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Capítulo 51

Pedido de Ayuda.

La incursión había empezado, el camino era aburrido y por lo mismo algo desesperante, pero la idea de llegar a casa le motivaba a seguir a pesar de las tan aburridas circunstancias. Los paladines del león verde y blanco pasaban en observación constante de los leones, el poco almacén de energía le hacía estar al pendiente de ello y los demás.

— ¡Agh! — exclamo el paladín azul. — ¿No hay alguna manera de ir más rápido? Parecemos tortugas avanzando.

— ¡Lance deja de quejarte! Es la tercera vez que repites la pregunta. — Respondió Pidge, estaba cansada de escuchar la misma pregunta. — Y no, no hay manera de ir más rápido a no ser que quieras que se te apague el león.

— Bien. — hablo rendido. — Es que ir a este paso no es ¿desalentador?

— Lo es. — hablo Tania. — Estamos yendo demasiado lento, más de lo que estimamos, pero es lo mejor, no queremos siquiera sobrecargar la batería.

— En serio lo siento Lance. — se disculpó Allura.

— ¿Qué? ¿Por qué?

— Porque le di la gran mayoría de energía a Lotor, siento que no fue la mejor decisión.

— No te disculpes Allura. — intervino Tania. — Hiciste lo que pudiste con Lotor, además ya está fuera de nuestro alcance, no volverá a lastimar a ningún otro ser jamás.

Después de esto el camino permaneció silencioso y nada incómodo, era aquel silencio que todos necesitaban tiempo y espacio para pensar firmemente en todo lo que lograron para llegar aquí, en camino a casa, a varios días de llegar a ella. La emoción se mostraba levemente en el rostro de todos, las pequeñas sonrisas que llenan sus mentes de recuerdos, el descanso que talvez se tomarán al llegar a casa o la incertidumbre de saber si sus padres los castigarían por tal escape desprevenido.

La paladina blanca, por su parte, creía como cuál niño en aprendizaje; haciéndose preguntas que salían sin cesar y que le parecían tontas; ¿El aire ha cambiado? ¿Los árboles serían del mismo color? ¿Los sabores serían los mismos? ¿Y si la gravedad cambio también? Salían una tras otra, tras otra; sintiéndose más curiosa de cómo sería llegar a la Tierra.

Varias millas atrás, había pensado en su madre y en la sensación de que alguien la esperaba, pero descarto esa idea al saber qué había pasado talvez más de 1,000 años o 10,000 años, teniendo ese golpe de realidad tan repentinamente al recordar que su madre tal vez había muerto uno cuantos años después de su ida al espacio, en ciertas ocasiones se lamentaba ir con el león blanco e ir al espacio, sabía que había otras opciones, pero no lo pensó tanto y emprendió su viaje hasta llegar aquí.

Pues claro, ¿En qué estaba pensando? Aunque doliera debía aceptarlo.

Esta guerra que entro sin pensar, le había quitado tanto y al mismo tiempo le ha dado de todo.

— ¡Alerta de zona explosiva! — exclamo Pidge.

— ¿Zona explosiva?

La zona estaba repleta de bombas y cristales ya reconocidos por los paladines, no se habían dado cuenta hasta que haber llegado a la zona sin darse cuenta, parecía que fueron sueltas por lo estimado hace mucho tiempo, por lo que vagan por el espacio sin sentido alguno.

Los cristales estaban atados a las bombas, siendo ellas solo un detonante para lo que era el arma, ¿chocaron repentinamente con ellas o ya estaba prevista su llegada?

— Estén alertas. — informo Keith. — Es posible que haya caza o naves madre por aquí cerca.

— Si así fuera. — hablo Hunk. — Lo más probable es que ya estuvieran aquí, miren. — señalo. — Ha pasado ya varios minutos y nada se ha aparecido frente a nosotros.

El Allegado del Blanco. [Voltron Fanfiction]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora