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Capítulo 40

El viejo adversario

En medio de aquel silencio, en la habitación de recuperación una paladina de hace más de milenios se encontraba descansando tras el viaje a Oriande. El silencio del lugar la volvía nerviosa y más aun sintiendo sus extremidades inmóviles.

Entre sus pensamientos; la idea de estar muerta renació al sentir el frio suelo o eso era lo que sentía.

"¿Hola? ¿Alguien?" – pregunto. – "¿Hay alguien ahi?"

Unas voces se escuchaban a la lejanía, entre ellas una le hizo reconocida y con temor empezó a rogar por perdón y un pedido de ayuda.

"¡Allura! ¡Perdóname!" – exclamo desesperada. – "¡Allura, por favor! ¡Perdóname! ¡Por favor, ayúdame!"

Con mucho temor trataba de moverse, pero le era imposible. Ver la oscuridad de sus propios ojos la hacían sentir que no estaba en sí, que su alma se había alejado de su cuerpo y el desespero de moverse se volvió más angustiante.

"¡Allura, Shiro, Lance!" – grito. – "¡Por favor, alguien!"

¿Por qué no podia moverse? ¿Había ocurrido algo aparte de ese viaje a Oriande? Estaba extrañada, ante podia moverse con normalidad, pero ahora parecía un objeto inanimado sin vida, estaba segura de que el viaje a ese lugar de Altea había hecho algo que hizo inmovilizarla por completo.

– ¿Crees que este bien? – preguntó Lance. – Verla así, me da escalofríos.

– Regresara pronto. – afirmo Shiro. – Seguro está descansando.

– ¿O tal vez está en coma? – solo Hunk inquieto.

Los presentes vieron a Hunk y a pesar de que era una idea alocada, no le alejaba de lo que le ocurría a la joven paladina. Debian esperar por lo mejor, tenían la esperanza de que regresaría como siempre lo hacía.

"¡Aqui estoy!" – llamo a gritos. – "¡Chicos! ¡Chicos!"

– Vamos, debemos terminar el trabajo. – interrumpió Lotor. – Regresaremos en cuanto despierte, llamare a uno de mis mejores medicos para que la revise.

"¡No, no, no, no, no!" – lagrimas caían de sus pequeños ojos. – "¡Chicos! ¡Regresen!"

Los paladines salieron de la sala y se dirigieron al castillo de Lotor, aun había cosas en las que debían terminar.

Dejaron a la paladina en aquella habitación, aun con sus ojos cerrados varias lagrimas salían y corrían sus mejillas, no había expresión en ese rostro blanco y debilitado solo se encontraba una mente triste y con el desespero de salir de ahi.

Varias horas después, el emperador Lotor entro a la sala, Tania sintió la presencia y trato de moverse tanto como podia pero era completamente inútil. El médico que venía junto a él trajo una jeringa que fue inyectada en su cuerpo, un movimiento de dolor apareció en el cuerpo de la paladina más aun no despertó de ese infame sueño.

– Extrae la sangre que necesites. – ordeno el emperador. – Debe haber alguna manera de traer a los Mantez de vuelta.

– Si, señor.

Tania en su mente se retórica del dolor, no eran jeringas normales eran aquellas que extraían todo lo que había en su paso y eso ocasiono un desmayo repentino en la mente del paladin.

"¡Basta!" – grito. – "¡Suéltame!"

Tres horas después despertó, pero su cuerpo aún se negaba a hacerlo.

El Allegado del Blanco. [Voltron Fanfiction]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora