Capitulo 36

160 10 2
                                        

AVISO: este capítulo contiene un ataque de ansiedad, por si algunx sois sensibles a ese tipo de temas.


Lauren se estaba acabando de ajustar el pequeño moño estudiadamente desordenado que había elegido hacerse para la ocasión cuando escuchó la puerta abrirse.

- ¡Karla! Justo a tiempo. ¿Voy bien así para la cena con Camila? - salió la morena del baño en dirección al pasillo-.

Karla cerró la puerta a sus espaldas con brusquedad y avanzó con sonoros pasos hacia la posición de su madre, que asomaba por el pasillo.

Lauren se quedó completamente quieta en el sitio cuando se dio cuenta de los ojos rojos de llorar que tenía Karla, así como su respiración acelerada.

- ¿Qué pasa, mi amor? - se acercó su madre finalmente, poniendo ambas manos en las mejillas de la chica-.

Ésta reaccionó al contacto con un fuerte empujón, que alejó a su progenitora.

- ¡Te odio, mamá! - espetó Karla en medio de un sollozo ahogado, mirando con desprecio a Lauren, para después avanzar hasta meterse en su cuarto, cerrando la puerta tras ella-.

- ¡Karla! - la llamó la ojiverde a través de la puerta, la cual golpeó repetidamente-. cielo, ¡¿qué pasa?! ¡Ábreme la puerta!

Lauren pegaba su oreja a la madera gris, tratando de obtener información sobre el estado de su pequeña.

Karla se negaba a contestar y sólo se oían profundos sollozos que rasgaban el alma de la más alta, llenándola de impotencia.

- Cielo, por favor. Sólo quiero que me expliques qué ha pasado. No puedes estar así.

- ¡Cállate, mamá! No quiero hablar contigo. Vete.

- ¡Karla, Cielo! - volvió a llamarla desesperada en vistas de que al menos se comunicaba con ella-. Déjame entrar. No me voy a mover hasta que me expliques qué te pasa.

- ¡Jorge me ha dejado... por tu culpa! - confesó la menor entre sollozos que dificultaban incluso que su madre entendiera el mensaje-.

La sola mención del nombre del chico provocó en Karla una presión en el pecho que le dificultaba la respiración, añadiendo a eso el hecho de que llevaba demasiado rato llorando desconsolada.

Lauren no tardó en detectar, a través de la puerta, el ataque de ansiedad que estaba invadiendo a su hija.

- Cielo necesito que respires conmigo.

- No... puedo - contestó ella con dificultad-.

- Karla, necesito entrar para poder ayudarte a respirar mejor. Por favor. Me puedes insultar, puedes mandarme a la mierda, desahogarte, lo que quieras. Pero déjame ayudarte a calmarte. Sólo eso. ¿Está bien?

Lauren era la última persona a la que Karla quería ver en ese momento, pero la chica también era consciente de que cada vez le era más difícil llenar de aire sus pulmones y la sensación de ahogo por estar encerrada en su habitación tampoco ayudaba.

Finalmente cedió y quitó el seguro. Al segundo, su madre entró en el cuarto y se acercó a ella.

- Mi niña, tranquila, todo está bien - las palabras susurradas de Lauren no eran muy creíbles, dada su cara desencajada-. Yo te ayudo a respirar.

La ojiverde indicó a su hija que se sentara en la cama y siguiera el ritmo de las respiraciones que ella le marcaba, arrodillada a los pies de la misma.

- ¡No me toques! - exclamó Karla, cuando su madre quiso limpiar sus lágrimas con una mano y sentir su respiración con la otra-.

- Vale, vale - suspiró resignada, le dolía la reacción, pero su prioridad era conseguir que la chica se relajara y volviera a respirar con normalidad-. Eh... sigue mis respiraciones, ¿vale?

Karla asintió e intentó con éxito relativo moderar la entrada y salida de aire de su cuerpo, a la vez que trataba de ahogar sus sollozos, con los ojos cerrados.

- Tal vez te será más fácil si pones tu mano en mi pecho, así podras seguir el ritmo. Solo si quieres.

La castaña hizo caso a su madre y, tras muchos minutos de silencio y calma, en los que solo se centró en relajarse, consiguió salir poco a poco de la situación angustiosa en la que estaba.

- ¿Mejor? - preguntó Lauren cuando la otra abrió los ojos-.

- Respiro mejor, sí - aclaró secamente-.

- ¿Me quieres contar...? - tanteó la ojiverde-.

- Sí, te quiero contar cómo por culpa de que no me dejaste ir con Jorge a su casa de la playa, me ha dejado porque dice que el no puede pasarse el verano solo.

Que no quiere esperarme, porque sabe que no va a poder. Y va a invitar a Miriam a su casa. A Miriam que lleva colgada de él desde hace mil años y que me odia...

- Karla.

- Si te hablo ahora es porque necesito desahogarme y soltar toda la rabia que tengo dentro pero que te quede claro que te odio.

- No sabes lo que estás diciendo - reprochó Lauren-.

- Lo sé perfectamente. Yo podría haber tenido el mejor verano del mundo con el mejor novio del mundo con el que estaba genial, pero claro, tú y tus castigos estúpidos tenían que impedirlo - soltó de carrerilla provocando que las lágrimas volvieran a brotar con fuerza de sus ojos, haciendo que su cuerpo entero se convulsionara levemente-.

Lauren retiró las lágrimas que esas palabras de su hija habían causado en ella. Sabía que eran fruto del momento y de no ver más allá de su corazón destrozado por primera vez.

Pero cómo dolía.

- Está bien, dime lo que quieras, pero concéntrate en respirar, ¿vale? Lo estabas haciendo muy bien. Voy a ir a la cocina a por una tila un momentito. Por favor, no me cierres la puerta. Tú puedes odiarme todo lo que tú quieras, pero déjame cuidarte y asegurarme de que estás bien.

Apenas un minuto más tarde, Lauren apareció con la infusión en la mano. Karla se incorporó de la cama, en la que se había tumbado durante la corta ausencia de su madre, y empezó a dar sorbos a la bebida.

La chica bebió en silencio, el cual respetó también su madre, limitándose a cuidarla con la mirada, sentada a lo indio en el suelo de la habitación.

- Jorge no te merece, mi vida - no pudo evitar susurrarle Lauren, la mente de la cual trabajaba a mil por hora tratando de encontrar la fórmula para hacer que su pequeña volviera a sentirse bien y no sufriera por un niñato-.

Karla dejó la taza en la mesita de noche y se metió dentro de las sábanas de su cama, hecha un ovillo.

- Tú no tienes ni idea, yo le quiero. Y él me ha dejado.



________________________________________________

He vuelto aquí les dejo un pequeño maratón por desapareces.

Espero lo disfruten.

Karla MichellDonde viven las historias. Descúbrelo ahora