Día 15.

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Hoy me levanté como si fuese un día más, uno de esos días que forman parte de tu rutina, uno de esos tristes días en los que echas un vistazo atrás y te das cuenta de lo rápido que verdaderamente pasa el tiempo. Pero estaba equivocada y lo sabía, sabía que hoy no era un día cualquiera, sabía que sería el último día que pisase aquella cabaña y no quise hacer lo mismo de todos los días: no quise quedarme a ver como se iban despertando y levantando cada uno de ellos. Simplemente no me apetecía seguir haciendo lo mismo de siempre.

Me levanté, hice una taza caliente de té y recorrí la cabaña de arriba a abajo, recordando todos y cada uno de los momentos que esta casa nos ha proporcionado, momentos y secretos que quedarían entre esas paredes por siempre.

Entré en el sótano y no pude evitar pararme a pensar cómo había cambiado todo desde que vinimos, cómo los sentimientos habían ido poco a poco complicándolo todo hasta el punto de acabar gritándonos y discutiendo de una manera horrible como anoche.

Supongo que se me fue la noción del tiempo, pues cuando quise darme cuenta eran las 9 a.m y todos preguntaban por mí.

- ¿A qué hora entregaremos las llaves? -preguntaba Ash.

- Creo que, si nos damos prisa, podríamos ir a las 10. -dijo Luke dando un sorbo a su café.

- Supongo que podría llevarlas yo, que he desayunado y estoy medio vestida. -dije entrando a la cocina.

- Yo te acompaño, no vaya a ser que te pierdas. -Dijo Laura desde el marco de la puerta- En 15 minutos estoy lista.

Las chicas habían desayunado solas y apenas nos dirigíamos la palabra entre nosotros, así que raro era oír algún ruido que no procediese de nuestras maletas o las puertas de los armarios.

- Aub, te espero en el coche. -dijo Laura dejando sus cosas en la entrada y poniéndose los auriculares.

- ¡Voy! -grité dirigiéndome a la puerta.

- Aub -oí que Michael llamarme- Espera Aub. -insistió.

Me di la vuelta por la simple curiosidad de ver qué era lo quería.

- ¿Lo llevas todo? -dijo.

- Sí -contesté confusa sin saber a qué venía eso e intenté seguir mi camino.

- Espera -insistió- ¿Has cogido la bolsa con los móviles?

- Bueno, ahora que lo dices, podrías subir tú a por ella. -dije dando por hecho que no se negaría.

- No -dijo provocando que volviese a darme la vuelta para mirarlo. - Si quieres, yo llevaré tus cosas a la entrada mientras tú subes a por ella.

- ¿Por qué no puedes...

- Eso o que hagas tú ambas cosas -me interrumpió.

- Mira Michael, no sé qué es lo que te traes entre manos pero más te vale que no sea nada de lo que te puedas arrepentir... -le dije dándole mi bolso y subiendo a por los móviles.

Lo que yo no sabía era que, al bajar, me encontraría mis cosas en el mismo sitio donde se las había dado Michael. Me dirigí al coche, donde se suponía que Laura me esperaba, y, cuando vi el coche marcharse, supe que me la había jugado.

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Laura se disponía a llamarme al ver lo mucho que tardaba. Y entonces, se abrió la puerta del coche.

- Al fin, pensaba que te habías olvidado y estaba a punto de... -dijo al ver que no era yo quien entraba en el coche.- ¿Qué haces aquí?

- Aub está ocupada y me he ofrecido a ir yo a por las llaves. -dijo él poniendo el coche en marcha.

Navidades australianas.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora