#3 Rescate

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** Hotel Herikura Luxury, Tokyo. 19:58 horas. Dos días después **

El taxi me deja en la entrada del hotel más exclusivo de Tokyo y cruzo sus puertas. Llevo puesta una larga gabardina color beige que oculta el exclusivo y sofisticado vestido rojo diseñado por Yves Saint Laurent que visto.

No quiero ni imaginarme cuánto debe costar una pieza de semejante belleza y con un diseño tan trabajado y hermoso. Ayer sonó el timbre de mi apartamento un poco antes de medianoche y tras abrir y comprobar que no había nadie, vi un enorme paquete a mis pies. Era un paquete completamente negro y la solitaria tarjeta de visita de Ren Keitani era el único rasgo identificativo de la enorme caja.

Entré con el paquete a mi apartamento y rasgué el precinto sobre la mesa del salón con curiosidad. Mis ojos se abrieron con asombro al ver un precioso vestido de noche de color rojo con la firma del famoso diseñador francés bordada en el interior. El paquete también contenía unos hermosos tacones Jimmy Choo a juego con el vestido, un bolso Chanel y el conjunto de lencería de encaje más bonito que he visto jamás, obviamente, de color negro.

Sonrío sin darme cuenta al pensar que he sido tan estúpida como para hacerle caso a Ren y no ponerme bragas, ese conjunto en verdad viste muchísimo más combinado, pero él ha cumplido su parte del trato y yo debo cumplir la mía. Vuelvo a sonreír divertida al recordar que, en un arrebato de amor por esas bragas, las guardé en mi bonito bolso de Chanel.

No tengo remedio.

Me acerco al mostrador de recepción y saludo:

—Buenas tardes, tengo una cita en la suite presidencial del ático A —explico, la joven del mostrador asiente y sonríe.

—Buenas tardes, si es tan amable de acompañarme le mostraré el camino. —Sale del mostrador y se pone a mi lado—. La están esperando —me avisa, yo asiento.

—Gracias —sigo a la joven que avanza por un ancho e iluminado pasillo.

Llegamos al final de este, la recepcionista me entrega una tarjeta y me señala el elevador.

—Es un ascensor directo a la suite presidencial —me aclara—. Una vez dentro, sólo tiene que introducir la tarjeta en la ranura y el elevador la llevará directamente a la suite —explica, luego presiona el botón y se voltea—. Ha sido un placer —se despide caminando de vuelta a la recepción—. Buenas tardes.

—Buenas tardes —saludo.

Un pitido me avisa de la inminente llegada del elevador y en menos de un segundo, las puertas metálicas se abren mostrándome un gran y espacioso ascensor. Entro en él y suspiro. Las puertas se cierran e introduzco la tarjeta que la recepcionista me ha dado. Inmediatamente la ranura se ilumina en un tono verde y en la pantalla led aparece el mensaje "Retire la tarjeta". Saco la tarjeta y el elevador se pone en funcionamiento.

El ambiente en el ascensor es cálido, por lo que opto por quitarme la gabardina. Él ático está en la planta veintiséis del exclusivo edificio y aprovecho el tiempo hasta llegar para recordar los acontecimientos acaecidos estos dos últimos días...

Tras salir del almacén de los muelles de Tokyo me dirigí a mi apartamento y desde mi dirección de correo personal, le remití a Ren el expediente de la pequeña Saori.

En menos de una hora tenía la respuesta en mi buzón de e-mail. Sin duda Ren sabía al igual que yo, que en este tipo de casos cada segundo es importante; su respuesta era simple, pero determinante:

"El asunto es más complejo de lo que creía, me estoy ocupando personalmente con gente de mi confianza. Acude a la comisaria enseguida, una vez allí recibirás una llamada anónima que os revelará el lugar dónde está la niña. La encontraréis al fondo del desguace, en un despacho, dormida y a salvo. Asegúrate de que la pequeña no vea la sala principal del almacén cuando la saquéis de allí. Te garantizo que no será un espectáculo agradable de ver, esa gentuza tendrá el final que se merece y debo dar a entender que nadie trafica con menores en mi territorio. Te veo en dos días..."

El pecado de amar a tu enemigoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora