#11 Hermanos

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Sólo mi hermano Umeko es capaz de robarme una sonrisa en una situación como en la que me encuentro hoy

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Sólo mi hermano Umeko es capaz de robarme una sonrisa en una situación como en la que me encuentro hoy.

Umeko y yo somos mellizos, y creo que es la persona a la que más unida me siento, desde pequeños hemos tenido una complicidad especial. A pesar de eso, mi hermano no sabe nada referente a Ren Keitani y sé que me va a tocar tragar y hacerme la fuerte cuando descuelgue el teléfono.

Me toca aceptar la llamada y disimular porque sé que, si no descuelgo el teléfono, Umeko es capaz de presentarse en mi apartamento.

Físicamente solo nos parecemos en nuestros ojos color miel, pero, a tozudos, ambos vamos a la par.

—Hola Enanomeko —le saludo con el odioso apodo que le puse de pequeños ya que yo nací cinco minutos antes que él—, ¿A qué se debe tu llamada?

—¡Hola Viejumi! —saluda mi hermano con felicidad, juro que con sólo oír su voz ya me asoma una sonrisa—. Estoy saliendo del Ayuntamiento, me había pasado a saludar y Takura me ha dicho que te has marchado de la gala porque no te sientes bien... ¿Qué ocurre? —cuestiona ya en tono serio, yo tuerzo el gesto.

—Me duele la cabeza —miento con rapidez, Umeko deja salir una sarcástica carcajada.

—Esa no es tu voz de dolor de cabeza, no me engañas —apunta con interés, yo ruedo los ojos, aunque sé que no puede verme.

—¿Y dónde has dejado a tu bonita novia? —pregunto intentando cambiar de tema, oigo un profundo y largo suspiro al otro lado del aparato.

—La mujer de mi vida tiene que madrugar mañana —responde con voz de enamorado—, pero no cambies de tema —apunta con perspicacia—. Si no te encuentras mal... ¿Por qué demonios has abandonado la gala en la que tu chico ha sido proclamado el jefazo de la poli? ¡Es su gran noche! —exclama sorprendido, yo decido ir a lo seguro para que Umeko se calle y pare de hacerme sentir la peor novia del mundo.

—Me propuso matrimonio. —Una exclamación de sorpresa se oye al otro lado de la línea telefónica—. En su discurso de agradecimiento. —matizo, oigo otro jadeo ahogado—. Frente a todo el mundo —finalizo con desagrado.

Mi hermano rompe a reír y yo agradezco no tenerle cerca porque iba a golpearle como no tiene idea.

—¡Jaja haja haja! —su fuerte carcajada resuena en mis oídos— ¡Pobre loco enamorado! —se burla Umeko, yo entrecierro los ojos con enojo—. En serio que ese hombre besa el suelo que pisas, hermana —bromea divertido—. Takura es un tipo hábil y astuto, pero es bien cierto eso de que el amor nos vuelve débiles, o en su caso, bobos —finaliza riendo.

—Ya cállate, Umeko —exijo con enojo—. Ahora también es tu superior y debes guardarle respeto —apunto para poner fin a la burla.

—Yo no soy un agente de campo como tú, Viejumi —aclara—. Al ser informático no tengo relación directa con él, pero creo que quiere ficharme para su nuevo equipo de liquidación...

El pecado de amar a tu enemigoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora