Percy y Annabeth han sido mejores amigos desde niños hasta que un evento inesperado cambia para siempre la relación que hasta ahora habían tenido.
#1 en Percabeth 14/08/24
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Percy cerró su laptop, para comenzar a guardar sus pertenencias. Por lo regular disfrutaba de su trabajo en el laboratorio. Ser biólogo marino era por completo su vocación, pero había días como ese en los que lo único que quería era salir del trabajo para volver a casa.
Minutos después salió del laboratorio despidiéndose de sus compañeros, después de eso llegó a su auto y manejó hasta su hogar.
Finalmente, llegó al departamento y tan pronto abrió la puerta, escuchó el sonido de pequeños pasos corriendo en su dirección, no pasó mucho antes de que su hija apareciera arrojándose sobre él.
—Papi, papi. Llegaste.
—Hola princesa —Percy dejó su portafolio de lado para levantarla en brazos.
—Te extrañé mucho papi —Azul le dijo mientras le acariciaba las mejillas.
—Yo también te extrañé mucho —él dijo antes de darle un beso en la frente.
Percy sonrió. No había número ni medida que logrará describir cuánto adoraba a su hija. Azul era la niña de sus ojos, era lo más perfecto que había hecho en su vida.
Actualmente Azul ya tenía cuatro años, mientras que su matrimonio con Annabeth ya iba para los cinco años. Percy estaba seguro de que esos años junto a ellas habían sido los mejores de su vida. Con seguridad, Annabeth y Azul eran su mundo.
—Espero que a mí también me hayas extrañado. —Annabeth habló saliendo de la cocina.
—Por supuesto —Percy sonrió embelesado al verla—, más de lo que te imaginas.
Annabeth siempre había sido hermosa, pero la maternidad había acentuado su belleza de una forma que a Percy le parecía casi imposible, pero no solo su belleza física había evolucionado sino también la mujer que ella era.
Durante los años que habían estado juntos como pareja los sentimientos de Percy también habían cambiado. El cariño, la confianza, amistad que sentía por ella, todo se había reforzado, pero también había aprendido a ver y a valorar a la mujer más allá de la amiga, y ahora ya no le quedaba duda de lo enamorado que estaba de Annabeth, ni del amor que ella sentía por él.
Percy avanzó hasta Annabeth con Azul en brazos. Al llegar a ella, le dio un casto beso en los labios mientras Azul soltaba una risita.
—Que bueno que volviste —Annabeth le dijo mientras le daba un toquecito a la nariz de Azul—, porque esta pequeña traviesa está empezando a volverme loca.
Percy se rio mientras su hija se ocultaba el rostro con sus pequeñas manitas. Él era muy consciente de que Azul era una niña muy inquieta y bastante curiosa.
Lo curiosa lo había heredado de su madre, y lo inquieta definitivamente lo había obtenido de él.
—Mami —Azul murmuró extendiendo sus pequeños bracitos hacia Annabeth quien la recibió de inmediato. La pequeña se recostó sobre el hombro de su madre mientras jugaba con uno de sus rizos rubios.
Percy observó a su hija. Sabía perfectamente lo que estaba haciendo. Intentaba parecer adorable y tranquila para que su madre olvidara cualquier travesura que hubiese realizado antes de que él llegara.
Mientras Azul ponía en marcha su plan, Percy no pudo evitar pensar en lo mucho que Azul le recordaba a su madre.
Azul era muy parecida a su abuela Sally, a excepción de sus rizos de princesa que venían de Annabeth y de su abuela Atenea, y de sus ojos verde mar que eran iguales a los de él y los de su abuelo Poseidón.
A pesar de que físicamente a excepción del color de su cabello y sus ojos, Azul era idéntica a su abuela, había pequeños detalles de Annabeth y de él por aquí y por allá. De él era muy notorio que había obtenido el hoyuelo que se formaba en su mejilla al sonreír, la forma en que su ceño se fruncía cuando estaba molesta, aquella mirada de foca bebé que hacía como disculpa, y de Annabeth tenía esa mirada inteligente en sus ojos cuando estaba concentrada en algo, el mohín tierno en sus labios cuando quería conseguir algo.
Mientras miraba a su hija en los brazos de Annabeth, se dio cuenta una vez más de que aquella niña era lo más perfecto que Annabeth y él habían logrado crear, ya pesar de que su nueva vida había empezado como un pequeño desastre él estaba muy agradecido de que hubiera ocurrido así.
Después de todo, sin aquella noche en la que Annabeth y él se pasaron de copas, su pequeña princesa no existiría hoy.
----------------- Le di una semana de descanso a esta historia, pero ya estoy de vuelta.