#10 Retirada

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Salgo del baño y avanzo por el pasillo en dirección a la sala de actos del Ayuntamiento

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Salgo del baño y avanzo por el pasillo en dirección a la sala de actos del Ayuntamiento. He tardado más de diez minutos en conseguir controlar el temblor en mis manos tras mi encuentro con Ren.

Exteriormente, creo que ya no se aprecia mi inquietud, pero sé que tardaré varios días en controlar las emociones y la ansiedad que las palabras del Boss de la mafia de Tokyo han causado en mí.

"Ibas a ser mi reina", las últimas palabras pronunciadas por el mayor de los Keitani resuenan en mi mente con ecos de dolor sordo. Sé que no debería afectarme, al igual que tampoco su afirmación de darme una explicación. Ren Keitani es un maestro de la mentira, un hábil farsante sin escrúpulos y a pesar de la angustia que siento, sé que mi determinación y mi decisión han sido las correctas.

Mis pasos resuenan por el pasillo y me parece oír unas voces amortiguadas en la distancia, continúo avanzando y distingo en la sombra dos figuras situadas en una esquina de la intersección del pasillo por el que camino.

Por los gestos de las figuras parece que están discutiendo, el sonido de mis tacones debe alertarles ya que veo como las sombras de las siluetas se separan con rapidez; una de ellas se voltea y desaparece por el pasillo opuesto al mío, a pesar de su rápida marcha he podido discernir levemente sus rasgos y aunque no he podido reconocerle, su rostro me resulta vagamente familiar.

Mis ojos se abren con sorpresa cuando la segunda figura sale de las sombras y aparece Takura dedicándome una bonita sonrisa.

—Umi, querida —me dice posando con suavidad su mano en mi hombro—. Justo ahora iba a buscarte —aclara mirándome con interés—, me tenías preocupado —confiesa—. ¿Te encuentras bien? —Yo asiento aún con el ceño fruncido

—Sí —respondo finalmente—, ¿Con quién estabas hablando? —pregunto con interés, la sutilidad nunca ha sido mi punto fuerte.

Él inicialmente parece sorprendido por mi pregunta, pero luego deja salir una leve sonrisa y responde:

—Es uno de los agentes encubiertos que trabajan para mí —aclara tomándome con suavidad del codo para guiarme a la sala de actos—. No le conoces —afirma con seguridad.

—Lo cierto es que me resulta familiar... —comento tras su afirmación, él se encoge de hombros.

—Debes confundirte con otra persona —confirma con tranquilidad—, justo se incorporó hace un par de días a mi equipo, estaba en la comisaría de Hokkaido —explica.

Yo asiento en conformidad y freno mi avance.

—Umi —Takura me observa con preocupación—, ¿Te encuentras bien? —cuestiona de nuevo posando su mano en mi mejilla—, te ves... alterada —Yo niego con incomodidad.

—No me siento bien —confirmo—. Creo que voy a enfermarme, la cabeza me va a estallar —miento, Takura asiente y me mira con preocupación.

—¿Es por la proposición de matrimonio? —pregunta inquieto, yo niego, pero mi mirada debe darle a entender que no fue de mi agrado—. Lo siento —continua—. Sé que no te agradan demasiado esas declaraciones en público, pero te amo tanto y tengo tantas ganas de compartir mi vida contigo que quiero que el mundo entero lo sepa, Umi. —Takura se acerca a mí y me abraza—. Lamento haberte hecho sentir incómoda.

El pecado de amar a tu enemigoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora