25 | Miedos y resentimientos

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Después de la reunión en la casa de Poseidón, Percy y Annabeth regresaron a su hogar en silencio. Azul, que había estado llena de energía durante toda la noche, comenzó a mostrar signos de cansancio en el trayecto de vuelta. Al llegar a casa, lo primero que hicieron fue llevarla a su habitación. Annabeth la ayudó a ponerse su pijama, mientras Percy le leía su cuento favorito, su voz suave y reconfortante ayudando a Azul a relajarse.

Azul, con los ojos ya medio cerrados, sonrió a sus padres mientras se acurrucaba en su cama.

—¿Podré ver al tío Chrisaor pronto otra vez? —preguntó con un susurro, su voz cargada de la inocencia y el entusiasmo que solo un niño podía tener.

Annabeth le acarició el cabello con ternura, intercambiando una mirada rápida con Percy.

—Claro que sí, Azul. Lo veremos pronto —respondió Percy con una sonrisa que, aunque cálida, no alcanzó a ocultar del todo su propia incomodidad.

—Bien —murmuró Azul, mientras el sueño finalmente la vencía.

Después de asegurarse de que estaba cómoda y arropada, Percy apagó la luz, dejando solo una tenue lámpara encendida. Salieron de la habitación en silencio, cerrando la puerta suavemente detrás de ellos.

Una vez en la sala de estar, el silencio entre Percy y Annabeth se volvió más denso. Annabeth, siempre perceptiva, notó la tensión en los hombros de Percy, un claro reflejo de lo que había estado acumulando durante toda la noche.

—¿Qué pasa? —ella preguntó.

Percy dejó escapar un suspiro pesado y se dejó caer en el sofá, apoyando los codos en las rodillas mientras se pasaba una mano por el cabello con frustración. Annabeth se sentó a su lado, esperando pacientemente a que él hablara.

—Es como si todo lo que ha pasado esta noche me estuviera pesando más de lo que debería —dijo Percy finalmente, rompiendo el silencio.

Annabeth entrelazó su mano con la de él, dándole un apretón suave.

—Háblame de eso —dijo con suavidad, sabiendo que Percy necesitaba tiempo para procesar sus sentimientos.

Percy suspiró y se recostó en el sofá, mirando al techo.

—Mi relación con mi padre siempre ha sido complicada. Desde que mamá murió se formó un abismo entre nosotros, todo comenzó por el dolor y por las expectativas que él tenía para mí, y en parte por... bueno, por quién es él —empezó Percy, su voz cargada de emociones contenidas—. Pero en los últimos años, después de que Azul nació, parecía que estábamos mejorando, que finalmente estábamos construyendo algo sólido.

Annabeth asintió, recordando cómo Percy y su padre habían comenzado a acercarse más en los últimos años, compartiendo momentos que parecían haber sanado algunas de las viejas heridas.

—Y entonces llega Chrisaor —continuó Percy, su tono amargo—. De repente, es como si todo lo que hemos construido se desvaneciera. En cuestión de horas, él se convierte en el favorito de todos. Mi padre no dejaba de hablar de él, de cómo está siguiendo sus pasos en la Marina, de lo perfecto que es. Y yo... no puedo evitar sentirme desplazado.

Annabeth lo miró con empatía, sabiendo cuánto significaba para Percy su relación con su padre y lo difícil que había sido para él aceptar las expectativas que siempre habían pesado sobre sus hombros.

—Es natural que te sientas así, Percy —dijo Annabeth, su voz calmante—. Has trabajado mucho para acercarte a tu padre, y ahora parece que todo ese esfuerzo está siendo eclipsado por alguien que acaba de aparecer.

Percy asintió, pero no pudo evitar que el nudo en su estómago se apretara aún más.

—Y no es solo eso —añadió, su voz cargada de frustración—. Cuando mi padre mencionó a la madre de Chrisaor, la forma en la que hablo de ella como si fuera una parte importante de la familia. Me molestó, Annabeth. Siempre he visto a mi madre como alguien sagrado, y escuchar a mi padre hablar así de otra mujer... fue difícil de soportar.

Annabeth se acercó más, abrazándolo suavemente.

—Lo entiendo, Percy. Es difícil, especialmente cuando sientes que alguien más está ocupando un lugar que tú pensabas que era tuyo —dijo ella, su voz llena de comprensión—. Pero recuerda que nadie puede reemplazarte. Tu padre siempre ha tenido expectativas, y Chrisaor parece cumplirlas, pero eso no significa que no esté orgulloso de ti por todo lo que eres y has logrado.

Percy cerró los ojos y dejó que las palabras de Annabeth lo reconfortaran, aunque la incomodidad en su pecho no desapareció por completo.

—Es solo que... no sé, Annabeth. Chrisaor parece demasiado perfecto. Todo lo que hace parece estar en línea con lo que mi padre siempre quiso, y no puedo evitar sentir que hay algo más debajo de todo eso, algo que nadie más ve —dijo Percy, con una mezcla de duda y recelo en su voz—. Es como si todos estuvieran cegados por lo bien que encaja en el papel de hijo perfecto.

Annabeth lo miró con seriedad.

—Es posible que estés proyectando tus propias inseguridades, Percy. Nadie es perfecto, y es normal que te sientas así después de todo lo que ha pasado. Lo importante es que no dejes que estas emociones te controlen.

Percy suspiró, sintiéndose un poco más aliviado por la conversación, pero sabiendo que el camino por delante seguiría siendo complicado.

—Gracias, Annabeth. No sé qué haría sin ti —murmuró, permitiendo que el cansancio del día lo alcanzara por completo.

—No tienes que enfrentarlo solo, Percy. Estoy aquí contigo, siempre —le dijo, abrazándolo con fuerza.

Mientras se recostaban juntos en el sofá, Percy cerró los ojos y permitió que la calidez de la cercanía de Annabeth lo reconfortara. Sabía que la situación con Chrisaor, su padre, y las emociones conflictivas que sentía no desaparecerían de la noche a la mañana, pero también sabía que con el tiempo, encontraría una manera de equilibrar todo.

Por ahora, se contentaba con saber que no estaba solo, y que a pesar de las dudas y los resentimientos, tenía a Annabeth para apoyarlo, e incluso cuando las cosas se volvían complicadas, ella siempre estaría ahí para él. 

Mi mejor amigoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora