#16 Visitas inesperadas

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Abro los ojos y la tierna imagen de mis padres observándome con sus manos entrelazadas enfrente mío, me roba una sonrisa. Estoy en una habitación de hospital, los párpados me pesan y apenas puedo devolverles la sonrisa que me dedican antes de volver a caer inconsciente.

Ignoro el tiempo que vuelvo a pasar en brazos de Morfeo; esta vez, cuando abro los ojos es a Takura a quién veo frente a mí, mis padres se encuentran a su lado y los veo hablar en voz baja y con calma, se les ve tranquilos por lo que deduzco que estoy fuera de peligro, y tal y como creía, la herida en mi hombro fue limpia.

Mis párpados vuelven a pesarme, pero me resisto a dormirme de nuevo.

—Hola... —consigo articular con voz ronca y débil, al instante todos se voltean para mirarme.

—¡Umi, cariño! —los amorosos brazos de mi madre ya me están rodeando antes de que acabe la frase, yo no puedo evitar reír con felicidad ante su gesto—. ¿Cómo te encuentras, mi niña? —cuestiona tomando mi mano para apretarla con cariño.

—Estoy bien —respondo a su pregunta alternando mi mirada en los tres presentes.

Mi padre me mira y asiente, y Takura me dedica una de sus bonitas sonrisas capaz de iluminar sus ojos. Les devuelvo el gesto y al intentar moverme siento un dolor agudo en el hombro, mi cara debe delatarme, pues a todos se les ensombrece el semblante y me miran con el gesto serio.

—¿Estás bien? —cuestiona Takura con preocupación acercándose a mi posición para tomar mi otra mano, yo asiento intentando de nuevo mover el hombro, pero el dolor persiste.

—Sí, pero no puedo mover el hombro sin sentir un dolor muy fuerte —les explico extrañada—. Durante el tiroteo podía moverlo sin que me doliera tanto...

—Es normal, hija —explica mi padre con su habitual voz pausada—. Tuvieron que operarte de urgencia. —Le miro sin comprender.

—Fue una herida limpia —afirmo confusa, mi padre asiente.

—Sí, la bala entró y salió, Umi. —Es Takura quién me responde ahora—. Pero en la trayectoria dañó una artería —explica con pesar—. Tuviste un shock hipovolémico en la ambulancia llegando al hospital...

—Por suerte alguien llamó a emergencias antes de que acabara el tiroteo y la ambulancia ya estaba allí cuando el conflicto acabó —interrumpe mi madre con un suspiro de alivio—. Tienes un ángel de la guarda velando por ti, cariño —afirma con una sonrisa, la imagen de los hermanos Keitani destella en mi mente y soy incapaz de responder.

—Hemos hablado con todos, y ninguno de tus compañeros del equipo de asalto fue quién llamó a la ambulancia, por lo que deducimos que lo hizo alguno de los caídos que acudieron como apoyo —explica Takura con el semblante sombrío—. El teniente Oisho y el sargento Kimura fueron encontrados sin vida cerca de tu posición, posiblemente te vieron inconsciente y decidieron llamar a emergencias antes de ser abatidos... —finaliza con tristeza.

Tengo que controlarme para no dejar salir una sarcástica carcajada ante esa información. Tal y cómo Ren pretendía, aún no se ha desvelado la realidad de que tanto Oisho como Kimura eran unas ratas traidoras y corruptas. Me muerdo la mejilla para no prorrumpir en insultos contra esos dos malditos, pero recuerdo las palabras del mayor de los Keitani sobre mantener la existencia de policías corruptos en secreto y suspiro.

Takura me mira con preocupación malinterpretando mi gesto y me abraza con ternura, al tenerlo más cerca me percato de que sus ojos están enrojecidos y le conozco demasiado como para no saber que ha estado llorando. Cierro los ojos con dolor, tengo que acabar con lo nuestro, Takura no merece tener a su lado a una mujer que no le ama y que suspira por otro. Me prometo a mí misma hablar con él en cuanto tenga oportunidad.

El pecado de amar a tu enemigoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora