Una detective integra e incorruptible. Un alto mando criminal decidido a conseguir la hegemonía de la ciudad. Un trato capaz de unirles. Una atracción
desmedida. Un amor prohibido. ¿Será ella capaz de cambiar sus convicciones?
¿Puede alguien condena...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
El calor de su fuerte torso traspasa la tela de la fina bata con la que me cubro, y a pesar de su tono amenazador, no puedo evitar estremecerme de amor por él. Sus labios buscan los míos y le respondo con rapidez colando mi lengua en su boca.
Él ríe y responde a mi gesto. Ren sabe a whisky añejo, fuerte, imponente... intenso. Su caro perfume me envuelve. Le he añorado demasiado y me importa una mierda que esté cabreado conmigo.
Necesito besarle, necesito que me abrace, que me haga gemir y me tome. Estoy desesperada por él. Su lengua juega con la mía; ambas se buscan, se rozan, se persiguen y se necesitan. Justo lo que me ocurre a mí con Ren. No puedo evitar dejar salir un gemido de placer ante su cercanía, y para mi sorpresa, él se detiene. Se aparta de mí y vuelve a regalarme esa mirada oscura y penetrante que me intimida y me calienta a la vez. Yo le miro sin comprender y Ren se aleja un poco más de mí soltando su agarre.
—Vaya, vaya... te noto levemente impaciente... ¿Me has añorado, "M"? —pregunta dibujando en su semblante esa arrogante y peligrosa sonrisa que sólo Ren es capaz de dedicarme.
Volteo lo ojos aún con las manos en alto, intento bajarlas y es entonces cuando me percato de que Ren ha atado las esposas a una soja que cuelga de una de las vigas del techo de la cabaña. Estoy literalmente atada al techo y sin posibilidad de moverme de mi posición. Mi gesto de estupor debe parecerle gracioso, porque vuelve a dejar salir esa sonrisa orgullosa y dirige sus pasos a la mesilla auxiliar que se encuentra a unos metros de mi posición.
Mis ojos ya se han acostumbrado a la penumbra y soy capaz de discernir toda la habitación y con ella, al hombre que amo. Ren viste únicamente unos pantalones, está descalzo y desnudo de cintura para arriba; puedo ver su fuerte y tatuada espalda adivinándose bajo la tenue luz de la luna que entra por la ventana. Sin darme cuenta, acabo mordiendo mi labio inferior en un gesto involuntario de lascivia, Ren es capaz de volverme loca.
Observo con interés la mesa a la que ha dirigido sus pasos y me percato de que, sobre ésta, hay una botella de whisky y un par de vasos. Ren alza el vaso que está repleto de líquido hasta la mitad y le da un largo trago, el chasquido de satisfacción que sale de sus labios tras apurar el contenido, provoca un delicioso calor en mi centro y no puedo evitar mover levemente mis piernas para sentir cierto alivio.
Veo a Ren poner hielo en el vaso, parece que va a prepararse otra copa, pero para mi sorpresa, opta por dejar el vaso con el hielo y avanza hasta mi posición con la botella en la mano. Una botella que, para mi desesperación, debe costar más que una quincena de arduo trabajo en comisaría.
Él se detiene una vez llega a mi posición y alza la botella para dar un largo trago directamente de ésta. Ver su nuez de Adán moverse en su garganta con cada trago es una visión tan hipnótica como fascinante... Quiero pasar mi lengua por esa protuberancia, quiero lamer su cuerpo entero. Ren es capaz de hacer salir mi lado más salvaje y visceral con un simple gesto...