20 | El refigio en la tormenta

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—¿Ahora sí me puedes explicar qué es eso de que tienes otro hijo? ¿Qué edad tiene? —Percy preguntó con un tono cargado de molestia, su voz resonando en la habitación una vez que Tyson se había llevado a Azul a la sala a jugar.

Poseidón respiró hondo, intentando mantener la calma. Después de llevar semanas de estar procesando la noticia, sabía que este momento llegaría, pero no había anticipado cuánto le dolería enfrentarlo.

—Es tres años mayor que tú —respondió con una tranquilidad fingida, aunque sus ojos delataban la incomodidad que sentía.

Percy frunció el ceño, su expresión oscureciéndose.

—¿Tres años? —repitió, su voz temblando ligeramente—. Engañaste a mamá.

—No —dijo Poseidón rápidamente, levantando una mano en señal de calma—. Lo que pasó entre la madre de Chrisaor y yo fue antes de comenzar mi relación con tu mamá. Mi relación con Medusa fue breve. Yo estaba en la academia militar y sucedió mientras mi pelotón estuvo unas semanas en Nueva Orleans.

Percy apartó la mirada, intentando procesar la información. Sentía una mezcla de ira y confusión arremolinándose dentro de él.

Poseidón dio un paso hacia su hijo, sus ojos suplicando comprensión.

—Jamás habría engañado a tu madre.

Percy volvió a mirarlo, sus ojos llenos de dolor.

—¿Ella sabía sobre esto?

—Sobre lo que pasó con Medusa, sí —admitió Poseidón, su voz apagada—. Pero sobre Chrisaor, no. Ni yo mismo lo sabía. Después de esas semanas, me fui con mi pelotón y no volví a saber nada de Medusa, hasta ahora que conocí a Chrisaor.

Poseidón se dejó caer en una silla cercana, su figura parecía encogerse bajo el peso de los años y la culpa.

Percy también se sentó, su mirada fija en su padre, tratando de entender el torbellino de emociones que sentía. A su lado, Annabeth apretó ligeramente su brazo, un gesto silencioso de apoyo. Ella no dijo nada, pero su presencia era un ancla en medio del caos.

—No sé qué pensar —murmuró Percy, su voz apenas audible—. Siento que todo lo que sabía está cambiando.

Poseidón asintió, sintiendo una punzada de tristeza.

—Percy, entiendo que esto sea difícil de asimilar. También lo fue para mí cuando lo supe. Pero Chrisaor también es mi hijo y quiero que sea parte de esta familia. Quiero que tú y Tyson lo conozcan… Chrisaor es un buen hombre, solo dale una oportunidad —Poseidón miró a Anfitrite, quien le dio una suave sonrisa—. Su madre murió hace poco y somos la única familia que le queda.

Percy respiró hondo, sintiendo el peso de la responsabilidad y el deber familiar.

—Está bien. Lo haré —respondió más por compromiso que por un deseo propio, pero dentro de él una pequeña chispa de curiosidad y esperanza comenzaba a prender.

***

Annabeth arropó a Azul en su cama. La pequeña dormía profundamente, ajena al tumulto emocional que había sacudido a su familia esa noche. Percy observaba a su hija, su ceño fruncido reflejando la confusión y el dolor que sentía. Se inclinó hacia la niña y dejó un beso suave en su cabello, como buscando consuelo en su inocencia.

—Ya deja de pensar en eso —le dijo Annabeth en voz baja mientras salían de la habitación de Azul, cerrando la puerta con cuidado.

Percy dejó escapar un suspiro profundo, sus hombros cayendo bajo el peso de la incertidumbre. —Ya lo sé, pero aun así no puedo hacerme a la idea. Mi padre me vendió toda la vida la historia de que siempre estuvo enamorado de mamá, incluso años antes de que estuvieran juntos, y ahora… resulta que tuvo un hijo.

Annabeth le tomó la mano, sus dedos entrelazándose con los de él. —Tú bien sabes que no necesitas estar enamorado de alguien para procrear un hijo —dijo con suavidad, tratando de aliviar su carga.

Percy la miró, sus ojos llenos de una mezcla de amor y desesperación. —Yo siempre te he amado, solo que antes era demasiado idiota para notarlo.

Annabeth sonrió, una chispa de ternura iluminando sus ojos. —Entonces qué bueno que ya no eres un tonto —dijo mientras se ponía de puntas para darle un suave beso.

Percy la envolvió con sus brazos, sintiendo el calor de su cuerpo contra el suyo. —No sé qué haría sin ti —murmuró, su voz quebrada por la emoción.

—Afortunadamente, no tienes que averiguarlo —respondió Annabeth, acariciando su mejilla con ternura—. ¿Qué te parece si, en lugar de seguir torturándote con algo de lo que no tienes control, hacemos algo más divertido?

Percy levantó una ceja, intrigado por el cambio en su tono. —¿Qué propones?

Annabeth le rodeó el cuello con los brazos, su mirada chispeante de travesura y amor. —¿Qué te parece si continuamos con nuestra tarea de hacer un hermanito para Azul?

Percy sintió una oleada de calidez y deseo, su corazón acelerándose. —Me encanta la idea —respondió antes de inclinarse para besarla, un beso lleno de pasión y esperanza. 

Mientras sus labios se encontraban, Percy sintió cómo sus preocupaciones comenzaban a desvanecerse, reemplazadas por una cálida tranquilidad, pues Annabeth siempre sería su refugio en medio de la tormenta.






Mi mejor amigoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora