—Tu teléfono no ha dejado de sonar. Es Bi. —Tom se talló los ojos, pero rápidamente quitó la mano al sentir el ardor en uno de ellos. No quería mirarse al espejo, sabía que tendría un ojo morado y que quizás su físico se vería vergonzoso; haber decidido venir con Quiev no había sido la mejor idea, pero agradecía que su mejor amigo no había hecho muchas preguntas y le permitiera quedarse.
Tomó el móvil y vio un montón de mensajes sin leer y llamadas perdidas. Apretó el entrecejo, echó un suspiro, y al pasarse la mano por el cabello, aún lo sintió húmedo por la ducha de anoche. Puso los ojos en su mejor amigo, que llevaba el cabello menos calvo que antes, un poco despeinado y una sonrisa enorme. Sus claras orbes no llevaban emoción alguna, por lo que supo que ese gesto no era honesto, y que, si anoche no hizo las preguntas, era porque iba a hacérselas ahora. Tomando asiento en la orilla de la cama, mordiéndose las paredes bucales.
—Y bueno, ya puedes ser honesto conmigo... esos golpes no son de alguien que te quiere asaltar. Aún llevas tus cosas de valor. —Tom levantó una esquina de sus labios, y bufó, largo y tendido. No podía creer que había llegado hasta aquí, que le había ganado lo que siempre quiso suprimir. Frente a su mejor amigo, siempre quiso ser lo más honesto que podía, pero ni siquiera se atrevió a hablar de amor o de sus emociones. Ninguno de los dos llegaban a ese grado íntimo, y se preguntaba si Quiev alguna vez había pensado en contarle algo que le dolía o le ponía triste. —Puedes confiar en mí.
—No recuerdo nada; estaba drogado. —Mintió. Quiev negó.
—Leí los mensajes que te enviaste con Bi. Y antes de que me pongas esa cara, estaba preocupado por ti. Sé que lloraste. —Tom puso los ojos en blanco y bajó la mirada a su teléfono. Sintió el corazón acelerado de imaginarse que hubiese leído alguna conversación que olvidó borrar; no podía perdonarse quedarse completamente solo por algo que siempre había querido fingir que no era. Estaba llenándosele el cuerpo de agua y pronto cubriría todo su ser. Iba a ahogarse. —Somos amigos desde niños, Tom... nada de lo que hagas me va a hacer quererte menos.
—No me mientas. —Fingió reírse. Quiev apretó las cejas, penetrándolo con sus ojos, serio.
—Ya sé que diferimos en muchas cosas, pero tú eres más que mi amigo. Eres mi hermano. —Le apretó la rodilla. —Yo saco las castas por ti, y tú por mí.
Quiev lo vio bajar la mirada y apretar su celular con la mano. Aunque Tom siempre mostraba ser fuerte e insensible, había sido él quien lo había visto en situaciones vulnerables. En cada una de ellas. Y por eso sabía que no era todo lo que el pueblo pensaba que era. Incluso si daba miedo verlo en estados violentos, golpeando e insultando a la gente, cuando estaban los dos solos, a veces hasta parecía cariñoso y bonachón. Era todos los lados de una moneda y creía que tenía el honor de conocerlo por completo, porque eso le hacía saber que le quería y confiaba en él.
Tras los años en los que habían compartido su historia, había visto que Tom se decantaba siempre por tener relaciones con hombres disfrazadas de venganza. No podía creer que, tras meses fingiendo amor, terminara deformando a golpes el rostro de alguien que seguramente sí quería. Siempre pensó que era raro cómo prefería simplemente no confesar que era gay y nada más. Ahora con Bill daba miedo, y daba asco ver que había cambiado su personalidad por completo; que intentaba dar patadas para salir a superficie y a veces ni siquiera lograba respirar el aire fresco. Sólo le confirmaba que estaba enamorado de un hombre que para él no valía nada y sólo le había ayudado a desarrollar una personalidad que daba asco y que no podía apoyar en absoluto.
Ver a Tom homosexual le daba asco, y prefería simplemente no pensar en ello. Pero había cosas más importantes que verlo enamorado de una basura como lo era Bill, y eso era el tiempo, cariño y apoyo que le había brindado literalmente toda su vida. Y no importaba si al final quería pasar el resto de su vida con otro hombre, siempre iba a estar al lado suyo, así como Tom estuvo con él.
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SAUDADE.
FanfictionBill terminó con su vida el mismo día en que nació, tras una historia que no pudo proyectar sin dejar pedazos de sí mismo cada vez que la verbalizaba.