Capítulo IV Un lugar al cuál pertenecer

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La noche anterior, Deirieri había hospedado en su casa al chico extranjero que decía llamarse Yami Sukehiro.

Despertó por la mañana a las 5:00 a.m, tal y como solía hacerlo todos los domingos para alistar sus cosas e ir a vender sus pociones. Ató su cabello y se vistió con una camisa de cuello alto negra y pantalones de igual color y un collar qué había tenido toda su vida.

Después de alistarse, preparó un poco de café, y un par de sandwichs

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Después de alistarse, preparó un poco de café, y un par de sandwichs. Puso la mesa para dos y fue a despertar a Yami quién seguía durmiendo, no lo juzgaba, después de todo lo que le pasó la noche anterior.

Se acercó a él y lo movió un poco para hacerlo despertar.

—¡Buen día Yami! ¡Hoy también salió el sol! ¿Dormiste bien? —Preguntó con la voz animada que tenía. Notó qué estaba despierto pero solo la ignoró— ¡Despierta! — dijo tirándolo de la cama—

—¿¡Qué demonios te pasa, enana!? —se levantó del piso con una expresión de enojo puro—

—¡Yo no soy ninguna enana! ¡Y apresurate, ya hice de comer! —alzó la voz, odiaba qué se burlada de su estatura, pues ni siquiera era tan pequeña—

—¿Comida? ¿Por qué no lo dijiste antes? —con tono tranquilo la dejó de lado y salió en busca de la comida—

Deirieri lo miró con una cara que parecía decir "¿es en serio?", para luego ir tras él.

—Y bien, enana ¿qué hay para comer? —este tipo no parece entender de cordialidades—

—Mi nombre es Deirieri, no enana, ¿entiendes, extranjero? —me empezaba a colmar la paciencia, solo alguien más me llama de esa forma y este tipo actúa muy similar a él—

—Como sea, la comida —se sentó—

—Pues hice un sandwich y... —me interrumpió y puso una expresión de desconcierto—

—¿Qué? —miró el sandwich— Tengo días sin comer ¿y crees que me va a llenar esto?

Narra Deirieri

Asumí que tenia razón, así que me tocó hacer más, pero nunca estaba satisfecho y eso empezó a molestarme, así que luego del sandwich número 10 dejé de preparale más.

—¡Oye enana! ¡Quiero más de esas cosas! —Dios, este chico no se cansa de comer—

—¿¡Estás loco!? ¡A este paso vas a dejarme sin nada! —dije apuntandolo mientras ponía una expresión de molestia—

—Tks, como sea... —se levantó y caminó hacia la salida—

—¿Y tú a donde crees que vas? ¿No estarás pensado en irte ahora, verdad? —pese a lo molesto que era, temía que se fuera—

—No lo sé, lejos de aquí —Abrió la puerta dispuesto a irse—

—Oh, no lo creo. Te salvé la vida ¿no lo recuerdas? Encima te comiste casi todo lo que tenía, así que ahora debes pagar —Me crucé de brazos y lo vi con un semblante serio—

—Pues hasta dónde sé, yo no te pedí nada —Me quedé con los ojos en blanco, ¿como puede ser tan desagradecido? —

Pero sabía que su mal carácter solo era sobrepasado por su orgullo

—Tienes razón, no te lo pedí —sonreí de forma malvada— ¡Ay pero qué tonta soy! ¿Cómo pude imaginar que un extragero sin modales cómo tú podría comportarse como un hombre de verdad? —Tomé mis cosas, y pasé junto a él mientras de reojo vi la expresión de molestia que tenía por mí comentario—

—¿Acaso me dijiste poco hombre, enana insolente? —Preguntó mientras seguía con esa misma expresión—

—¿Qué no lo eres? —Le dije con un notable tono de sarcasmos en mi voz—

—Maldita enana... —Se llevó la mano a la frente y luego me miró— Bien ¿qué demonios quieres haga? Porque, por si no lo has notado no traje los tesoros del mundo conmigo.

—No te preocupes, únicamente te pido que hagamos un trato —Puse la bolsa con mis posiones delicadamente en el piso y lo miré con una sonrisa de satisfacción en mis labios— Verás, tú no conoces a nadie aquí, no tienes donde vivir ni como sobrevivir, y yo, pues yo necesito un poco de ayuda. Así que, yo te daré techo y comida si me ayudas con mis tareas.

—¿Qué? ¿Eso es todo? —me miró alzando una ceja— Se nota que estas desesperada por compañía.

—¡Claro que no! ¡Solo estoy siendo amable, no seas idiota! —alcé la voz—

—¿A quién le dices idiota? ¡Idiota! —se alteró también—

—Como sea, vámonos ya —de alguna manera tomé su reacción como un si—

Lo hice que cargara la bolsa con las posiones mientras Dazz subía a mi hombro, salimos por fin de la casa y caminamos por la playa un rato, hasta que me tropecé con algo, vi bien y vi que era una especie de espada un poco fuera de lo común.

—Oye, mira esto —dije levantándola y ganándome su atención—

—¿Ah? —miró la espada y luego me la arrebató de las manos— ¡No puede ser! ¡Pensé que se había perdido en el mar!

—¿Qué? Es una espada muy rara —dije con un poco de intriga—

—Es una katana, son muy comunes de donde yo vengo —dijo mientras retomaba el paso—

—Ah, es verdad... No me has contado como fue que terminaste aquí —lo miré con cierta curiosidad—

—Estaba pescando y una tormenta me arrastró hasta aquí —dijo sin mirarme o detenerse—

—¿De verdad? —no me pareció muy creíble— porque a mi no me parece que seas un pescad-.. —me interrumpió—

—¿Nunca dejas de hablar o te pagan por hacerlo? —dijo con molestia—

Lo ignoré pues solo estaba perdiendo el tiempo preguntando. Hasta que volvió a hablar.

—¿Tú que me dices? ¿No tienes familia? —me miró de reojo—

—No. —respondí sin más— no sé de donde progengo ni sé quienes fueron mis padres, lo único que tengo que podría ser un indicio de mi pasado es esto —dije tocando la cruz plateada con una piedra roja en el centro que colgaba de mi cuello—

—Vaya, es sorprendente como una enana cómo tú sobrevivió todo este tiempo sola —no supe si ofenderme o sentirme halagada—

—Y a todo esto... ¿Qué tipo de magia usas? —esta pregunta era importante—

—Pues, uso magia de oscuridad ¿por qué? —me sorprendí al escucharlo—

—Vaya... Sin duda te irá mal aquí —me miró desconcertado—

—¿A qué te refieres? —Dijo con su típico tono de voz molesto—

—Las personas en este reino son muy... ¿Paranoicas? —suspiré— a las personas con una magia sombría nos ven de menos y más en nuestro caso, si somos plebeyos, o extranjeros como tú.

—Así que por eso es que vives sola —me miró— ¿Pero que hay de ti? ¿Qué clase de magia usas?

—Magia de sangre —bajé un poco la mirada—

—Que estupidez, ni que fuera para tanto —lo miré con asombro, pensé que se burlaría o algo así— La gente aquí es bastante estúpida... Ahora seré un rechazado social junto a ti, que fastidio.

Pese a como lo dijo, dijo que estaría junto a mí, entonces no se iría. ¿Al fin había encontrado un compañero? No lo sabía, pero sin duda, pese a todo, nosotros no nos juzgaríamos por nuestra magia. Ambos estábamos solos, ambos teníamos una magia extraña y sombría.

Pese a su actitud, pude notar que muy en el fondo no era una mala persona.

Quizá... Estando el uno con el otro, tendríamos un lugar al cual pertenecer después de todo.

Nacht Faust - Entre Sangre y Sombras (Black Clover) Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora