- No puedo trabajar si me miras así, cielo - se quejó Camila, mientras tecleaba sacando la lengua levemente-.
- ¡Es que es monísima tu lengüita! Mírate - la imitó-.
- Qué rápido se te olvidan las habilidades de mi monísima lengua, Lauren - susurró centrando toda su atención en la pantalla que tenía delante-.
- Ya ves que sí. Necesitaré un repasito, cielo - soltó la ojiverde y Camila no pudo evitar reírse-. ¿Qué?
- Que eres muy tierna llamándome así.
- Ah, ¿tú puedes y yo no? - frunció el ceño Lauren-.
- No he dicho que no puedas, sólo que me hace gracia.
- A ti todo te hace gracia - picó la ojiverde-.
- Mira, ¿sabes qué? No estoy trabajando una mierda. Nos vamos.
- ¿Así de fácil?
- Trabajaré luego desde casa, cuando no te tenga delante distrayéndome.
- Me parece una idea genial.
- Me disminuyes la productividad, Jauregui - se lamentó Camila-.
- ¡Pero si te he dado contenido para una colección entera!
- También es verdad. Además para que un artista puede trabajar tiene que vivir. ¿De dónde sacamos la inspiración si no? - reflexionó Camila cuando apagó el ordenador y acabó de ordenar los papeles esparcidos por su mesa-.
- Así se habla, vamos a inspirarnos un ratito.
- ¿Alguna preferencia? - preguntó la morena cuando salieron del edificio y Lauren aprovechó para encenderse un cigarro-.
- Tengo hambre.
- Muchas gracias, eres de gran ayuda.
- Quiero un trozo de tarta enorme.
- ¿Pero tú cuántos años tienes?
- ¿No te viene bien nada de lo que digo o qué? - protestó la ojiverde con un pucherito-.
- Ay, bebé - la consoló Camila imitando la mueca en su cara, para después acercarse a besarla-. Vamos a por un trozo de tarta, entonces.
Las dos disfrutaban como niñas pequeñas de la merienda. Lauren engullía una porción de pastel de chocolate más grande que su cara y Camila saboreaba unas galletas, que sí podía comer.
- Te estás manchando entera.
La imagen de la ojiverde, vestida de oficina y disfrutando como una niña chiquita de su merienda mantenía una sonrisa fija en la cara de Camila.
- Ya está - se limpió Lauren la boca con una servilleta-.
- No. Si es que tienes chocolate en toda la cara - pasó la morena el dedo por uno de sus mejillas y se lo llevó a la boca-.
- ¡Que lleva lactosa! - exclamó Lauren alarmadísima-.
- Ay, Lo, que no pasa nada - restó importancia la morena-. Es una cantidad insignificante, no me va a hacer nada.
- ¿Ah, no? - frunció el ceño la ojiverde, reflexionando sobre eso-.
- No.
- ¿Y dónde más dices que me he manchado? - preguntó alzando una ceja y acercando su cara a la de Camila-. Yo digo que con un lengüetazo se va.
La morena respondió a la provocación lanzándole una servilleta a la cara.
- Hay gente, Lauren. Límpiate tú.
- Limpiiti ti - la imitó-. Aburrida.
Alba chasqueó la lengua y tiró de la camisa de la ojiverde para acercarla más a ella y poder atrapar su boca en un beso húmedo que la dejó sin palabras.
- A mí no me insultes - recriminó la morena haciendo que la otra estallara en una carcajada-.
Cuando Lauren abrió la puerta de su casa, se extrañó al oír como Karla hablaba con alguien.
- ¿Karla?
- Hola, mamá. Estoy con Lucy - saludó la chica desde el salón-.
- Hola - la ojiverde apareció con una sonrisa enorme y besó a ambas antes de sentarse con ellas en el sofá-. ¿Qué haces tú aquí?
- Cotillear sobre tu novia - soltó Lucia con sinceridad-.
- ¡Hala, Lucy! - se quejó Karla por el chivatazo-.
- ¡Que no es mi novia! ¿Ya estáis conspirando vosotras dos? ¿Qué es lo que pasa ahora?
- Le estaba contando a Lucy que Camila es de las nuestras - sonrió la más pequeña-.
- O sea ahora es una virtud estar en mi contra - se hizo la ofendida Lauren-.
- Es un requisito indispensable que se sepan meter contigo, sí. Tú necesitas que te espabilen - argumentó la rubia-.
- Yo estoy bastante espabilada, gracias - contradijo la aludida-.
- Bueno, el caso es que Camila me encanta para ti. El buen gusto, mamá - la felicitó con una palmadita en el hombro Karla-.
- Y además se porta genial con nuestro bebé - aportó Lucia estrujando a Karla entre sus brazos-. Muy bien, Jauregui. Estamos orgullosas.
- Sois payasas.
- Payasa serás tú que le traes cafecitos porque no te puedes esperar ni a que salga de trabajar - se burló su hija-.
- Pues le ha encantado la sorpresa, que me lo ha dicho - chuleó Lauren-.
- ¿Puede ser más perfecta Cabello? - reflexionó su amiga-. Te perdona las cagadas del pasado, aguanta tus cursilerías, ayuda a Oli, folla bien...
- ¡Lucia!
- ¡Solo estoy dando datos objetivos! - se defendió-. La chica es un partidazo.
- Bueno, tú te relajas, eh. Que te veo muy lanzada.
- Un partidazo como cuñada, me refería - la tranquilizó-. Cualquiera se mete ahí en medio.
- Te arrastro.
- No a la violencia - intervino Karla-.
- Eso es, mi vida - secundó Lauren-.
- ¡Pero si lo de arrastrar lo has dicho tú!
- Déjala que el amor la tiene tan atontada que no sabe ni lo que dice - picó Lucy-.
- Vale ya de meterse conmigo. ¿Te quedas a cenar y vemos una peli? - le propuso a la ojiverde-.
- ¡Noche de chicas! - saltó Karla en el sofá-.
- Yo pensaba irme ya...
- Lucy, por fa - suplicó Karla-.
De repente Lucy se encontró frente a dos pares de ojitos de gato con pucherito incluido, marca de la casa, y no pudo evitar sucumbir.
- Siempre me enredáis - protestó-.
- Anda que te cuesta a ti mucho dejarte enredar... - aclaró Lauren, abrazándola tras salirse con la suya-.
ESTÁS LEYENDO
Karla Michell
FanfictionMichell no Parara hasta descubrir quien es esa Camila a la que su madre le escribe canciones desde hace años a escondidas. Fanfic Camren Adaptación
