#12 Golpe de realidad

53 13 3
                                    

Un escalofrío de placer me recorre entera al sentir los brazos de Ren rodeándome, su fabuloso perfume me embriaga y no puedo evitar preguntarme por qué carajo me siento tan segura entre sus brazos.

Randy (estoy convencida que con la ayuda de mi hermano Umeko), está mezclando la balada de Rihanna con notas electrónicas dándole un ritmo más rápido y sensual.

La pelvis de Ren se mueve con soltura a un ritmo tan exquisito como candente, sin duda el delincuente más buscado de Tokyo sabe cómo bailar y mi cuerpo responde a sus gestos de manera automática.

Me asustan.

Me asustan demasiado.

Mis reacciones a él, mi incapacidad de ponerle fin a su desmedido encanto.

No sé ni cómo soy capaz de hacerlo, pero intento zafarme del abrazo de Ren, él esta vez no cede. Su agarre se hace más férreo y me acerca aún más a su ágil y poderoso cuerpo.

Noto como todo mi ser se estremece ante su cercanía.

—Estate quieta —ordena con un gruñido—. Sólo quiero bailar contigo —explica realizando una leve inclinación en un movimiento de baile perfecto.

—Pues yo no quiero bailar contigo —afirmo mirándole con enojo, Ren me observa con detenimiento, una sonrisa burlona se dibuja en sus labios.

—¿Tan mal bailo, "M"? —cuestiona con ironía.

Yo niego para realizar un giro en respuesta a su movimiento de baile, pero él frena mi gesto a medio giro, quedando tras de mí. Posa su frente contra mi espalda y sus manos en mis caderas y se mueve contra mi trasero de manera tan jodidamente sexy como atrevida.

—Aún recuerdo el sonido de la cremallera de este vestido al bajarse... —murmura, el recuerdo de lo acontecido en el ático vuelve a mi mente como un fogonazo.

Ren alza un poco su rostro y siento su suave aliento en mi nuca, noto como un calor arrollador me recorre entera y cada poro de mi piel se estremece por su cercanía.

—Vaya, parece que tu piel está levemente erizada —observa Ren burlón, yo entrecierro los ojos con desagrado ante mi poco autocontrol—... Creía que mi presencia ya no te provocaba nada... —deja caer con ironía—. ¿Cuáles fueron tus palabras? —pregunta con falso interés—. Ah... Sí, ya recuerdo —afirma burlón—. Ya no causas nada en mí —sentencia con enojo mientras me voltea con brusquedad y posa su profunda mirada de jade en mí.

Yo trago duro ante su cercanía, la peligrosidad que desprende Ren sigue siendo demasiado intensa. Sus ojos me miran retadores, provocándome a darle una respuesta a la altura de su afirmación y yo me insto a no caer en su embrujo.

—¿No decías que una vez abandonaras el baño del Ayuntamiento no volverías a buscarme? —replico mordaz— ¿Qué demonios haces aquí? —cuestiono, un brillo divertido ilumina sus pupilas.

—Técnicamente no te he buscado —responde burlón tomándome de la cintura para acercarme a él y seguir con ese baile tan peligroso como sensual.

—¿Ah no? —cuestiono con irritación—. ¿Y cómo llamas a esto? —Señalo a su cuerpo y el mío entrelazados, él ríe divertido y siento como todo mi ser se estremece al oír de nuevo el fabuloso sonido de la risa de Ren Keitani.

—Eres tú la que ha irrumpido en mi local —afirma con tranquilidad, yo le miro con el ceño fruncido y muevo las caderas en respuesta a sus movimientos de baile.

—¿Tu... local? —pregunto con sorpresa, él asiente tomándome de la mano para realizar un medio giro y volver a atraparme entre sus brazos—. Creía que este local era propiedad de varios socios —comento sin entender, Ren gira conmigo y vuelve a inclinar su cuerpo sobre el mío siguiendo el compás de la música.

El pecado de amar a tu enemigoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora