Capitulo 47

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- Karla, para ya.

Lauren deseaba que la tierra se la tragara en ese momento. Camila, que observaba atenta, se debatía entre la burla y la compasión por la ojiverde.

- Eso, no me has saludado - se cruzó de brazos la morena, eligiendo bando finalmente-.

- Camila, ¿en serio? ¿Tú de qué parte estás? - se lamentó Lauren ante la sonrisa triunfal de la más pequeña-.

- De la de la buena educación, siempre. Qué mal ejemplo para tu hija entrar a un sitio sin saludar.

- Son de lo peor.

- No, tú eres lo peor, que no saludas - siguió Camila, buscando complicidad en la mirada de Karla-.

- Pues salúdame tú, ya que eres tan educada y además has entrado la última.

Lauren, satisfecha con su jugada, se cruzó de brazos esperando ver cómo la Morena no se atreviera.

Lejos de eso, ésta aceptó el desafío con una sonrisa.

- Tienes toda la razón del mundo. Hola, Lo - habló finalmente, acercándose a ella con decisión, dispuesta a plantarle un beso-.

Lauren abrió los ojos como platos cuando la vio tan cerca y tan dispuesta a besarla, así que no dudó en girar la cara para que el beso se estrellara en su mejilla.

- ¡Pues ya estaría! - sentenció la ojiverde-.

Tanto Camila como Karla rodaron los ojos a la vez, con una mueca de decepción.

- ¿Sabes que Karla va a hacer el cartel para la nueva exposición? - anunció la morena, tras unos segundos de silencio-.

- No, no, Camila... Es un proyecto súper importante para ti, yo no sé nada... Es demasiado - declinó Karla-.

- Bueno, para eso estoy yo. Te daré toda la formación que necesites.

- ¿Y tú qué ganas? Es una pérdida de tiempo para ti y vas a estar ocupadisima.

- Es una inversión de tiempo, que es muy diferente - rectificó la morena-.

- Mamá, dile tú - acudió Karla a su madre en busca de ayuda-.

- Yo aquí no me voy a meter - alzó las manos la más alta-.

- ¿Te ha dado tiempo a investigar algo en este ratito?

- Sí, bueno, tengo un borrador así rápido...

- Perfecto, pues guárdalo y seguimos otro día. Puedes venir un par de veces a la semana, si te va bien. Ya iremos viendo... - empezó a organizar Camila-.

- ¿No aceptas un no por respuesta, verdad? - adivinó la joven-.

- Karla, con la ilusión y las ganas que le pones a esto, sólo pueden salir maravillas. Por supuesto que no acepto un no.

- Está bien - se rindió la chica, provocando amplias sonrisas en las adultas de la sala-.

- Genial. Otro día hablamos de tu sueldo.

- No, no, eso sí que no - rechazó Karla de nuevo-.

- Karla, el arte se paga. Eso es lo primero que tienes que aprender.

- Pero...

- Ya lo hablaremos con calma, no te preocupes - restó importancia la artista-.

Karla suspiró asimilando toda la conversación.

- Esta bien - habló finalmente-. Bueno, yo me voy a ir yendo ya...

- Hablamos para ver cuando seguimos con esto - indicó Camila-.

- Claro - Karla se acercó a la pintora y se despidió con dos besos-. Gracias, Camila, de verdad.

- De nada - sonrió ampliamente la morena-.

Karla se despidió también de su madre y salió por la puerta con una sensación de entre euforia e incredulidad que la hizo sentir completamente viva.

- Gracias - susurró uren, que no había podido apartar los ojos de Camila desde que su hija había salido por la puerta-.

- De nada - repitió-. Gracias a ti por el café.

- ¡Dios, debe estar helado! Éste es el tuyo - le señaló uno de los dos vasos-.

Camila abrió la tapa del vasito para echarse azúcar y no pudo evitar sonreír.

- ¡Es un perrito! - exclamó con voz infantil-.

- Un perrito deforme - rectificó Lauren, pues el dibujo en la espuma había perdido bastante forma-.

- ¿Y tú que tienes? - preguntó la morena emocionada-.

- Un osito.

- Enorme y adorable. Te pega - afirmó camila y se acercó a dejar un beso sobre los labios de la ojiverde-. Gracias por la sorpresa.

- ¡Sorpresa la que me he llevado yo!

- Si hubieras preguntado antes...

- Yo te traigo cafés de sorpresa y tú te pones del lado de mi hija para hacerme pasar vergüenza. No te creas que se me ha olvidado tan fácilmente - informó la ojiverde con gesto serio-.

- Cielo, sí es que ha sido inevitable. Eres tan tierna cuando estás toda coloradita... - apretó Camila uno de sus mofletes-. Además, enfadada debería estar yo por la cobra que me he comido.

- ¡Es que a quién se le ocurre!

- Ya, a quién se le ocurre girarle la cara a Camila Cabello.

- Serás creída - golpeó suavemente el hombro de la más bajita-.

- Sólo digo verdades como puños- le guiñó un ojo y le puso morritos-. Anda, dame un beso de verdad.

La Ojiverde obedeció y tomó la cara de la morena entre sus manos antes de conquistar su boca lentamente, encargándose de que su lengua acariciara cada recoveco.

- Hola, Camzi - sonrió al separarse-.

- Sabes a café riquísimo - observó la morena probando de nuevo sus labios-.

- Tú también.

- Me queda un poco más de media hora todavía de trabajo - indicó Camila, al consultar la hora-.

- ¿Ah, que a esto lo consideras tú trabajar? - la molesto-.

- Oye, he hecho cosas muy productivas con Karla esta tarde.

- Eso suena un poco mal, teniendo en cuenta de que se trata de mi hija.

- Loooooo - la regañó sentándose en su escritorio-. ¿Me dejas acabar unas cositas?

- ¿Y yo qué hago mientras tanto?

- ¿Darte una vuelta por las exposiciones de los demás? - propuso-. Son increíbles.

- A ver no es que no me atraiga la idea, ¿eh? Pero la mejor obra la tengo delante, puedo quedarme admirándote a ti.

- Lauren, por dios - exclamó la morena debido al exagerado piropo-.

- ¿Demasiado? Perdón - se disculpó fingidamente la ojiverde y se cruzó de brazos-. Venga, ya me callo, te dejo trabajar.

Karla MichellDonde viven las historias. Descúbrelo ahora