La calma en la tormenta

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Después de la playa todos recogieron y cada uno se subió en el coche que le correspondía. El trío Marruski, como ellos mismos se llamaban, fueron en el coche de Alex a excepción de Martin, que fue en el coche de Naiara con su novio para que Violeta pudiera estar con Chiara durante el trayecto a casa. La menor se sentó entre Ruslana y su novia. La ucraniana estaba agotada y decidió aprovechar la media hora de coche para descansar un rato, Chiara quiso hacer lo mismo, peor sabría que no podría. Había algo que en cuanto se subieron al coche empezó a rondar su cabeza de nuevo, alguien. Apoyó la cabeza en el hombro de su novia mientras Alex y Denna comentaban el día y Violeta miraba las redes.

—Vivi.— la llamó en un susurro.

—Dime baby.— respondió con la mirada aún sobre su teléfono.

—¿Puedes dormir en casa?— balbuceó algo avergonzada por la petición y a pesar del punto en el que estaba su relación, pero sabía que la necesitaría.

Violeta sonrió y apagó el móvil para centrarse en su novia. —Si a Ruslana y Martin no les importa claro que sí.

—No les importa.— se apresuró a aclarar.

—Corroboro.— intervino Ruslana que había puesto la oreja haciendo que ambas rieran.

—Pues entonces claro que sí.— afirmó besando su cabeza. —Lo que necesites, amor.

Chiara sabía perfectamente que Violeta la conocía demasiado bien, incluso mejor que ella misma y entendía que podía diferenciar cuando le pedía las cosas por puro placer o cuando lo hacía por necesidad, y lo agradecía. Agradecía todo con ella.

Llegaron a casa y los cuatro ansiaban pegarse una buena ducha. Primero lo hicieron Martin y Ruslana pues tres duchas a la vez significaba agua muy fría. Violeta y Chiara esperaron pacientes y tiradas sobre la cama de la menor en bikini, disfrutando de la brisa que entraba por la ventana a esas horas y en pleno verano.

—¿Me vas a contar que ha pasado en la playa?— preguntó Violeta con suavidad.

No quería presionarla pero necesitaba saberlo, necesitaba saber si aquello ya estaba sobrepasando ciertos límites, pero sobretodo, necesitaba saber si ella estaba bien y si esos límites le estaban afectando demasiado. Pero Chiara, que no quería hablarlo, se acurrucó en su pecho y escondió la cara en su cuello, una vez más. Violeta suspiró y se apartó de ella con suavidad sin olvidarse de posar la mano sobre su mejilla en cuanto lo hizo para mostrarle su apoyo y cariño, para que no pensara aquel gesto en exceso. —Kiki...

Chiara suspiró y cedió. Tampoco sabía qué sentido tenía ocultarle lo ocurrido cuando ya sabía que algo había pasado y que tenía que ver con Jane, pero repetir sus palabras se le estaba haciendo bola porque a pesar de ser simplemente dos frases, le bastaron para estremecerse y que todo su cuerpo se tensará con pensar en repetirlas y es que Violeta lo sabía. No necesitaba que Chiara le explicara cómo se sentía para saberlo, la manera en la que la conocía, en la que ambas se conocían la una a la otra, le hacía saber todo de ella. Saber sus tics nerviosos, saber cuando estaba bien y cuando no por más que se esforzara en disimularlo, saber cuando pedía las cosas por gusto y cuando lo hacía por necesidad, saber cuando necesitaba algo incluso sin pedirlo pues para ella se trataba de eso, cuidar la una de la otra, conocer esos pequeños detalles, esforzarse en hacerlo. Quería que estuviera bien pues la quería demasiado como para simplemente pararse a mirar cuando no era así, por más que Chiara así lo quisiera. —Soy yo, Kiki. Violeta, tu Violeta, no tengas miedo.

—Es que...— su voz empezaba a quebrarse.

—Ya lo sé.— se apresuró a decir mientras acariciaba a su mejilla con mimo pues sabía perfectamente cómo seguía aquella frase. —Sé que te da miedo y quiero protegerte Kiki, pero no puedo hacerlo si no me cuentas las cosas.

ES POR TI || KiviWhere stories live. Discover now