Side Story 3.1 Tortolitos, como siempre
Unas carcajadas surgieron detrás de él. Cesare se detuvo y se volvió hacia el lugar de donde venía el sonido. Allí, cerca del lago, en el corazón del jardín, vio a su hijo mayor, Rida, persiguiendo juguetonamente a su hermana pequeña, Sara, quien chillaba de alegría mientras corría.
Ajenos a los guardias de seguridad, los niños correteaban de un lado a otro alegremente. Observando su despreocupada alegría, Cesare les llamó:
—¡Rida, Sara!
Los dos respondieron a su llamado de maneras totalmente distintas, reflejando sus personalidades contrastadas: Sara, con una sonrisa angelical, se acercó corriendo a su padre sobre sus cortas piernas.
—¡Sí, papá!
— …
Rida, sin embargo, observó atentamente a su hermana, vigilándola por si se caía, y luego miró a uno de los guardaespaldas.
El guardaespaldas, familiarizado con la costumbre de Rida de buscar ayuda en silencio, se puso rápidamente delante de Sara para frenarla.
—Princesa, este es el palacio. No deberías estar corriendo aquí.
Justo cuando Sara estaba a punto de alcanzar a Cesare, se detuvo, con sus bonitos ojos azules, tan parecidos a los de su padre, llenos de sorpresa. Luego parpadeó ante las palabras del guardia y respondió:
—Lo olvidé… Pero mi hermano también es… —parecía sugerir que su hermano era quien la perseguía.
Rida, que se había acercado con más calma, se apresuró a corregir a su hermana:
—No estaba corriendo, Sara.
—Ugh…
—Como miembros de la realeza, debemos mantener nuestra dignidad. Incluso dentro de este palacio, siempre estamos a la vista del público, y toda la nación nos observa. —explicó Rida.
Al ver a Sara hacer un puchero en respuesta a las palabras de Rida, Cesare anticipó que las lágrimas no tardarían en aparecer. Así que se interpuso entre los hermanos y atrajo suavemente a Sara hacia sus brazos, envolviéndola en un abrazo reconfortante.
—Rida, es suficiente. Sara, tenemos que irnos. Todos nos están esperando.
Aunque seguía poniendo mala cara, Sara, respondiendo al suave empujón de su padre, obedeció de mala gana:
—Sí, papá…
Una vez restablecido el orden, la pequeña familia de tres se dirigió al otro lado del palacio.
Hoy era el regreso de Cesare a la casa real de Kazar tras casi tres meses de ausencia debido al rodaje de una película en el extranjero.
Cesare, que llegó de madrugada para adelantar su agenda, estaba visiblemente agotado. Pues como suele sentirse incómodo en los vuelos, a menos que sea en su jet privado, el cual Zahir suele organizar, apenas pudo dormir.
«Quizás me he acostumbrado demasiado a la comodidad.»
Reflexionó Cesare, echando la memoria hacia atrás.
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Etapa Crítica (ABO)
PoesíaEl galán internacional Cesare Caruso esconde un secreto: es un Omega dominante. Un día, su calor lo golpea inesperadamente en un baile de máscaras y se ve arrastrado a un apasionado encuentro con un misterioso Alfa. Cesare se consuela al saber que l...
