13 | El último día

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—Por favor, dime que no es verdad —la voz de Rachel, llena de desesperación, resonó en la habitación. Sus manos temblaban mientras se aferraba a la esperanza de que las palabras de Percy fueran solo un malentendido—. Dime que es solo un chisme estúpido y que no vas a casarte con ella. Dime que es una broma, que solo lo dijiste para darme celos.

Percy la miró fijamente. En esos ojos, que brillaban como esmeraldas, veía el dolor y la impotencia que él mismo había causado. Su corazón se encogió al ver cuánto sufrimiento le estaba provocando, pero sabía que no podía mentirle. Sentía el peso de sus acciones aplastando su pecho.

—Es verdad, Rachel. Le pedí a Annabeth que se case conmigo —dijo con voz quebrada, cada palabra cargada de culpa.

Rachel retrocedió un paso, tambaleándose como si hubiera recibido un golpe. Sus ojos se llenaron de lágrimas, pero no permitió que cayeran. Se acercó nuevamente, sus manos temblorosas se posaron en el rostro de Percy, buscando en él alguna señal de arrepentimiento, de duda.

—No... —murmuró, negando con la cabeza—. Dime, ¿de verdad la amas? —Un nudo se formó en su garganta, haciendo que su voz se quebrara—. ¿La amas más de lo que me amas a mí? No entiendo por qué decidiste esto tan rápido; me dijiste tantas veces que solo la veías como una amiga.

Percy cerró los ojos un instante, sintiendo el peso de sus palabras como una losa.

—Rachel —susurró, tomando sus manos y apartándolas suavemente de su rostro—. Cuando terminamos, me pediste que eligiera, y eso hice. La elegí a ella. Tenías razón, Annabeth es todo para mí, y ahora ella y mi hijo son mi futuro.

Rachel se quedó inmóvil, su rostro palideció al escuchar esas palabras. Parecía que el aire había sido succionado de la habitación.

—¿Tu hijo? —murmuró desconcertada, como si no pudiera comprender lo que oía.

—Annabeth está esperando un hijo mío —dijo Percy, su voz llena de culpa y tristeza. Sentía que cada palabra era una daga que se clavaba más profundamente en el corazón de Rachel.

—¡¿Qué?! No puede ser, nosotros terminamos hace poco —Rachel gritó, su voz llena de incredulidad y rabia. Se secó las lágrimas con furia, su rostro se contorsionaba de dolor—. Pensé que este matrimonio solo era una idea impulsiva tuya, pero... si Annabeth está embarazada...

Percy vio cómo la expresión de Rachel se transformaba de dolor a odio. Sintió una punzada en el corazón al ver esa furia en sus ojos, sabiendo que no había nada que pudiera hacer para calmarla.

—Rachel, no es lo que estás pensando —intentó explicar, pero sus palabras parecían no llegar a ella. Cada intento de consolarla era inútil.

—¿Qué es lo que no debo pensar? ¿Que llevas meses, sino años, acostándote con Annabeth? —Rachel gritó, su voz llena de amargura. Sus puños se cerraron con fuerza, temblando de ira—. Lo sabía, sabía que me engañabas con ella. Soy una estúpida por venir a rogarte. Tú y ella no valen nada.

Percy sintió un profundo dolor al escuchar sus palabras, pero sabía que no había nada que pudiera decir para cambiar la realidad. La verdad había destrozado lo que quedaba entre ellos, y no había vuelta atrás.

—Me creas o no, te juro que jamás te fui infiel con ella. Lo que pasó entre nosotros fue después de haber terminado.

—Pues qué rápido te olvidaste de mí —Rachel murmuró con amargura y sin creerle—. Te metiste muy rápido en su cama para haber estado tan enamorado de mí como decías.

—Lo siento —fue todo lo que Percy dijo al respecto. No iba a entrar en detalles sobre cómo había terminado en la cama con Annabeth por pasarse de copas. Sentía que cualquier explicación solo empeoraría las cosas.

***

—Dios, ¿qué te pasó? —Silena preguntó al entrar a la habitación y ver los ojos hinchados de Annabeth. La preocupación se reflejaba en su rostro—. ¿Estuviste llorando?

—No —Annabeth mintió, sabiendo que buena parte de la noche se la había pasado llorando. Últimamente sus hormonas la estaban volviendo loca y lloraba con facilidad, sobre todo cuando había cosas que la angustiaban como ese día.

—Sí, claro —la joven murmuró mientras comenzaba a sacar sus kits de maquillaje—. Las novias no deberían llorar y menos la noche antes de la boda, pero no te preocupes —Silena le sonrió—, quedarás preciosa.

Más tarde Annabeth observó su reflejo. Un maquillaje perfecto y un vestido hermoso se reflejaban en el espejo. Su rostro mostraba una calma que no sentía por dentro.

—Te ves como una princesa —Silena le dijo mirándola al espejo con mirada soñadora—. Esto es como un cuento, enamórate de tu mejor amigo y casarte con él es como un verdadero sueño.

—Sí, un sueño.

"Un sueño que ruego porque no se convierta en pesadilla", pensó Annabeth mientras intentaba convencerse de que todo saldría bien.

—¿Estás lista? —Silena le preguntó tomando un ramo de rosas rojas.

—Sí —Annabeth tomó el ramo entre sus manos y se miró una última vez en el espejo, mientras internamente rogaba por no estarse equivocando. Cada paso que daba sentía el peso de sus decisiones, y ahora solo le quedaba esperar que el futuro que estaba construyendo fuera tan brillante como quería imaginar.

Mi mejor amigoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora