El estridente y continúo sonido de un teléfono me despierta. Tardo un par de segundos en recordar que estoy en Hawái y que anoche, Ren apareció por sorpresa y me narró parte de su pasado. Miro en dirección al lado de la cama donde él dormía y me sorprendo al ver que está vacío.
El teléfono sigue con su odiosa melodía y no soy capaz de encontrarlo desde la cama. Me pongo en pie, prácticamente dormida aún, y recuerdo que mi terminal tiene los datos desconectados para evitar que esos malditos corruptos del departamento puedan localizarme. Si mi móvil no puede recibir llamadas, sin duda el teléfono que emite ese sonido tan estridente es el de Ren.
Miro en dirección al baño, pero la puerta está abierta y no hay rastro del jefe de Kendo. Centro mi mirada en la terraza, pero no está. Me dirijo al salón dónde duerme Umeko y tampoco le veo. Lo que sí que encuentro es el terminal móvil último modelo sonando en la mesa auxiliar del salón.
Como no localizo al mayor de los Keitani y el dichoso móvil continúa con su infernal sonido, me hago con él. Mi ceño se frunce al ver la palabra "Ren" destellando en la pantalla. Si es su móvil, ¿cómo puede estar llamándose a sí mismo?
Decido dejarme de teorías y contestar la llamada para salir de dudas, deslizo el índice por la pantalla y me coloco el móvil en el oído.
—¿Sí? —cuestiono al teléfono dudosa, la leve e inconfundible risa de Ren se oye al otro lado del móvil.
—Buenos días, dormilona —ríe burlón—. ¿Te ha costado mucho encontrar el teléfono? —pregunta divertido.
Yo frunzo el ceño levemente molesta, mi humor recién levantada no es precisamente maravilloso. Ren lo sabe y vuelve a reír, yo gruño por lo bajo.
—¿Por qué te estás llamando a ti mismo? —pregunto sin comprender e intentando dominar mi mal genio, Ren vuelve a reír.
—No me estoy llamando a mí mismo, "M" —ríe de nuevo—. Ese teléfono es tuyo, es una línea segura —afirma—. Rea se ha asegurado de que nadie pueda rastrearlo y puedes llamar a quien quieras, tu lista de contactos sigue siendo la misma. —Juro que acabo de despertarme de golpe al oírle.
—¿Puedo llamar a mis padres? —pregunto con emoción, él ríe de nuevo desde el otro lado de la línea.
—Sí, puedes llamarles —responde—, pero creo que tienes que tener en cuenta la diferencia horaria... Quizás en Tokyo sea un poco temprano... —deja caer divertido, yo asiento consciente de que hay diecinueve horas de diferencia, a pesar de eso, soy incapaz de borrar la sonrisa dibujada en mi rostro.
—¡Mi madre se va a poner tan contenta! —exclamo feliz—. Muchas gracias, Ren —agradezco sincera, él ríe de nuevo.
—Todo el mérito es de Rea, dáselas a ella, es una hacker estupenda —afirma.
A pesar de que Ren ya había dicho su nombre al inicio de nuestra conversación, es en este instante en el que me doy cuenta de quién puede que sea la hacker de Kendo.
—Rea... ¿la hermana de Ruri y Gan? —cuestiono con interés—. ¿Ella es vuestra hacker? —pregunto con interés.
—Exacto —responde Ren—. Y ahora que ya estás del todo despierta y has saciado tu curiosidad, creo que deberías vestirte y venir al restaurante, en menos de una hora hemos quedado para comer —Tras su afirmación miro mi reloj de muñeca y descubro con asombro que pasan de la una del mediodía.
—¡Es muy tarde! —exclamo sorprendida—, ¿por qué no me has despertado cuando te has levantado? —cuestiono, él deja salir un suave suspiro.
—Porque estabas tan hermosa y tranquila mientras dormías que me pareció algo cruel —afirma con tranquilidad, mi corazón se acelera al oírle—. Creía que te despertarías un poco antes, pero al ver que no lo hacías, te he llamado. Nos están esperando... —Oigo un sonido al otro lado de teléfono y la inconfundible risa de Ren junto a voces ahogadas—. "M" —La voz del Boss de la mafia de Tokyo se oye amortiguada entre un barullo constante que me da a entender que ya se encuentra en el restaurante—, tengo aquí a alguien que insiste en hablar contigo...
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El pecado de amar a tu enemigo
RomansaUna detective integra e incorruptible. Un alto mando criminal decidido a conseguir la hegemonía de la ciudad. Un trato capaz de unirles. Una atracción desmedida. Un amor prohibido. ¿Será ella capaz de cambiar sus convicciones? ¿Puede alguien condena...