CAPÍTULO 30

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"UNA OPORTUNIDAD ÍNTIMA"

Hay una ley que el ser humano ha establecido para dar oportunidades: solo dos ocasiones. La primera, comprendiendo que es fácil equivocarse; la segunda, con la intención de que se aprenda de ese error y se pueda enmendar. Una tercera, sería un síntoma de estupidez.

Desde dentro de mi habitación, observo mi puerta como si tuviésemos que enfrentarnos en cualquier instante. La miro con fijeza, no soy capaz de dar un paso hacia ella, es como si el suelo tuviera pegamento. Me muevo, pero mis pies se quedan sobre el mismo lugar, reteniéndome. Es una batalla de decisiones.

Me frustra no saber qué hacer con la necesidad de interrogarlo acerca de ese tema. Pienso en si debo ir o no. ¿Sería muy personal? ¿Sería invasivo? Es decir, ya es de noche, tal vez no es prudente buscarlo a estas horas.

No importa. Tengo que ser honesta conmigo y justo ahora quiero estar con Oliver. ¡Qué idiotez! Eso es algo de lo que él es consciente, que lo deseo. Así que jalo con fuerza y salgo con apresuro directo a su dormitorio antes de que el arrepentimiento haga de las suyas. Empuño mi mano y toco débilmente. ¡Maldita sean mis nervios!

No tarda mucho en abrir y mi sonrisa menos improvisada aparece —nótese mi sarcasmo—. Trae el cabello un poco despeinado, su musculosa gris para dormir y un pantalón negro de mezclilla.

—¿Llegué en un mal momento?

—Estaba cambiándome para acostarme.

—Oh, bueno... Mejor te veo mañana. —Doy un paso atrás.

—¡No! ¿Te gustaría pasar?

Me detengo cuando lo pregunta. Yo asiento con alivio de que su ofrecimiento no haya sonado forzado, negándome a que mi rostro se ilumine de más para que mi entusiasmo no lo espante.

Se aparta para que ingrese y por supuesto que siendo la primera vez que entro aquí, mi mirada viaja por cada rincón. Ni siquiera esto conocía de él, pues incluso para eso era reservado.

La habitación es sencilla y ordenada. Sobre la cama con sábanas cafés que está frente a mí se encuentra un short de entrenamiento y al costado de ella se ubica un único ventanal. Me dirijo hacia la esquina derecha donde yace una mesita con una lámpara y un sillón reclinable, pero interrumpo mi andar cuando me cruzo con un librero amplio.

Camino despacio analizando cada título en los lomos. Hay una variedad de especialidades, entre ellos Psicología y Medicina. Me he dado cuenta de que es un hombre preparado para esta organización, ya que no solo se queda con lo que le enseñan sino que también estudia respecto a diversos temas para no llevarse sorpresas. Aunque no es un profesional, esos leves conocimientos le son de ayuda para comprender las situaciones a las que como Halcón se enfrenta.

Inspecciono que en los espacios vacíos del mueble tiene colocadas unas pequeñas figuras de barcos: Oliver y su afición por la marea. Afirmo que esta es una de las partes más íntimas que he averiguado de él.

—¿Descubriste algo que te gustara? —su tono suena juguetón.

—Esta colección. —Volteo a verlo y lo hallo sentado sobre la alfombra al término de la cama—. ¿Se relaciona con alguna fantasía?

—De hecho, sí.

—¿Cuál es? —Me siento a su lado.

—Navegar por el océano hasta donde sea posible.

—Se parece un poco a la mía.

—¿En serio?

—Mi sueño es viajar por todo el mundo. Tengo la teoría de que entre más conoces, más lo consigues contigo mismo.

PLAN DE ESCAPEDonde viven las historias. Descúbrelo ahora