Las hipótesis aguijoneaban el corazón de Ava y no le daban tregua, mientras se repetía que debía recordar el último día que vio a su hija. Sin embargo, los recuerdos tardaban mucho en aparecer y eran como la mantequilla derretida, se le escurrían con rapidez. Tantos años habían pasado tratando de reprimirlos que tardaban en emerger. Así que decidió que lo mejor era relajarse un poco.
Ava ingresó a la ducha e intentó poner su mente en blanco, mientras el agua recorría su cuerpo. Cuando al fin lo consiguió pudo repasar hasta el mínimo detalle de aquel día. Nada en él le sonaba raro o fuera de lo normal. Nada le ayudaba. Repasó los hechos: Ángela llegando tarde (o más bien temprano en la mañana) en un estado lamentable, la pelea, la charla con su hermana, el descubrimiento del robo del bolso, la ida hacia la casa grande de su hija para devolverlo a instancias suyas, la extraña visita de Enrique ofreciéndole champagne, luego se había quedado dormida en el sillón. ¿Le habría puesto algo a la botella?
De pronto, el celular comenzó a sonar en algún lugar lejano al baño del departamento, trayéndole un recuerdo. Fue tan nítido que casi pudo oír la vocecita irritada de Ángela al atender:
—¿Qué quieres?... Dije que no lo haré otra vez... No... ¡No!... Ya sé lo que dije, pero... Sí, necesito dinero... ¡Dije que no! ¡Basta Enrique! O tengo que empezar a llamarte "Ricky". —Cortó mientras reía por lo bajo.
Ava se había quedado estupefacta. ¿Qué quería Enrique? Y por qué la había llamado si ellos casi no hablaban. ¿Dónde se encontraba ella? ¡Tenía que recordar!... La llamada había sido como a media tarde y Ángela estaba en casa porque... ¡había sido domingo! No, no... era sábado. Fue el día anterior a que desapareciera. Su hija estaba preparándose para ir a casa de alguna de sus amigas, encerrada en su habitación y con la música a todo volumen, como solía ponerla cuando deseaba hablar sin que la escucharan. No le había preguntado sobre aquello, lo sabía. La adolescente se había cambiado y había atravesado la casa corriendo hasta llegar a la puerta de calle, para no ser detenida por ninguna orden de su madre. Ava sólo había tenido tiempo de advertirle que volviera temprano. Posteriormente olvidó el asunto por completo.
El celular dejó de sonar. Ava estaba sentada en el piso de la bañadera, temblando entera a pesar del agua caliente. ¿Había algo que su hija le estaba ocultando? Desde que empezó a sospechar que sus familiares le habían mentido todos esos años, se preguntó el motivo. No había dado con ninguno para que el matrimonio hiciera semejante cosa, hasta entonces... Quizá el motivo estaba oculto. Su hija guardaba un secreto. Se lamentó de ello. Lamentó la mala relación que habían tenido y la poca confianza que había entre ellas. Debió ser una mejor madre. Una enorme herida apareció en su corazón. No podía cambiar el pasado, pero estaba dispuesta a averiguar la verdad.
Tiempo después se encontraba dentro de su auto. Le había costado salir del departamento. Estaba aterrorizada. La calle le parecía una jungla donde en cualquier momento alguien podía atacarla. Luego de recordar aquella llamada había dado un paso atrás. Su familia la asustaba. ¿Y si habían enviado a alguien para que la vigilara? Molesta consigo misma, no dejó que los pensamientos destructivos y sus temores la abrumaran. Tenía que averiguar qué había sido de su hija y lo único que se le ocurrió fue ir al lugar donde habían vivido. Quizá algún vecino recordara algo de aquel día. Enrique había sobornado a los amigos de Ángela a cambio de silencio, pero no podía sobornar a todo el mundo. Necesitaba llegar a aquella persona honesta y sensata que se ocultaba en alguna esquina de su pasado.
Al llegar a la calle un escalofrío recorrió su cuerpo. Pasó de largo y estacionó el auto en la esquina. La casa grande seguía allí, oscura y solitaria. Estaba exactamente igual a cómo la recordaba, excepto que en sus jardines delanteros ahora había plantas. Aurora los había llenado de pequeñas piedras blancas y dos duendes de yeso, consejo de una revista de moda de decoración de jardines que había comprado con mucho entusiasmo. Ava detestaba los duendes y se alegró de que los sacaran. Cuando se acercó vio un cartel que indicaba que se alquilaba y un número de teléfono.
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Ecos de la memoria
Mystery / ThrillerUna madre, desesperada por encontrar a su hija desaparecida, descubre de pronto que aquella nunca existió. Sus familiares intentan explicarle la realidad: sus alucinaciones, su enfermedad que ha empeorado por la falta de tratamiento. Sin embargo, ob...
