Capitulo 17

232 15 0
                                        

Lauren terminó de comer en silencio y recogió los platos, para después volver a sentarse en la mesa.

- ¿A que estaba rico? - preguntó la chica poniendo ojitos-.

- No sé ni qué decirte, Karla - empezó Lauren con seriedad, ignorando el intento de suavizarla de su hija-. De verdad, ¿has visto todo lo que has liado?

- Intentaba ayudar.

- No quería ayuda. No quería que te metieras, te lo dije.

- Mamá...

- No. Yo creo que siempre te hemos enseñado que hay que respetar a las personas y eso es exactamente lo que no has hecho. Ni conmigo ni con Camila, que además no la conoces de nada.

- Yo no obligué a Camila a que aceptara cenar contigo- se excusó-.

- Karla, la encontraste vete a saber cómo, la fuiste a buscar, le contaste nuestras cosas... Eras una extraña, pero la abordaste y le pediste explicaciones de algo que ni sabías. ¿Te habría gustado que lo hubiese hecho ella contigo si de repente le hubiera dado por buscarme?

- No - admitió la chica-. No me lo había planteado así.

- Invadiste mi privacidad después de que te dijera mil veces que no quería hablar del tema. Tomaste decisiones por mí, me mentiste... Es que... no sé. Estoy muy decepcionada, Karla.

- Lo siento. Lo hice mal, pero no veía otra opción. Tú no lo habrías hecho nunca por ti misma.

- ¿Y no te dio por pensar que si no lo hice era precisamente porque no quería hacerlo?

- Le escribes canciones, mamá. Por algo es. Y cuando hablé con Camila supe que me iba a decir que sí. Lo vi en sus ojos. Las dos queríais.

- Karla, no estás entendiendo nada. Tienes que comprender que yo soy una persona y como tal tomo mis propias decisiones. No puedes hacer de celestina, y mucho menos sin tener ni idea de lo que pasa.

- Lo siento, de verdad, si lo hice fue porque quiero verte bien, feliz. Pensé que al final me lo acabarías agradeciendo.

- Todo es mucho más complicado que la fantasía que te hayas montado en tu cabeza. Con lo de ayer pusiste en serio peligro mi estabilidad emocional, no te imaginas cuánto.

- Me dijiste que era algo que tenías superado, que no te hacía daño...

- A veces los padres mentimos, sobre todo si es para evitaros preocupaciones innecesarias - se encogió Lauren de hombros-. Sería muy egoísta por mi parte hacerte partícipe a ti de mis demonios del pasado.

- Yo quiero saberlos, mamá. No me asustan. Te pido disculpas mil veces, acepto que no fueron las formas. Pero si no te hubieras cerrado en banda habría sido más fácil no cagarla.

- Lo único que voy a admitir es que pude haber tratado el tema con más naturalidad e igual hasta se te habría pasado la curiosidad y te habrías estado quietecita. Pero es que no quiero que te excuses. No tienes ninguna excusa para actuar como actuaste.

- Está bien, tienes razón - se rindió Karla-.

- Mira, la verdad es que no tengo ganas ni de echarte la bronca como te mereces, pero necesito que te quede claro que no puedes volver a hacer esto nunca más - reiteró Lauren, la resaca de sentimientos la tenía verdaderamente agotada y se notaba-.

- ¿Tan mal fue? - se interesó Karla, mordiéndose el labio con preocupación-.

- No era una buena idea volver a verla, ya te lo dije.

- ¿Estás bien?

- Pues no mucho, la verdad.

- ¿Me perdonas?

- Me costará un poco.

- Vale, lo entiendo.

- Y, por supuesto, del verano con Jorge te olvidas.

- ¡Qué! ¡No! - exclamó suplicante Karla-. Eso no, mamá.- Haberlo pensado antes.

- ¡Pero, mamá! - siguió protestando la chica-.

- Y da gracias que todavía no te he dicho nada de que fumas - la cortó Lauren-. Se me acumulan las broncas contigo, Karla.

- Yo no fumo.

- Encima no me mientas, que te vio Camila.

- ¿En serio cenas con alguien a quién no ves desde hace mil años y os ponéis hablar de si yo fumo o no fumo?

- No me cambies de tema.

- No eres la más indicada para enfadarte por esto.

- Por eso mismo deberías saber que no tiene nada de bueno. Mira yo, que ahora ya no lo puedo dejar. Todos nos enganchamos sin darnos cuenta.

- No fumo casi nunca, en serio. Camila me vio porque yo quería que me viera y te reconociera, para asegurarme que era ella. Y funcionó.

- Madre mía, Karla, ¿en serio? - Lauren rodó los ojos-. De verdad, no me expliques nada más porque lo empeoras.

Después de terminar la conversación con su hija, Lauren llamó a Lucy para pedirle que se vieran. Era la única persona a la que podía contárselo todo y necesitaba desahogarse cuanto antes.

La ojiverde esperaba a su amiga en la terraza de su bar favorito, con una cerveza delante y unas gafas de sol que disimulaban su cara desencajada, fruto del cúmulo de emociones que la invadían.

- He visto a Camila - fue lo primero que soltó Lauren tras saludar con un abrazo a su amiga-.

- ¿Ca-Camila, Camila? - quiso asegurarse Lucy, Lauren asintió-.

- Karla me hizo una encerrona con ella, ¿te lo puedes creer? ¡Es que estoy súper enfadada, Lucia! - exclamó la morena indginadísima-.

- ¡No me jodas que la encontró! Madre mía esta cría es el FBI. Perdóname, no me pude contener. Ya sabes los ojos de gato con botas que me pone y yo... se me escapó.

- ¿Cómo que se te escapó? ¿El qué? ¿Qué sabes tú de todo esto? - interrogó Lauren-.

Karla MichellDonde viven las historias. Descúbrelo ahora