Continuación I Día 15.

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- Aquí hace frío. –se quejó Laura- Oh mira, por lo menos has traído unas mantas –dijo tirando de ellas y haciendo que se cayesen al suelo.

- No, esas mantas no. –dijo Mickey nervioso.

- Pues ya me dirás tú con qué quieres que me tape. –dijo ella viendo como él observaba las mantas por el retrovisor.

- Toma mi chaqueta, está debajo de mi. –dijo echándose hacia delante.

- Con 'debajo de ti' quieres decir en tu culo ¿Verdad? –le respondió.

- Es eso o morirte de frío, tú eliges.

Finalmente, ella cogió la chaqueta. Pero no entendió el porqué de no poder coger las mantas. Así que tras unos meneos que dio el coche en algunas curvas, consiguió ver que las mantas tapaban una caja vieja de cartón. Pero no tuvo mucho tiempo para pensar en ello, pues escasos minutos tardó Mickey en anunciar que habían llegado.

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Pensé en quedarme sentada en el salón, sin dirigirles la palabra, pero vi que me ganaban en cantidad y que terminarían convenciéndome. Aunque tengo que admitir que yo les creo y eso es lo que más me molesta, es decir ¿Por qué yo les creía y las chicas no? ¿Acaso sonaba tan raro lo que nos habían contado? Estaba confusa y prefería que ellos no jugasen con la ventaja de saber que, por mucho que me costase admitirlo, les creía.

Decidí irme. No sabía dónde, pero me iba. Entonces Cal me siguió y, por lo que puedo intuir, Luke se quedó allí.

- Aub –dijo Cal con una voz cansada.

- Calum. –le respondí.

- Si jugamos con esas... –dijo él- Aubrey Tomson.

- Dígame, Calum Hood. –seguía en mis trece.

- Lo tengo difícil –susurra.

- ¿Perdona? –digo insinuando que lo repita.

- Nada, nada... -dice riendo- Digo que duele ver lo fría que eres con una persona que hace cuestión de días te cubría en todas.

- No vayas por ahí... -le dije.

- Entonces, permíteme que te recuerde que Luke es como un hermano para mí y que estoy haciendo un esfuerzo enorme por no ir a contarle lo que sientes por él. –dice riendo.

Y, sin dejarme ni protestar, continuó enumerando cosas.

Mientras él continuaba, pude ver pasar a María al salón. Iba un tanto cabreadísima por lo que mi buen sentido de la intuición femenina me decía que no habían ido bien las cosas.

Y cuando me dejó sin argumento alguno con el que defenderme, cuando supo que había ganado la lucha, entonces y solo entonces, paró.

- ¿Has acabado? –repliqué para ganar tiempo.

- Sabes que podría seguir, pero no seré avaricioso y te escucharé si es que tienes algo que decir. –dijo con un tono pícaro siendo muy consciente de que no tenía con qué replicarle nada.

- Para empezar, todas esas cosas no quieren decir que tenga que perdonarte. Es decir ¿Desde cuándo por haber sido buen amigo hay que perdonar todo? ¿Dónde viene escrito? –improvisé sobre la marcha.

Navidades australianas.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora