7 | Una confesión

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Percy no entendía qué estaba pasando. Annabeth llevaba una semana evitándolo: no respondía a sus mensajes ni llamadas y fingía no estar en casa cuando él iba a buscarla. Se sentía frustrado e impotente, incapaz de comprender por qué ella actuaba de esa manera. La última vez que la había visto fue después de llevarla a casa tras desmayarse en la fiesta de Tyson. Hasta donde recordaba, no había ningún problema entre ellos en ese momento.

Para este punto ya había repasando una y otra vez sus conversaciones en busca de alguna señal que pudiera haber pasado por alto.

Ahora, Percy estaba exhausto de tanto pensar en qué podría haber ocurrido. Lo único de lo que estaba seguro era que ese día obtendría una respuesta sí o sí. Se encontraba sentado frente a la puerta de Annabeth, con el corazón latiendo rápido y la mente en un torbellino de pensamientos. Sabía que ella no estaba allí, pero pronto regresaría. No podría seguir escondiéndose de él, ya que para entrar a su apartamento tendría que encontrarse con él inevitablemente.

Percy no tuvo que esperar mucho. Unos diez minutos después, Annabeth regresó y, al verlo frente a su puerta, una mirada de susto cruzó por sus ojos antes de darse la media vuelta, dispuesta a marcharse por donde había llegado. El dolor de ser evitado por alguien que tanto significaba para él se reflejó en su rostro.

—Annabeth —Percy corrió hacia ella, bloqueándole el paso con una mezcla de desesperación y determinación—. ¿Me puedes explicar por qué estás huyendo de mí?

Annabeth intentó mantener la compostura, pero su voz temblaba ligeramente.

—Yo no estoy huyendo de ti.

—¿Ah, sí? —Percy le dio una mirada acusadora, sus ojos buscando alguna verdad en los de ella—. ¿Y qué pretendías hacer hace unos minutos?

—Yo... recordé que olvidé comprar pimientos para la cena —Annabeth mintió rápidamente, desviando la mirada.

—Perfecto, entonces te acompaño y así hablamos —Percy le sonrió, aunque su corazón latía con fuerza, sabiendo que mentía.

—No. Estoy muy cansada, Percy, y realmente quiero cenar e irme a la cama —ella lo miró con aquellos ojos brillantes de súplica a los que él difícilmente podía decir que no. Percy sintió una punzada en el pecho al verla así.

Al verla, una parte de él quería darse la vuelta y complacerla, pero otra parte estaba harta de esperar respuestas.

—¿Qué te parece si yo te preparo la cena y tú descansas mientras tanto?

Annabeth suspiró con resignación, la tensión evidente en sus hombros al darse cuenta de que no podría evitar esa conversación por más tiempo.

—No te vas a ir, ¿verdad? —Ella preguntó, empezando a darse por vencida, su voz teñida de cansancio y resignación.

—No —respondió Percy con firmeza.

Annabeth sacó las llaves de su bolsa y avanzó hacia su puerta, sus manos temblorosas revelando su nerviosismo. La mirada intensa de Percy la ponía demasiado nerviosa como para poder abrir la puerta con facilidad. Cada segundo que pasaba sentía que su corazón iba a estallar.

—¿Qué te parece si yo lo hago? —Percy dijo, tomando las llaves de sus manos. Ese simple contacto hizo que su piel ardiera y él sintió un calor inesperado. Su corazón se aceleró aún más al sentir la cercanía de Annabeth.

Percy le sonrió mientras abría la puerta, intentando calmar sus propios nervios. Decidió ayudarla, ya que evidentemente ella estaba demasiado nerviosa con su presencia. Conociéndola como la conocía, Annabeth era capaz de abrir la puerta y empujarlo para cerrarle la puerta en la cara.

—Las damas primero —le dijo, abriendo la puerta sin soltar la chapa. Annabeth le dio una mirada nerviosa y entró. Percy la siguió, cerrando la puerta detrás de él. Su corazón latía desbocado mientras se preparaba para la conversación, que sabía que cambiaría todo.

—¿Ahora si me dirás qué está pasando? —Percy le preguntó, su voz cargada de preocupación, una vez que ambos estuvieron dentro del departamento.

Annabeth se quedó en silencio, su respiración entrecortada. Sentía un nudo en la garganta que le impedía hablar, pero sabía que ya no podía seguir evadiendo la verdad.

—Percy...

—Vamos, Annabeth —Percy la apremió, su tono más suave, pero insistente al ver que ella lo miraba con una mezcla de ansiedad y miedo que no lograba entender—. Sabes que puedes decirme lo que sea.

Annabeth bajó la mirada, luchando por encontrar las palabras adecuadas.

—¿Recuerdas lo que pasó entre nosotros aquella noche? —dijo, finalmente, su voz apenas era un susurro.

—Sí, pero ya habíamos acordado olvidarlo —Percy murmuró, confundido—. Y todo estaba bien, ¿qué pasó?

Annabeth sintió un dolor agudo en el pecho al escuchar sus palabras. Se dio la vuelta, incapaz de mirarlo a los ojos.

—Pasa que no puedo... que no vamos a poder olvidarlo —dijo, dándole la espalda, su voz quebrándose.

Percy se acercó lentamente, su corazón pesado con una mezcla de preocupación y miedo.

—Annabeth —la tomó del brazo con suavidad, girándola hacia él. Luego colocó sus manos en las mejillas de la rubia, provocando que no pudiera huir de su mirada—. ¿Qué está pasando?, ¿qué fue lo que cambió si todo estaba bien?

Annabeth cerró los ojos, negándose a mirarlo, pero aun así sus manos fueron hasta las de él, buscando apoyo.

—Estoy embarazada —dijo finalmente, su voz temblando.

Percy sintió que el suelo se movía bajo sus pies.

—¿Qué? —La pregunta salió como un susurro confuso de sus labios—. ¿Estás segura?

Annabeth abrió los ojos, enfrentando su mirada con valentía a pesar del miedo.

—Sí, tengo seis semanas de embarazo y yo... —ella respiró hondo, preparándose para la verdad—. Tenía semanas sin tener relaciones con Luke cuando tú y yo lo hicimos... El bebé es tuyo.

Percy se quedó en silencio, su mente dando vueltas mientras intentaba procesar la magnitud de sus palabras. Una mezcla de miedo, sorpresa y una responsabilidad abrumadora se apoderó de él. Pero, sobre todo, sintió una oleada de amor y preocupación por Annabeth y el bebé que venía en camino.

Mi mejor amigoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora