―. Ya me exhibí mucho en brasier con usted.

―Ay, mi niña. ―Ríe―. No tengo problema con eso.

La compañía de Rosie siempre resulta agradable, se siente como una bandita para el corazón. Lo mejor es que a pesar de que estos días he estado llena de baja autoestima, alistarme con ella se ha presentado como una excepción.

Abro el armario y registro con mi vista el orden: desde sin mangas hasta mangas largas. Mi mirada viaja de un lado a otro esforzándome por no enfocarme en el qué dirán, no obstante, al final no lo consigo, pues mi brazo se extiende hacia una blanca y holgada que sé que va cubrir por completo las quemaduras. Anhelo el momento en que vuelva a sentirme segura con mi cuerpo.

Una vez que me la pongo, regreso al tocador.

―Te admiro por tu capacidad de afrontar las adversidades. ―Me abraza.

Habría esperado que me dijera cualquier cosa, menos eso, porque acabo de hacer algo opuesto a sus palabras, aunque el hecho de que haya notado mis fuertes intenciones por no quedarme estancada, me enseña que está bien que por ahora la idea de salir adelante permanezca como un propósito antes de ser una acción.

―Por cierto, ya que estés lista tenemos que ir al primer piso. ―Se aparta.

―¿Qué hizo? ―Entrecierro mis ojos con diversión.

―Ya lo verás. ―Sonríe.

— — —

A partir de que bajamos juntas las escaleras, cubrió mis ojos con sus manos, así que seguimos andando de esa manera entretanto yo no puedo evitar dar pasos inseguros con miedo a tropezar y me es imposible no soltar pequeñas risas nerviosas. Por su parte, ella trata de consolarme diciendo que no me va a pasar nada, que está ahí para evitar que me caiga, que el recorrido a ciegas valdrá la pena. Estoy ansiosa por lo que sea que vaya a descubrir cuando me libere.

PLAN DE ESCAPEDonde viven las historias. Descúbrelo ahora