#18 Peligro

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Abro los ojos y me percato de que estoy sola en la habitación del hospital, veo que el televisor está encendido. Emite el canal de noticias y me sorprendo al ver la hora que aparece en el margen derecho de la imagen: pasan veinte minutos de las doce del mediodía. La presentadora de las noticias habla sobre las próximas elecciones mientras yo, me pierdo en los recuerdos de lo sucedido con Ren la noche anterior. Cierro los ojos con placer al recordar sus caricias, sus dulces palabras de amor... los jadeos, mis gemidos, su cuerpo contra el mío... Mierda, todo mi ser reacciona con intensidad y soy incapaz de evitar dejar salir una sonrisa de felicidad.

Un calor arrollador recorre cada milímetro de mi piel mientras la presentadora de las noticias muestra una gráfica con los resultados de las encuestas para las próximas elecciones a la alcaldía de Tokyo. El nuevo candidato Ryo Yoshida (de quién apenas conocemos su nombre), ha perdido la ventaja con la que gozaba sobre el alcalde actual. El éxito de la redada efectuada por el equipo de Takura le ha dado varios puntos más y parece que el actual dirigente ha ganado cierta credibilidad e intención de voto.

A pesar de que ambos candidatos han dejado claro su intención de acabar con Ren y su organización criminal, no puedo evitar sentir cierto enfado ante la realidad de que el alcalde ha logrado esa ventaja debido a que Ren permitió intencionadamente que Takura lograra éxito en su redada contra Kendo.

La preocupación me invade ante la posibilidad de que el mayor de los Keitani pueda estar en dificultades o haya perdido credibilidad en su organización por permitir que Takura incautara esa cantidad de armas y de droga.

El teléfono de la habitación del hospital suena sacándome de mis pensamientos y mi corazón se acelera ante la posibilidad de que sea Ren quién llama. Me volteo con cuidado para descolgar el auricular y respondo con rapidez:

—Agente Umi Maeda al teléfono, ¿quién llama?

Una inconfundible y divertida risa se oye al otro lado de la linea y soy incapaz de borrar de nuevo la estúpida sonrisa que asoma en mis labios al reconocerle.

—Que formal y jodidamente sexy se la oye, agente Umi Maeda —bromea Ren, yo niego divertida, aunque sé que no puede verme—. ¿Cómo te encuentras? ¿Dormiste bien? —pregunta ya en tono más serio, yo asiento.

—He dormido hasta hace apenas diez minutos —respondo sincera, él deja salir un suave suspiro.

—Me alegra saberlo —confiesa—, anoche estabas agotada... —comenta—... No sabes lo difícil que fue para mí dejarte tan sola y vulnerable en esa jodida habitación...

—No te preocupes —le interrumpo con rapidez al detectar cierto tono de preocupación en su voz—, fue maravilloso y me emocionó muchísimo que te arriesgaras para venir a verme —confieso—, gracias a eso pudimos aclarar las cosas y arreglarlo —finalizo feliz.

—No te confíes, aún sigo cabreado contigo —responde riendo, yo río con él.

—Lo sé, pero por el momento te puede más la preocupación que el cabreo, ¿verdad? —pregunto divertida repitiendo las palabras que dijo anoche.

—Exacto —responde Ren con esa voz tan potente y jodidamente sexy que lo caracteriza—, pero sólo por el momento...

—Tendré que aprovecharme de la situación entonces —apunto, Ren rompe a reír y yo lo hago con él.

Ambos reímos por unos segundos, hasta que Ren vuelve a hablar a través del aparato.

—Deduzco que estás sola en la habitación...

—Ajam... —respondo— Aunque si necesitaras decirme algo con más intimidad existe una cosa llamado teléfono móvil que puede resultar más adecuado en determinadas circunstancias... —insinuó bromeando, Ren ríe.

El pecado de amar a tu enemigoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora